Un pastor que dio su vida

Por Obispo Joseph R. Kopacz, D.D.
El Buen Pastor, el Señor Jesús, planto la semilla de una vocación al sacerdocio en Stanley Rother, a un niño de granja en Oklahoma, que una vez que echó raíces y puso su mano en el arado, no hubo vuelta atrás.
En 1968, ya sacerdote durante cinco años en la Arquidiócesis de Oklahoma, el Señor dirigió su vida al territorio de la misión en Santiago, Guatemala, donde sirvió hasta su martirio en 1981. Con el corazón de su Señor, el Buen Pastor, se sumergió en el mundo del pueblo indígena maya que se le había sido confiado. Aplicó su experiencia en la agricultura para mejorar la producción de cultivos y para desarrollar cooperativas de tierras con centros de formación agrícola. Tradujo el Nuevo Testamento a su lengua materna, lanzó una emisora de radio que transmitía el Evangelio y las enseñanzas de la iglesia en la región y preparó a los catequistas para las comunidades indígenas más dispersas. Cultivó la esperanza.

Obispo Joseph R. Kopacz

Pero a finales de los años 70, la guerra civil en Guatemala hacia estragos y los escuadrones de la muerte del gobierno tenían al padre Rother en la mira, viendo sus logros como amenazas a su poder y control.
Esta película es una representación excepcional de un mártir estadounidense cuyo corazón estuvo con su pueblo en vida y está consagrado con ellos en la muerte. No huyó y, al dar su vida por las ovejas, se unió a la compañía de mártires reunidos alrededor del Cordero de Dios. La sangre de los mártires, en efecto, riega la tierra, haciéndola fértil para la difusión del Evangelio y del reino de Dios.
Lo anterior es mi reseña del documental “American Martyr: The Stanley Rother Story”. Es irónico que yo, que rara vez asisto al cine o veo películas en casa, en los últimos años me hayan invitado en ocasiones a reseñar producciones como “Cabrini”, “La historia del padre Flanagan”, “La voz de la esperanza: La historia de Possum Trot” y otras. Ha sido un placer hacerlo y, en el proceso, he aprendido mucho de estos excepcionales servidores de Dios en nuestra tradición católica.
Hace más de 20 años, tuve el privilegio de hacer una peregrinación a El Salvador y Guatemala a los santuarios de los mártires defendidos por los Padres Maryknoll. Incontables mujeres y hombres fueron martirizados durante estas guerras por poder y, entre ellos, los siguientes son venerados como mártires.
El arzobispo de San Salvador, Óscar Romero, fue asesinado el 24 de marzo de 1980 mientras celebraba misa tras pedir repetidamente al gobierno militar que detuviera los abusos y asesinatos de los derechos humanos. Las hermanas Maryknoll Ita Ford y Maura Clarke, la hermana ursulina Dorothy Kazel y la misionera laica Jean Donovan fueron secuestradas, violadas y asesinadas por miembros de la Guardia Nacional salvadoreña poco después de la muerte del arzobispo Romero por su labor en apoyo a refugiados desplazados. En 1989, seis sacerdotes jesuitas acusados entre ellos Ignacio Ellacuría, junto con su ama de llaves Julia Elba Ramos y su hija adolescente Celina Ramos ellos fueron asesinados por un batallón militar de élite en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañasin en San Salvador. Fueron atacados por abogar por un fin negociado de la guerra civil.
Durante la cima de la Guerra Civil Guatemalteca, primordialmente entre 1978 y 1983, el régimen militar apuntó sistemáticamente a los catequistas católicos locales, a los organizadores comunitarios indígenas y líderes cooperativos que el Estado consideraba amenazas políticas. Se estima que 200.000 personas, en su mayoría mayas indígenas, murieron o desaparecieron durante el conflicto. Entre ellos estaba el Beato Stanley Rother, que servía a la población maya tz’utujil en Santiago Atitlán. Fue asesinado a tiros en su rectorado tras ser falsamente etiquetado de subversivo por las fuerzas militares. Fue beatificado en Oklahoma City en 2017, una misa a la que tuve el privilegio de asistir.
Por último, casi una década después del fin formal de la guerra civil, el obispo auxiliar de la Ciudad de Guatemala, Juan José Girardi, fue asesinado a golpes en su garaje el 26 de abril de 1998. ¿Por qué? Durante diez años dirigió una comisión de verdad y reconciliación que fue la primera oportunidad para que los supervivientes y familias de víctimas de violaciones de los derechos humanos compartieran sus experiencias y denunciaran lo ocurrido durante el conflicto. Durante años soportó críticas, estigmatización y amenazas por su compromiso con la paz, los derechos humanos y los más pobres de la sociedad. Su trabajo dio lugar al amplio informe “Guatemala: Nunca más”, presentado el 24 de abril de 1998. Dos días después, el obispo Girardi fue martirizado.
Recientemente, el obispo Robert Barron publicó un libro titulado “¿Qué exigen sus muertes? Persecución cristiana hoy” – un estudio que autentifica que la sangre del Cordero de Dios se derrama a través del testimonio de los mártires en todas las generaciones alrededor del mundo. Esta realidad se enfrenta a nuestro compromiso como cristianos y debería empujar nuestro valor para servir al Señor sin reservas.
“American Martyr: The Stanley Rother Story” se proyectará del 25 al 27 de agosto en Malco Grandview Cinema en Madison y Malco Desoto Cinema en Southaven. La película nos inspirará a caminar fielmente con el Señor en un mundo que clama por la integridad del Evangelio.