Quinto Aniversario

Obispo Joseph R. Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
El 6 de febrero, a principios de esta semana, recapitulé silenciosamente el quinto aniversario de mi ordenación e instalación como el onceavo Obispo de la Diócesis de Jackson.
Como sabemos, algunos días no tienen fin, pero una década puede pasar en un abrir y cerrar de ojos, (1Cor 15). Para mí, los últimos cinco años son oficialmente historia, por haberse movido a la velocidad de una lanzadera de telar, (Job 7,6). Muchos eventos y memorias se destacan vívidamente; algunos deben recuperarse revisando el calendario de un i-Phone; otros resurgen cuando vuelvo a visitar escuelas y parroquias, y otros cuando alguien, en una conversación, me recuerda un evento o encuentro.
Digo todo esto para indicar que el Señor me ha bendecido abundantemente a través del ministerio episcopal que tan generosamente me fue otorgado hace cinco años.
Incluso, los problemas actuales no suprimen la belleza, la verdad y la bondad que han surgido de nuestra renovadas Misión y Visión. Cada día tenemos la oportunidad de proclamar el Evangelio por la forma en que vivimos nuestras vidas para que todos puedan experimentar al Señor crucificado y resucitado.
El atractivo diseño de nuestra Visión diocesana me recuerda, dondequiera que esté en la diócesis, acerca de nuestras prioridades de inspirar a los discípulos, servir a los demás y abrazar la diversidad, así como se mostró en nuestra recién Conferencia Diocesana para Jóvenes. La Visión se ha adoptado y aplicado de manera creativa en toda la diócesis a través de la aplicación de nuestras prioridades pastorales, especialmente para invitar y reconciliar a las comunidades y para enseñar nuestra fe católica, de muchas y variadas formas, al ser buenos escribas en el Reino de los Cielos.
Recordamos las palabras de Jesús en el Evangelio de Mateo: “Cuando un maestro de la ley se instruye acerca del reino de los cielos, se parece al dueño de una casa, que de lo que tiene guardado sabe sacar cosas nuevas y cosas viejas”. (Mt 13,52) Podemos pensar en todos los canales de comunicación y evangelización al alcance de la mano, lo que es nuevo, así como las ya probadas formas de testificar, encontrar y acompañar.
Nuestra primera prioridad pastoral de invitar y reconciliar a las comunidades reconoce el llamado fundamental del Señor a arrepentirse y reconstruir la vida y la Iglesia acorde a las demandas del Evangelio. Esta llamada es siempre antigua y siempre nueva, y debe aplicarse vigorosamente al sufrimiento por la crisis de abuso sexual y al definido trastorno financiero en nuestra diócesis.
Crucificados con el Señor podemos resucitar con Él a una nueva vida.
El 6 de febrero, mi aniversario (que por cierto también es el cumpleaños de mi padre), tomé el largo vuelo a la India para mi primera visita pastoral a la tierra que nos está bendiciendo con sacerdotes dedicados y discípulos misioneros.
Ir cada año a Saltillo, México a nuestra misión de 50 años puede ser un reto, pero el subcontinente de la India será para mí navegar aguas desconocidas. Voy con mi guía de confianza, el Padre Albeen Vatti, pastor de San Francisco en Madison, de la Diócesis de Warangal, donde pasaremos un tiempo con el Obispo Bala, visitando entornos pastorales, así como con algunas familias de los sacerdotes que están sirviendo actualmente en la Diócesis de Jackson.
Desde allí, viajaremos a otros estados de la India para cumplir con visitas pastorales y a lo largo del camino, ver innumerables puntos de interés. La cultura y el modo de vida de esta nación densamente poblada me ofrecerán una experiencia cercana y personal en cada curva del camino. Espero con interés esta oportunidad para visitar la tierra donde el Apóstol Santo Tomás plantó las semillas del Evangelio.
Al hacer una breve pausa para reflexionar sobre este hito de 5 años en mi vida, aunque habrán 18 horas de vuelo a la India para hacer una reflexión considerable, estoy profundamente agradecido a tantos colegas de trabajo en la viña del Señor que sirven en toda la Diócesis, incluyendo ordenados, religiosos y religiosas y laicos, hombres y mujeres, que han respondido como discípulos a las demandas del Evangelio.
Por ejemplo, más de 500 personas asistieron al Día de Desarrollo Diocesano para Profesionales el pasado lunes, dirigido por Monica Applewhite, una líder en el campo de la prevención del abuso.
La cantidad suena como un número bíblico de discípulos a quienes el Señor ha parecido reunir en un solo lugar. (1Cor 15,6). Este evento es simplemente una muestra de los innumerables compañeros de trabajo que en nuestra diócesis están ocupados con los diseños del Señor y la mera mención de todos ellos superaría con creces el espacio disponible en esta edición del periódico Mississippi Catholic.
La belleza de la oración es que se extiende desde un extremo de la tierra hasta el otro y perfora los cielos.
Durante las dos semanas que estaré en la India recordaré, cada día en el altar, a todos ustedes y especialmente a las necesidades de nuestra Diócesis.
Sé que su oración también se extenderá a lo largo de kilómetros pidiendo las bendiciones del Señor en esta extraordinaria visita pastoral mientras los represento ante el pueblo de la India.

Reflecting on five years as bishop

Bishop Joseph R. Kopacz

By Bishop Joseph Kopacz
On February 6, I quietly marked the fifth anniversary of my ordination and installation as the 11th bishop of the Diocese of Jackson. As we know some days never end, but a decade can pass in the twinkling of an eye. (1Cor 15) For me the past five years are officially history, having moved at the speed of a weaver’s shuttle, (Job 7,6).
Many events and memories stand out vividly; some have to be recalled by scrolling through my i-Phone calendar; others surface when I revisit schools and parishes and, still others when someone recalls an event or encounter in conversation.
All of it is to say that the Lord has blessed me abundantly through the episcopal ministry he so graciously bestowed upon me five years ago.
Even the current troubles do not suppress the beauty, truth and goodness that have flowed from our Mission and renewed Vision. Each day we have the opportunity to proclaim the Gospel by the way we live our lives so that all can experience the crucified and risen Lord.
The engaging design of our diocesan Vision reminds me wherever I am in the diocese about our priorities of inspiring disciples, serving others and embracing diversity, as was on display at our just completed diocesan youth conference. (See page 7 for photos)
The Vision has been embraced and applied in creative ways throughout the diocese through the application of our Pastoral Priorities, especially to be inviting and reconciling communities and to teach our Catholic faith by being good scribes in the Kingdom of Heaven in many and varied ways. We recall the words of Jesus in Matthew’s Gospel: “Therefore every scribe who has been trained for the kingdom of heaven is like a householder who brings out of his treasure what is new and what is old,, (13,52).
We can think of all of the channels for communication and evangelization at our fingertips, that which is new, as well as the proven time tested ways of witnessing, encountering and accompanying.
Our first Pastoral Priority to be inviting and reconciling communities recognizes the fundamental call of the Lord to repent and rebuild one’s life and Church on the demands of the Gospel. This call is ever ancient and ever new, and must be vigorously applied to the suffering of the sexual abuse crisis, and the targeted financial upheaval in our diocese.
Crucified with the Lord we can rise with him to new life.
On February 6, my anniversary (which by the way also happens to be my father’s birthday), I am set to take the long flight to India for my first pastoral visit to the land that is blessing us with dedicated priests and missionary disciples. Going to Saltillo, Mexico, each year to our mission of 50 years can be a stretch, but the Indian subcontinent will be unchartered waters for me.
I will be going with my trusty guide, Father Albeen Vatti, pastor of Saint Francis in Madison, of the Diocese of Warangal where we will spend time with Bishop Bala, visiting many pastoral settings as well as some of the families of the priests who are serving currently in the Diocese of Jackson. From there we will travel to other Indian States for pastoral visits, as well as for seeing countless points of interests along the way. The culture and way of life of this densely-populated nation will make for an up close and personal experience at every bend in the road. I am looking forward to this opportunity to visit the land where Saint Thomas the Apostle planted the seeds of the Gospel.
As I briefly pause to reflect upon this five year milestone in my life, although there will be 18 hours of flying time to India to do considerable reflection, I am deeply grateful to so many coworkers in the vineyard of the Lord who serve throughout the diocese. These are the ordained, religious and lay women and men who have responded as disciples to the demands of the Gospel.
For example, more than 500 were on hand for the Diocesan Professional Development Day this past Monday led by Monica Applewhite, a leading practitioner in the field of abuse prevention. It sounds like a biblical number of disciples to whom the Lord has appeared gathered in one place, (1Cor 15,6).
This event is merely a sampling of the countless coworkers in our diocese busy about the Lord’s designs that the mere mentioning of them would far exceed the available space in this edition of the Mississippi Catholic.
The beauty of prayer is that it reaches from one end of the earth to the other and pierces the heavens. During the two weeks that I will be in India I will remember all y’all and the needs of our diocese especially at the altar each day.
I know that your prayer will also reach across the miles asking the Lord’s blessings on this extraordinary pastoral visit as I represent you to the people of India.

Open Wide Our Hearts – El perdurable llamado al amor: una carta pastoral contra el racismo

Obispo Joseph R. Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
Durante la Conferencia de Obispos de noviembre pasado, un momento culminante fue presentar la Causa de Canonización de la Hna. Thea. Después fué la abrumadora aprobación de la nueva Carta Pastoral contra el Racismo “Open Wide Our Hearts—The Enduring Call to Love”(Abiertos de par en par nuestros corazones – La continua llamada del amor”, por su traducción al español), debido al racismo en nuestra nación contra los nativos americanos y los afroamericanos en particular, pero también el prejuicio, profundamente arraigado, contra muchas poblaciones inmigrantes desde los primeros días de nuestra nación, cada generación de estadounidenses es desafiada a trabajar por la libertad y la justicia para todos.
Una forma preeminente de superar el legado de la división racial y el racismo que la sustenta es a través de la educación. Al celebrar a las Escuelas Católicas, reconocemos con orgullo que la Diócesis Católica de Jackson, a través de nuestras escuelas, ha sacado a muchos de la desesperanza de la pobreza y el analfabetismo.
Las Hijas de la Caridad, por invitación del obispo John Joseph Chanche, primer obispo de la entonces diócesis de Natchez, llegaron en 1847 como discípulas misioneras para comenzar el legado de la educación de la Escuela Católica en Mississippi. El gran mandamiento de Jesucristo de “ir y enseñar a todas las naciones, hacer discípulos y bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” fue la vitalidad amorosa de su misión. Entre sus alumnos se encontraban los hijos de esclavos.
Los tres pilares de nuestra visión diocesana para abarcar la diversidad, servir a los demás, inspirar a los discípulos han sido piedras vivas en nuestras comunidades de las Escuelas Católicas durante los últimos 172 años, evidentes en las muchas ramas de la población europea y afroamericana. Recuerdese que la Hna. Thea se dió cuenta de su potencial dado por Dios a través de la dedicación de las Hermanas Franciscanas de la Adoración Perpetua.
Este Sierva de Dios continúa inspirando, a través de su Causa de Canonización, dispersa a lo largo y ancho de su santidad apasionada y su hambre y sed de justicia e inclusión para su gente y para todas las poblaciones marginadas. El orgulloso legado de la educación de la Escuela Católica continúa hoy, y actualmente se está realizando un esfuerzo considerable para reclutar a estudiantes dentro de nuestros católicos hispanos.
Mientras la Iglesia en los Estados Unidos estudia y pone en acción “Open Wide Our Hearts — The Enduring Call to Love”, lo hacemos a la luz de las tragedias y los triunfos en Mississippi y en todo nuestro país.
El Museo de los Derechos Civiles en Jackson, que tiene poco más de un año, conserva la realidad del odio, la violencia y el racismo durante la Era de los Derechos Civiles. También reconoce y aprecia los sacrificios y el compromiso de personas de todas las razas y orígenes para lograr la promesa de libertad y justicia de todos en nuestro país. Finalmente, se sienta como un baluarte que anuncia a todos que los ciudadanos de Mississippi permanecerán indiferentes en la lucha por la justicia racial para todos los pueblos.
Sin embargo, una vez más, hoy en día, las fallas de la división racial, étnica y seccional y la desconfianza han fracturado el discurso civil y la acción social constructiva. “Open Our Hearts — The Enduring Call to Love” desafía a los católicos, a todos los cristianos y ciudadanos a alejarse intencionalmente del vitriolo que ha levantado su feo rostro, en los principales medios de comunicación, en las redes sociales y en nuestros hogares, para reconocer y trabajar contra los demonios del racismo y el prejuicio.
A través del estudio, la reflexión y el diálogo debemos reconciliar la brutalidad del genocidio cercano que abrumó a nuestras poblaciones de nativos americanos, la inhumanidad de la esclavitud, que consideraba a hombres como propiedad, que diezmó a la población afroamericana y a los prejuicios e injusticias que han afectado a muchos grupos étnicos, en particular a la población latina en nuestros días.
No somos llamados como cristianos a revolcarnos en la vergüenza de nuestra historia pecaminosa, sino a reconciliarla en un nivel mucho más profundo para que podamos avanzar como una nación, más libre y más unida, verdaderamente e pluribus unum. “Por lo tanto, no podemos ver el progreso contra el racismo en las últimas décadas y concluir que nuestra situación actual cumple con el estándar de justicia. De hecho, Dios exige lo que es correcto y justo “. (Pastoral contra el racismo)
“Open Our Hearts” pregunta, “¿cómo podemos superar el mal de rechazar la humanidad de un hermano o hermana, el mismo mal que provocó el pecado de Caín contra su hermano Abel? ¿Cuáles son los pasos necesarios que llevaran a esa conversión? ” Los obispos señalan las palabras perdurables del profeta Miqueas. “El señor ya te ha dicho, oh hombre, en qué consiste lo bueno y qué es lo que El espera de ti: que hagas justicia, que seas fiel y leal y que obedezcas humildemente a tu Dios. (Mi 6,8)
Para los católicos, la conversión genuina requiere que vivamos según el mandamiento más grande que enseñó Jesucristo. “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente y….. ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22, 37-39) “Cuando comenzamos a separar a las personas en nuestros pensamientos por razones injustas, cuando comenzamos a ver a algunas personas como “ellas” y otras como “nosotros” que no amamos. El mandato de amar requiere que hagamos espacio para otros en nuestros corazones “. (Pastoral contra Racismo)
Con pasión y elocuencia, los obispos invocan nuestro compromiso con la Vida para combatir el racismo. “La injusticia y el daño que el racismo causa son un ataque a la vida humana. La Iglesia en los Estados Unidos ha hablado sistemáticamente y con fuerza en contra del aborto, el suicidio asistido, la eutanasia, la pena de muerte y otras formas de violencia que amenazan la vida humana. No es un secreto que estos ataques a la vida humana han afectado gravemente a las minorias, que se ven afectadas de manera desproporcionada por la pobreza, que han sido blanco del aborto, tienen menos acceso a la atención médica, tienen el mayor número de personas en el corredor de la muerte y tienen más probabilidades de sentir presión para acabar con sus vidas ante una grave enfermedad.
Como obispos, afirmamos inequívocamente que el racismo es un problema de vida”. Finalmente, como pueblo de esperanza en Jesucristo, demos gracias a todos los que trabajan para crear comunidades de vida, justicia y paz, a través de la educación, el servicio, el empoderamiento y la defensa en muchos frentes, porque sus esfuerzos dan frutos que durarán. Hermanos y hermanas, “Manténganse alerta; permanezcan firmes en la fe; sean valientes y fuertes. Hagan todo con amor.” (1Cor 16, 13-14)

Open Wide Our Hearts –The Enduring Call to Love: pastoral letter against racism

Bishop Joseph R. Kopacz

By Bishop Joseph Kopacz
During the Bishops’ Conference this past November it was a crowning moment to introduce Sister Thea’s Cause for Canonization following the overwhelming approval of the new Pastoral Letter against Racism: “Open Wide Our Hearts—The Enduring Call to Love.” Because of the legacy of racism in our nation against the Native American and the African American especially, but also the deep -rooted prejudice against many immigrant populations since our nation’s earliest days, each generation of Americans is challenged to labor toward liberty and justice for all.
One preeminent way to overcome the legacy of the racial divide and the lurking racism sustaining it, is through education. In celebrating Catholic Schools we proudly recognize that the Catholic Diocese of Jackson – through our schools – has lifted many out of the hopelessness of poverty and illiteracy. The Daughters of Charity, at the invitation of Bishop John Joseph Chanche, the first bishop of the then Diocese of Natchez, came in 1847 as missionary disciples to begin the legacy of Catholic School education in Mississippi. The great command of Jesus Christ to “go and teach all nations, making disciples and baptizing them in the name of the Father, Son, and Holy Spirit was the loving vitality of their mission.
Among their students were the children of slaves. The three pillars of our diocesan vision to embrace diversity — serve others — inspire disciples have been living stones in our Catholic School communities for these past 172 years evident in the many branches of the European and African-American populations. Remember that Sister Thea realized her God-given potential through the dedication of the Franciscan Sisters of Perpetual Adoration. This Servant of God continues to inspire through her Cause for Canonization that disperses far and wide her passionate holiness and her hunger and thirst for justice and inclusion for her people and all marginalized populations. The proud legacy of Catholic School education continues today, and considerable effort currently is being applied for the recruitment of our Hispanic Catholic students.
As the Church in the United States studies and puts into action “Open Wide Our Hearts — The Enduring Call to Love,” we do so in light of the tragedies and triumphs in Mississippi and throughout our country. The Civil Rights Museum in Jackson, just over one year young, preserves the reality of hatred, violence and racism during the Civil Rights Era. It also recognizes and cherishes the sacrifices and commitment of people of all races and backgrounds to achieve our nation’s promise of liberty and justice for all. Finally, it sits like a bulwark that announces to all that the citizens of Mississippi will remain unmoved in the fight for racial justice for all peoples.
However, once again today the fault lines of racial, ethnic and sectional division and distrust have fractured civil discourse and constructive social action. “Open Our Hearts — The Enduring Call to Love” challenges Catholics, all Christians and citizens to intentionally step aside from the vitriol that has reared its ugly head in the mainstream media, on social media, and in our homes in order to recognize and work against the demons of racism and prejudice. Through study, reflection and dialogue we must reconcile the brutality of near genocide that overwhelmed our Native American populations, the inhumanity of chattel slavery that decimated the African American population and the prejudices and injustices that have afflicted many ethnic groups, in particular the Latino population in our day.
We are not called as Christians to wallow in the shame of our sinful history, but rather to reconcile it at a much deeper level so that we can move forward as a nation, freer and more united, truly ‘e pluribus unum.’
“We cannot, therefore, look upon the progress against racism in recent decades and conclude that our current situation meets the standard of justice. In fact, God demands what is right and just.” (Pastoral against racism)
“Open Our Hearts” asks the question, “how do we overcome the evil of rejecting a brother or sister’s humanity, the same evil that provoked Cain’s sin against his brother Abel? What are the necessary steps that would lead to this conversion?” The bishops point to the enduring words of the prophet Micah. “You have been told, O mortal, what is good, and what the Lord requires of you: Only to do justice and to love goodness, and to walk humbly with your God (Mi 6,8).”
For Catholics genuine conversion requires that we live by the greatest commandment as taught by Jesus Christ. “Love the Lord your God with your whole heart, mind, soul and strength, and your neighbor as yourself. (Mt 22, 37-39).” “When we begin to separate people in our thoughts for unjust reasons, when we start to see some people as “them” and others as “us” we fail to love. The command to love requires us to make room for others in our hearts (Pastoral against Racism).”
With passion and eloquence the bishops invoke our commitment to Life in combating racism. “The injustice and harm racism causes are an attack on human life. The Church in the United States has spoken out consistently and forcefully against abortion, assisted suicide, euthanasia, the death penalty and other forms of violence that threaten human life. It is not a secret that these attacks on human life have severely affected people of color, who are disproportionately affected by poverty, targeted for abortion, have less access to healthcare, have the greatest number on death row and are most likely to feel pressure to end their lives when facing serious illness. As bishops, we unequivocally state that racism is a life issue.”
Finally, as a people of hope in Jesus Christ, let us give thanks to all who labor to create communities of life, justice and peace, through education, service, empowerment and advocacy on many fronts, because their efforts bear fruit that will last. “Brothers and sisters, be on your guard, stand firm in faith, be courageous, be strong. Your every act should be done with love. (1Cor 16, 13-14)

¿Qué deberíamos hacer ahora? Enero ofrece oportunidades de renovación.

Obispo Joseph R. Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
El pasado fin de semana, la Iglesia Católica de todo el mundo, celebró la culminación de la temporada navideña con el Bautismo del Señor Jesús, la manifestación del hijo amado de Dios en las aguas del río Jordán a Israel inicialmente y, en breve, a todas las naciones.
Hace casi un año viajé a las Tierras Santas con los Caballeros y Damas de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro; la renovación de los votos de bautismo en el Jordán es fundamental en la peregrinación a los lugares santos.
Cristianos de todos los rincones de la tierra y de todas las ramas del cristianismo llegan a la curva del río Jordán, donde la tradición sostiene que el Señor Jesús comenzó su ministerio público bajo la mirada de Dios Padre y la gracia del Espíritu Santo. Recuérdese que Juan el Bautista predicó en el desierto y la gente dejó sus hogares y comodidad para recibir de él un Bautismo de Arrepentimiento. Esta región de la Tierra Santa era un terreno árido hace 2000 años y sigue siéndolo hoy. Después de salir del agua, el Espíritu de Dios llevó a Jesús a lo más profundo de este desierto durante 40 días y noches para ayunar, orar y ser tentado. Cuando terminó, abrazó su misión de salvación culminando con su muerte y resurrección.
Tomando prestada la metáfora de la fiesta de la Epifanía del fin de semana pasado, la misma estrella de fe, que guio a los Magos, es la que atrae a peregrinos al amado Hijo de Dios para entregar la vida ante él, en el río Jordán. El Catecismo de la Iglesia Católica (CCC 628) ofrece esta enseñanza sobre el bautismo bajo el subtítulo “Enterrado con Cristo …” El bautismo, cuyo signo original y completo es la inmersión, significa eficazmente el descenso a la tumba, por parte del cristiano que muere al pecado con Cristo, para vivir una nueva vida. “Pues por el bautismo fuimos sepultados con Cristo, y morimos para ser resucitados y vivir una vida nueva, así como Cristo fue resucitado por el glorioso poder del Padre” (Romanos 6,4)
¿Cuál es la novedad de esta vida?
Cuando la gente se acercó a Juan el Bautista en el río Jordán, comprendieron que al igual que el agua que seguramente se evaporaría en el calor del desierto, sus actitudes y comportamientos pecaminosos también deberían desaparecer.
Y ahí, le preguntaron a Juan: “¿Qué debemos hacer, entonces?” Juan les dio directivas que eran específicas para sus estados en la vida: Si tiene excedentes de ropa o comida, sea generoso con los necesitados. A los cobradores de impuestos, les gritó- no engañen a la gente, no exijan más allá de lo que se ha determinado. Él ordenó a los soldados que no intimiden ni extorsionen a los lugareños. (Lucas 3, 10-14)
Del mismo modo, debido a nuestro bautismo en la muerte y resurrección de Jesucristo, es inevitable que hagamos la pregunta regularmente, ¿qué debemos hacer y cómo caminar en la nueva vida? Pero como Jesús, nuestra identidad precede a nuestros hechos.
Somos los hijos amados de Dios, salvados por la sangre del Cordero de Dios y ungidos en el Espíritu Santo. Debido a esta relación, tenemos la tarea de construir el Reino de Dios. En la carta a los Efesios, a nosotros, como en muchos pasajes de las Escrituras, se nos muestra nuestra identidad y se nos dan las órdenes de marcha. “Pues por la bondad de Dios han recibido ustedes la salvación por medio de la fe…, no es resultado de las propias acciones…, pues es Dios quien nos ha hecho; él nos ha creado en Cristo Jesús para que hagamos buenas obras, según él lo había dispuesto de antemano.” (Efesios 2, 8-10).
Entonces, ¿qué vamos a hacer?
En términos relativos, en el mes de enero hay formas convincentes de servir en el nombre del Señor. Las actividades Pro-Vida en nombre de los no nacidos, el peregrinaje anual a Washington, DC, novenas, vigilias e innumerables servicios de oración abundan en toda la nación en cada diócesis. ¿Han hecho, estos esfuerzos y más, una diferencia en los últimos 46 años desde Roe vs. Wade? En el nivel de base donde más importa, hay muchos menos abortos cada año que durante los años pico de décadas atrás. Hay muchos más centros alrededor de las naciones que reconocen la dignidad inalienable de la vida en el útero que los que destruyen la obra de Dios.
Cuando el actor Jim Caviezel vino en el pasado septiembre, una de sus visitas fue a la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales en el Hospital de Saint Dominic, donde asistimos a las unidades de soporte vital de dos gemelos prematuros que nacieron a las 23 semanas. El Sr. Caviezel expresó el asombro de todos los asistentes cuando dijo: “Esto es como mirar el rostro de Dios”. Aunque la Iglesia católica está agobiada por el escándalo en este momento, no renunciará a nuestra voz profética en nombre de los no nacidos.
¿Qué más está pasando en enero?
Ahora estamos al final de la celebración anual de la Semana Nacional de la Migración, y gracias a Dios por las muchas personas que en nuestra diócesis “reciben al extranjero” entre nosotros. La fiesta de la Epifanía celebra el nacimiento del Señor como una luz para las naciones, ya sea que permanezcan en casa o viajen a lo largo y ancho.
¿Qué vamos a hacer?
La conmemoración anual del Dr. Martin Luther King, Jr., un preciado día festivo nacional, nos obliga a no renunciar a nuestros esfuerzos por construir una sociedad de mayor justicia y paz para todas las razas y grupos étnicos en estos Estados Unidos. Hna. Thea Bowman, Sierva de Dios, ruega por nosotros.
¿Qué más vamos a hacer?
Pudiéramos fortalecer nuestro compromiso en nombre de todas las víctimas de abuso sexual en nuestra Iglesia y en nuestra sociedad, restaurando su dignidad como hijos amados de Dios Padre.
Que nuestra pasión en nombre de la vida, la justicia y la paz en todas las áreas se derive de nuestra convicción de que somos hijos amados de Dios, salvados en la sangre del Cordero y ungidos por el Espíritu Santo “para que hagamos buenas obras, según Dios lo ha dispuesto de anteman

What shall we do now? January offers opportunities for renewal

Bishop Joseph R. Kopacz

By Bishop Joseph Kopacz
On this weekend the Catholic Church throughout the world celebrates the culmination of the Christmas season with the Baptism of the Lord Jesus, the manifestation of God’s beloved Son in the waters of the Jordan River to Israel initially, but in short order, to all the nations. Nearly one year ago I traveled with the Knights and Ladies of the Equestrian Order of the Holy Sepulcher to the Holy Lands, and the renewal of one’s Baptism vows at the Jordan is pivotal on pilgrimage to the holy places.
Christians from all corners of the earth, and from every branch of Christianity come to the bend in the Jordan River where tradition maintains that the Lord Jesus began his public ministry under the gaze of God the Father and the grace of the Holy Spirit. Recall that John the Baptist preached in the wilderness and people left their homes and comfort zones to flock to him for the Baptism of Repentance. This region of the Holy Land was barren terrain 2000 years ago and remains such today. After coming up out of the water, the Spirit of God led Jesus deeper into this wasteland for 40 days and nights to fast, pray and be tempted. When it was over, he embraced his mission of salvation culminating with his life-giving death and resurrection.
Borrowing the metaphor from last weekend’s feast of the Epiphany it is the same star of faith that guided the Magi that draws pilgrims to God’s beloved Son in order to lay down one’s life before him, at or in the Jordan River. The Catechism of the Catholic Church (CCC 628) offers this teaching on Baptism under the subtitle “Buried with Christ…” Baptism, the original and full sign of which is immersion, efficaciously signifies the descent into the tomb by the Christian who dies to sin with Christ in order to live a new life.
“We were buried therefore with him by baptism into death, so that as Christ was raised from the dead by the glory of God the Father, we too might walk in newness of life.” (Romans 6,4)
What is this newness of life? When the people came to John the Baptist at the Jordan River, they understood that like the water that was certain to evaporate in the desert heat so too their sinful attitudes and behavior must also vanish. And so, they asked John “What must we do, then?” John gave them directives that were specific to their states in life. If you have surplus clothing or food be generous with those who are in need. Tax collectors, he shouted, do not cheat the people beyond what has been determined. He commanded soldiers not to bully or extort the locals who are in your military sphere (Luke 3, 10-14). Likewise, because of our Baptism into the death and resurrection of Jesus Christ, it is unavoidable for us to ask the question regularly, what are we to do, and to walk in newness of life. But like Jesus, our identity precedes our deeds.
We are God’s beloved children, saved by the blood of the Lamb of God and anointed in the Holy Spirit. Flowing from this relationship we are tasked with building up the Kingdom of God. In the letter to the Ephesians we, as in many passages of the Scripture, are given our identity and marching orders. “Because it is by grace that you have been saved, through faith, not by anything of your own, but by a gift from God. We are God’s work of art, created in Christ Jesus to live to do the good works which God has prepared in advance for us to do.” (Eph. 2, 8-10)
So, what are we to do? Relatively speaking, in the blah month of January there are compelling ways to serve in the Lord’s name. Pro-life activities abound on behalf of the unborn. Novenas, vigils, the annual pilgrimage to Washington, D.C. and countless prayer services throughout the nation in every diocese. Have these efforts and more made a difference in the past 46 years since Roe v. Wade? At the grassroots level where it matters most there are far fewer abortions each year than during the peak years decades ago. There are far more centers around the nations that recognize the inalienable dignity of life in the womb than there are that destroy God’s handiwork.
When the actor, Jim Caviezel, came to town back in September one stop along the way was the Neonatal-Intensive Care Unit at Saint Dominic’s Hospital where we stood at the life support units for two premature twins who were born at 23 weeks. Mr. Caviezel expressed the awe of all in attendance: “This is like looking at the face of God.” Although the Catholic Church is weighed down by scandal at this time, our prophetic voice on behalf of the unborn will not waiver.
What else is happening in January? We are now at the end of the annual observance of National Migration Week, and thanks be to God for the many people in our diocese who “welcome the stranger” in our midst. The feast of the Epiphany celebrates the Lord’s birth as a light to the nations, whether they remain at home or travel far and wide.
What are we to do? The annual commemoration of Dr. Martin Luther King, Jr., a cherished national holiday, compels us to not waiver in our efforts to build a society of greater justice and peace for all races and ethnic groups in these United States. Sister Thea Bowman, Servant of God, pray for us.
What more are we to do? May we strengthen our commitment on behalf of all victims of sexual abuse in our Church and in our society, restoring their dignity as beloved children of God the Father. May our passion on behalf of life, justice and peace in all areas flow from our conviction that we are God’s beloved children, saved in the blood of the Lamb, and anointed by the Holy Spirit “for the good works that God has prepared in advance for us to do.”

El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros

Obispo Joseph R. Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
La Navidad es un regalo que se sigue dando, no solo por un día, sino por una OCTAVA de ocho días y una temporada de 19 días desde el Bautismo del Señor. Así que, por favor, canten sus himnos navideños hasta la Fiesta de la Epifanía el 6 de enero.
Las siguientes citas están tomadas de reflexiones diarias, durante la OCTAVA de Navidad, que reflejan una sabiduría inspirada por años.
El Dia de Navidad, “Cristianos, reconozcan su dignidad”, Papa San León Magno.
“Querido, hoy ha nacido nuestro Salvador; alegrémonos. La tristeza no debe tener lugar en el cumpleaños de la vida. El miedo a la muerte ha desaparecido; La vida nos trae alegría con la promesa de la felicidad eterna … Nadie está excluido de esta alegría; Todos comparten la misma razón para regocijarse. Deja que el santo se regocije al ver la palma de la victoria en la mano. Deja que el pecador se alegre al recibir la oferta de perdón. Deja que el pagano tome coraje cuando sea convocado a la vida “.
“El Armamento del Amor”, San Fulgencio de Ruspe.
“Nuestro rey, a pesar de su majestad exaltada, vino con humildad por nuestro bien; sin embargo, no vino con las manos vacías. Él trajo a sus soldados un gran regalo que no solo los enriqueció, sino que además los hizo invencibles en la batalla, ya que era el regalo del amor que se debía llevar a hombres y mujeres para compartir su divinidad. Él dio su recompensa, sin ninguna pérdida para sí mismo. De una manera maravillosa, convirtió en riqueza la pobreza de sus fieles seguidores, mientras que permanece en posesión de una riqueza inagotable”.
“La vida misma fue revelada en la carne”, San Agustín.
“Te proclamamos lo que hemos visto y oído”. Evangelio de Juan. Asegúrate de comprender el significado de estas palabras. Los discípulos vieron a nuestro Señor en carne, cara a cara; Oyeron las palabras que habló y, a su vez, nos proclamaron el mensaje. Así, también hemos oído, aunque no hemos visto. ¿Somos menos favorecidos que aquellos que tanto vieron y oyeron? Si fuera así, ¿por qué Juan debería agregar? – ¿debe usted tener comunión con nosotros? Ellos vieron, y nosotros no hemos visto; sin embargo, tenemos comunión con ellos, porque nosotros y ellos compartimos la misma fe. ‘Y nuestra comunión es con Dios el Padre y Jesucristo su Hijo. Y escribimos esto para completar su alegría, completa en esa comunión, en ese amor y en esa unidad.’
“No pueden hablar y, sin embargo, dan testimonio de Cristo”. San Quodvultdeus.
Un niño pequeño ha nacido, que es un gran rey. Los sabios son llevados a él desde lejos. Ellos vienen a adorar a uno que se encuentra en un pesebre y, sin embargo, reina en el cielo y en la tierra. Cuando ellos hablan de uno que nace rey, Herodes es perturbado. Para salvar su reino, decide matarlo, aunque si tuviera fe en el niño, él mismo reinaría en paz en esta vida y para siempre en la vida venidera. ¿Por qué tienes miedo, Herodes, cuando escuchas el nacimiento de un rey? Él no viene para expulsarte, sino para conquistar al diablo. Pero como no entiendes esto, estás perturbado y, con rabia, y para destruir a un niño que buscas, demuestras tu crueldad con la muerte de otros tantos niños … Los niños aún no pueden hablar y dan testimonio de Cristo. No pueden usar sus extremidades para participar en la batalla, sin embargo, ya llevan la palma de la victoria.
“En la plenitud de los tiempos apareció la plenitud de la humanidad”, Abad San Bernardo.
¿Cómo pudo haber mostrado su misericordia más claramente que asumiendo nuestra condición? Por nuestra causa, la Palabra de Dios se hizo como hierba. ¿Qué mejor prueba podría haber dado de su amor? La La escritura dice: Señor, ¿qué es la humanidad que tienes en mente de él? ¿Por qué su corazón está con él? La Encarnación nos enseña cuanto Dios nos cuida y qué piensa y siente de nosotros. Debemos dejar de pensar en nuestros propios sufrimientos y recordar lo que él ha sufrido. Pensemos en todo lo que el Señor ha hecho por nosotros, y luego nos daremos cuenta de cómo su bondad aparece a través de su humanidad. Cuanto más que Él se rebajaba por mí, más querido era para mí. Él nos ha dado la más maravillosa prueba de su bondad al agregar a la humanidad a su propia naturaleza divina
¿Cómo pudo haber mostrado su misericordia más claramente que asumiendo nuestra condición? Por nuestra causa, la Palabra de Dios se hizo como hierba. ¿Qué mejor prueba podría haber dado de su amor? La Escritura dice: Señor, ¿qué es la humanidad que tienes en mente de él? ¿Por qué su corazón está con él? La Encarnación enseña cuánto nos cuida Dios y qué piensa y siente de nosotros. Debemos dejar de pensar en nuestros propios sufrimientos y recordar lo que él ha sufrido. Pensemos en todo lo que el Señor ha hecho por nosotros, y luego nos daremos cuenta de cómo su bondad aparece a través de su humanidad. Cuanto más se rebajaba por mí, más querido era para mí. Él nos ha dado la más maravillosa prueba de su bondad al agregar a la humanidad a su propia naturaleza divina.
“La Palabra quitó nuestra naturaleza de María” San Agustín.
El apóstol nos dice: ‘El Verbo tomó para sí a los hijos de Abraham, y por eso tuvo que ser como sus hermanos en todas las cosas’. Jesús tuvo entonces que tomar un cuerpo como el nuestro. Esto explica el hecho de la presencia de María; ella debe proporcionarle un cuerpo propio para ser ofrecido por nuestro bien. La Escritura registra su parto y dice: Ella lo envolvió en pañales. Sus pechos, que le daban de comer, fueron llamados bendecidos. Se ofreció sacrificio porque el niño era su primogénito. Gabriel usó un lenguaje cuidadoso y prudente cuando anunció su nacimiento. Gabriel no habló de lo que nacería en ti para evitar la impresión de que un cuerpo sería introducido en su vientre desde afuera; habló de “lo que nacerá de ti” para que podamos saber por fe que su hijo se originó dentro y desde ella.

The Word became flesh and dwells among us, filled with grace and truth

Bishop Joseph R. Kopacz

By Bishop Joseph Kopacz
Christmas is a gift that keeps on giving, not only for one day, but for an OCTAVE of eight days, and a season of 19 days through the Baptism of the Lord. So please, play your Christmas hymns up through the Feast of the Epiphany on January 6. The following quotes are taken from daily reflections during the OCTAVE of Christmas that reflect the inspired wisdom of the ages.
Christmas Day “Christians, remember your dignity.” – Saint Leo the Great, Pope
Dearly beloved, today our Savior is born; let us rejoice. Sadness should have no place on the birthday of life. The fear of death has been swallowed up; life brings us joy with the promise of eternal happiness…No one is shut out from this joy; all share the same reason for rejoicing. Let the saint rejoice as he sees the palm of victory at hand. Let the sinner be glad as he receives the offer of forgiveness. Let the pagan take courage as he is summoned to life.
The Armament of Love – Saint Fulgentius of Ruspe
Our king, despite his exalted majesty, came in humility for our sake; yet he did not come empty handed. He brought his soldiers a great gift that not only enriched them but also make them unconquerable in battle, for it was the gift of love which was to bring men and women to share in his divinity. He gave of his bounty, yet without any loss to himself. In a marvelous way he changed into wealth the poverty of his faithful followers while remaining in possession of his own inexhaustible riches.
Life Itself Was Revealed in the Flesh – Saint Augustine
“We proclaim to you what we have seen and heard.” Gospel of John Make sure you grasp the meaning of these words. The disciples saw our Lord in the flesh, face to face; they heard the words he spoke, and in turn they proclaimed the message to us. So, we also have heard, although we have not seen. Are we less favored than those who both saw and heard? If that were so, why should John add: so that you may have fellowship with us? They saw, and we have not seen; yet we have fellowship with them, because we and they share the same faith. And our fellowship is with God the Father and Jesus Christ his Son. And we write this to you to make your joy complete — complete in that fellowship, in that love and in that unity.
“They cannot speak and yet they bear witness to Christ.” – Saint Quodvultdeus
A tiny child is born, who is a great king. Wise men are led to him from afar. They come to adore one who lies in a manger and yet reigns in heaven and on earth. When they tell of one who is born a king Herod is disturbed. To save his kingdom he resolves to kill him, though if he would have faith in the child, he himself would reign in peace in this life and forever in the life to come. Why are you afraid, Herod, when you hear of the birth of a king? He does not come to drive you out, but to conquer the devil. But because you do not understand this you are disturbed and, in a rage, and to destroy one child whom you seek, you show your cruelty in the death of so many children…The children cannot speak yet they bear their witness to Christ. They cannot use their limbs to engage in battle, yet already they bear off the palm of victory.
In the fullness of time the fullness of humanity appeared. – Saint Bernard, Abbot
How could he have shown his mercy more clearly than by taking on himself our condition? For our sake the Word of God became as grass. What better proof could he have given of his love? Scripture says: Lord, what is humanity that you are mindful of him; why does your heart go out to him? The Incarnation teaches how much God cares for us and what he thinks and feels about us. We should stop thinking of our own sufferings and remember what he has suffered.
Let us think of all the Lord has done for us, and then we shall realize how his goodness appears through his humanity. The more he lowered himself for me, the dearer he is to me. He has given us a most wonderful proof of his goodness by adding humanity to his own divine nature.
The Word took our Nature from Mary – Saint Augustine
The Apostle tells us: The Word took to himself the sons of Abraham, and so had to be like his brothers in all things. Jesus had then to take a body like ours. This explains the fact of Mary’s presence; she is to provide him with a body of his own to be offered for our sake. Scripture records her giving birth and says: She wrapped him in swaddling clothes. Her breasts, which fed him, were called blessed. Sacrifice was offered because the child was her firstborn. Gabriel used careful and prudent language when he announced his birth. He did not speak of what would be born in you to avoid the impression that a body would be introduced into her womb from outside; he spoke of “what will be born from you” so that we might know by faith that her child originated within and from her.

Adviento ya está aquí y trae fe y justicia

Obispo Joseph R. Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
Los ujieres del Adviento anuncian el comienzo de un nuevo año de la Iglesia y llaman a los discípulos del Señor a preparar su camino para la venida del Reino, uno de justicia y paz y la alegría del Espíritu Santo, (Romanos). La fe en el Único que Dios envió, el camino a la vida, porque fe es “plena seguridad de recibir lo que se espera; es estar convencidos de la realidad de cosas que no vemos”, (Hebreos, 11,1).
La Palabra de Dios en Adviento trata sobre el llamado a la santidad y la vida justa para los individuos, pero también exige la eliminación de estructuras y realidades pecaminosas en medio de nosotros que son obstáculos para el Reino de Dios en la tierra.
Juan el Bautista representa a cada generación de profetas en anticipación al Mesías que tuvo esta visión, porque él es la voz de uno que grita en el desierto: “Preparen el camino del Señor, ábranle un camino recto. Todo valle será rellenado, todo cerro y colina será nivelado, los caminos torcidos serán enderezados, y allanados los caminos disparejos. Todo el mundo verá la salvación que Dios envía”, (Lucas 3,5-6).
En el segundo domingo de Adviento estas palabras de Isaías son abrazadas por Juan el Bautista, al señalar al tan esperado Mesías, el Cordero de Dios, que reunirá a todas las naciones en la paz del Reino de Dios.
Sin embargo, no puede haber una paz duradera sin justicia, y las palabras de los cuatro profetas de Israel presentadas durante el Adviento lo dejan muy claro. En el segundo domingo de Adviento, el profeta Baruc, proclama implacablemente a viva voz: “Jerusalén, quítate la túnica del luto y la miseria; vístete de gala con el esplendor de la gloria de Dios para siempre, envuelto en el manto de la justicia de Dios … Dios está guiando a Israel con alegría por la luz de su gloria, con su misericordia y justicia por compañía. “(Baruch 5,1-2, 8 -9)
Este es mi anhelo y esperanza para la Diócesis de Jackson y especialmente para las comunidades parroquiales de Saint Joseph en Starkville y Corpus Christi en Macon. Que el Señor Jesús expulse las nubes de luto y miseria y nos guíe a la luz de su gloria con misericordia y justicia por compañía. Qué gran regalo será este para todos los que buscamos preparar su camino en nuestras vidas.
El primer domingo de Adviento, la semana pasada, colocamos en los boletines parroquiales de San José y Corpus Christi un llamado que pide por una justicia restaurativa y reconciliación para todos los que sufren en estas comunidades parroquiales. La justicia requiere que a todos los que sinceramente donaron a las causas de salud y / o misión del Padre Lenin Vargas, causas que durante varios años hizo sin la supervisión diocesana, se les debe ofrecer la oportunidad de una restauración financiera y material. Esto está en marcha. Sin embargo, solo la fuerza que viene de Dios puede remediar el profundo sentimiento de luto y desdicha que pesa sobre los corazones, las mentes y las almas de muchos de los fieles, monetariamente afectados o no.
Oramos para que la temporada de Adviento sea un tiempo de reconciliación y renovación. Hemos programado un servicio de Reconciliación en Saint Joseph, para las dos comunidades parroquiales, el miércoles 19 de diciembre para orar que la gracia salvadora de Dios nivele las montañas de luto y llene los valles vacíos que abruman actualmente a nuestros corazones.
La esperanza y la alegría de la Navidad están arraigadas en la convicción de que nada es imposible para nuestro Dios que viene a salvarnos y oro, junto con muchos otros de buena voluntad, que las semillas de la sanación y la nueva vida ya están echando raíces porque el Señor está cerca, en cada rincón de nuestras mentes y corazones y en cada rincón de la Diócesis de Jackson.
Maranatha, ven, Señor Jesús.

Advent: season for justice, renewal

Bishop Joseph R. Kopacz

By Bishop Joseph Kopacz
Advent ushers in the new Church year calling the Lord’s disciples to prepare his way for the coming of the Kingdom, one of justice and peace and the joy of the Holy Spirit. (Romans) Faith in the One God sent is the road to life, because it is “the substance of things hoped for, the evidence of things not seen.” The Word of God in Advent addresses the call to holiness and righteous living for the individual, but also calls for the removal of sinful structures and realities in our midst that are obstacles to God’s Kingdom on earth.
John the Baptist represents every generation of prophets in anticipation of the Messiah who had this vision, for he is the voice of one crying out in the desert: “Prepare the way of the Lord, make straight his paths. Every valley shall be filled and every mountain and hill shall be made low. The winding roads shall be made straight and the rough ways made smooth and all flesh shall see the salvation of God.” (Luke 3,5-6) On the second Sunday in Advent, these words of Isaiah, embraced by John the Baptist, point to the long-awaited Messiah, the Lamb of God who will gather all nations into the peace of God’s Kingdom.
Yet, there can be no lasting peace without justice and the words of the four prophets of Israel featured during Advent make this abundantly clear. On the second Sunday in Advent the prophet Baruch full-throated and unsparingly proclaims: “Jerusalem, take off your robe of mourning and misery; put on the splendor of glory from God forever, wrapped in the cloak of justice from God… God is leading Israel in joy by the light of his glory, with his mercy and justice for company.” (Baruch 5,1-2, 8-9) This is my longing and hope for the Diocese of Jackson and especially for the parish communities of Saint Joseph in Starkville and Corpus Christi in Macon. Let the Lord Jesus banish the clouds of mourning and misery and guide us in the light of his glory with mercy and justice for company. What a great gift this will be for all of us who seek to prepare His way in our lives.
On the First Sunday in Advent last week we placed an insert in the parish bulletins of Saint Joseph and Corpus Christi that calls for restorative justice and reconciliation for all who are suffering in these parish communities. Justice requires that everyone who sincerely gave to Father Lenin Vargas’ causes for health and/or mission, causes, not done with diocesan oversight for a number of years, must be offered the opportunity for financial and material restoration. This is underway.
However, only the strength that comes from God can remedy the profound sense of mourning and misery that weigh down the hearts, minds and souls of many of the faithful, financially deprived or not. We pray that the season of Advent will be a time of reconciliation and renewal and we have scheduled a Reconciliation Service at Saint Joseph’s for the two parish communities on Wednesday, December 19, to pray that God’s saving grace may level mountains of mourning and fill the valleys of emptiness presently overwhelming our hearts.
The hope and joy of Christmas are rooted in the conviction that nothing is impossible for our God who comes to save us and I pray, along with many others of good will, that the seeds of healing and new life are already taking root because the Lord is near, in every corner of our hearts and minds and in every corner of the Diocese of Jackson. Maranatha, Come, Lord Jesus.