Los obispos piden libertad para servir

Obispo Joseph R. Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
Recientemente la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés) designó la semana del 22 al 29 de junio como la Semana de la Libertad Religiosa, la cual ha evolucionado a partir del surgimiento del Fortnight for Freedom (Quince días por la libertad) en 2008, precisamente en una temporada que culmina con la celebración de la fundación de nuestra nación, cada 4 de julio.
Este marco de tiempo guarda gran relevancia con el tema, tanto para nuestra sociedad al aproximarnos a la celebración anual de la libertad, como para nuestra Iglesia, pues da inicio en el día de santo Tomás Moro y san Juan Fisher, mártires por la libertad religiosa y concluye en el día de san Pedro y san Pablo, prototipos de los mártires en pro de la consciencia religiosa y de la integridad de la fe. «Pero ha sido difícil —afirma el presidente de la Comisión para la Libertad Religiosa de la USCCB, arzobispo Joseph Kurtz de Louisville — al nadar contracorriente en esta cultura. Algunas personas piensan que la libertad religiosa es una amenaza, pero la semana dedicada a la libertad religiosa gira en torno al Evangelio y tiene como propósito inspirar la cultura.” La libertad religiosa es la piedra angular de nuestra nación. La primera enmienda a la Constitución inicia con las siguientes palabras: “El Congreso no hará ley alguna respecto al establecimiento de la religión o a la prohibición de su libre ejercicio…”
Hablando en nombre de la Conferencia de Obispos Católicos, el arzobispo ha instado a los estadounidenses a orar y a “actuar apoyando la libertad religiosa dentro de esta nación y en el extranjero.” El arzobispo continuó: “La libertad religiosa permite el espacio a las personas de fe para servir a otros en el amor de Dios en ministerios tales como en la educación, adopción y tutela temporal, en la salud y en los servicios de inmigración y asilo.
Animamos a las personas de fe a reflexionar sobre la importancia de la libertad religiosa la cual hace posible que dispongamos del espacio para llevar a cabo nuestra misión de servicio y misericordia, e invitamos a todos a orar por nuestros hermanos y hermanas que enfrentan intensa persecución en otras partes del mundo.”
El tema en conmemoración de este año: “Sirviendo a otros en el amor de Dios” representa la naturaleza de la Iglesia por casi dos milenios. Comenzando con el Señor Jesús quien vino, no a ser servido sino a servir, es evidente en sí, en la Biblia y en nuestra tradición que la Iglesia es mayormente fiel a su Señor cuando lleva el manto del servicio a lo largo del camino a la salvación.
La Palabra, la alabanza, la comunidad y el servicio son los estándares de toda comunidad cristiana, y su libre ejercicio es la capacidad de correr a toda potencia, dentro de las estructuras de la Iglesia y como ciudadanos activos en la sociedad por el bien común a través de los servicios y ministerios de la Iglesia. El mandato del Señor es ir y hacer discípulos de todas las naciones, enseñándoles todo lo que les he mandado, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Mt 28). Frecuentemente, son nuestros ministerios y servicios los que atraen a las personas a la belleza, la verdad y la luz del Señor crucificado y resucitado, insuflando vida a nuestra evangelización, enseñanza y predicación.
Servir a los otros es central a nuestra visión diocesana y en ocasiones una bendición al echar una mirada larga y amorosa a lo que es real, al panorama de ministerios, trabajos y servicios que se desarrollan en diferentes ámbitos de nuestra diócesis. Esa visión está encarnada en nuestras parroquias y en la educación, en la salud y a través de Caridades Católicas. Es la generosidad de los fieles la que hace posible que esta visión se materialice, y esta abundante y generosa donación ocurre a diario, por medio de eventos destinados a recaudar fondos y a través del Service Appeal (Llamamiento al servicio) que se hace anualmente. En este sentido quiero agradecer a miles de personas a lo largo de toda la diócesis de Jackson quienes generosamente apoyan nuestro Catholic Service Appeal (Llamamiento católico anual al servicio). Este constituye un salvavidas para nuestra misión, visión y para los ministerios de las diversas estructuras diocesanas que representan a nuestra comunidad católica, así como en muchos otros rincones de nuestro estado como signo visible del amor de Cristo por todos. Puede estar seguro de que su apoyo le permite a la diócesis inspirar la cultura mediante el Evangelio, para dar lugar al Reino de Dios, y para servir a los demás en el amor de Dios. Este es el libre ejercicio de nuestra fe católica, en la temporada dedicada a la libertad religiosa o fuera de ella, en nuestras iglesias y en la sociedad. No nos cansemos nunca de ser discípulos y ciudadanos fieles en nombre de la vida, de la justicia y de la paz.
(Translated into Spanish by Mora & Iglesias, LLC, www.moraiglesias.com)

Obispo Joseph Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
A principios de este mes, los Obispos Católicos de los Estados Unidos se reunieron para la reunión anual de primavera en Fort Lauderdale para abordar un rango de realidades pastorales que actualmente afectan a la Iglesia y la sociedad de una manera u otra. Los obispos aprobaron las revisiones de la Carta para la Protección de Niños y Jóvenes, originalmente promulgada en 2002, reafirmando una vez más el compromiso de la Iglesia para proteger a nuestros niños y jóvenes, y para proporcionar sanación y reconciliación a cualquiera que se encuentre en nuestro medio que haya experimentado el flagelo de abuso sexual.
Hubo también una sincera y, a veces acalorada, discusión entre los obispos sobre el Documento de Ciudadanía Fiel que ha sido una herramienta de enseñanza en la formación de la conciencia en nuestra lucha para ser fieles discípulos católicos del Señor Jesús, así como ciudadanos comprometidos con el bien común de nuestras comunidades y nación. ¿Cuáles son los cambios necesarios en el texto para estar al tanto de los ataques actuales contra la dignidad de la persona humana, como la pobreza, el medio ambiente, la inmigración y el racismo? Esto provocó una serie de respuestas apasionadas.
Una expansión en las Directivas de Atención Médica que guían las fusiones actuales y futuras de los Sistemas de Salud Católica recibió la aprobación de los obispos, así como también desarrollos litúrgicos en el Misal Romano. Un documento en proceso durante algunos años, Encontrando a Cristo en Armonía, el cual trata sobre el rápido crecimiento de la población de católicos asiáticos y de las islas del Pacífico en los Estados Unidos, también recibió casi la aprobación unánime. Por último, el Obispo Shelton Fabre de Houma Thibodaux, Lousiana, dio una actualización sobre la carta pastoral sobre el racismo en la que los obispos votarán este año en Baltimore.
Con el telón de fondo de estos dos documentos, la Diócesis de Jackson se está preparando para formalizar la Causa por la Hermana Thea Bowman, FSPA, en noviembre de este año en la reunión anual de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. Nuestro equipo diocesano ha estado trabajado diligentemente para seguir el proceso que nos da un espacio en la agenda de la reunión en noviembre que solicitará la aprobación de los obispos por la Causa de la Hermana Thea para su canonización. Esperamos que reciba el endoso incondicional del cuerpo de obispos y esta es una perspectiva emocionante para la Diócesis de Jackson y para la Iglesia en los Estados Unidos.
La Hermana Thea es reconocida ahora oficialmente como Sierva de Dios, el primer paso en el camino hacia la canonización formal. Su voz profética, su espíritu, su corazón y mente y su herencia son muy necesarios en nuestro mundo contemporáneo, en el hogar y en el extranjero mientras luchamos por superar todo lo que nos divide. Ella era una apasionada de su herencia afroamericana, así como de la creciente diversidad cultural en nuestra sociedad. El fruto podrido del racismo, un grupo étnico o racial contra otro, está desgarrando las costuras de nuestra sociedad.
Sin duda, la Carta Pastoral sobre el Racismo que los obispos promulgarán en noviembre está encarnada en la causa de la Hermana Thea, ya que su vida y su testimonio son suscitados por muchos dentro y fuera de la Iglesia. De un artículo del sacerdote redentorista, el Padre Maurice Nutt, el vicepostulador de su causa, nos adentramos en su asombrosa historia. Conozcan a la Hermana Thea Bowman, nieta de un esclavo en el camino hacia la canonización.
“Nació el 29 de diciembre de 1937 en Yazoo City, Mississippi. Su abuelo nació esclavo y ella fue criada en la fe Metodista. Después de que su familia se mudó a Canton, MS, Bowman fue matriculada en la escuela Holy Child Jesus. Allí se sintió atraída por la fe católica y a la edad de nueve años le preguntó a sus padres si podía convertirse. Cuando cumplió 15 años, Bowman se mudó a La Crosse, Wisconsin, y se unió a las Hermanas Franciscanas de la Adoración Perpetua (FSPA), las religiosas que la inspiraron en la escuela Holy Child Jesús. Se convirtió en la primera Hermana afroamericana de esa orden”.
Su testimonio será una fuente de vida nueva para muchos a medida que su historia gane nueva tracción con la formalización de la Causa de Canonización. Los dejo con sus propias palabras que retratan su espíritu y visión. “¿Qué significa ser negro y católico? … Significa que me atraigo a mí misma, a mi ser negro. Todo lo que soy. Todo lo que tengo. Todo lo que espero llegar a ser. Traigo toda mi historia, mis tradiciones, mi experiencia, mi cultura, mi canción y baile afroamericano, y el gesto y movimiento y la enseñanza y la prédica y la curación y la responsabilidad como obsequio a la iglesia … Creo que la diferencia entre mí y algunas personas es que estoy contenta de hacer un poquito. A veces las personas piensan que tienen que hacer grandes cosas para hacer cambios, pero si cada uno enciende una vela, tendremos una luz tremenda”. Después de luchar contra el cáncer de mama, la Hermana Thea murió el 30 de marzo de 1990. Su Causa para la Canonización se inició oficialmente el 9 de febrero de 2018.

Bishops declare Sister Thea ‘Servant of God’

Bishop Joseph Kopacz

By Bishop Joseph Kopacz
Earlier this month the Catholic Bishops of the United States gathered for the annual spring meeting in Fort Lauderdale, Florida, to address a range of pastoral realities that currently affect the Church and society to one degree or another. The bishops approved the revisions for The Charter for the Protection of Children and Young People, originally promulgated in 2002, reaffirming once again the Church’s commitment to protect our children and youth, and to provide healing and reconciliation for any in our midst who have experienced the scourge of sexual abuse. (See page 19 for related story.)
There was also a hearty and, at times, heated discussion among the bishops over the Faithful Citizenship Document that has been a teaching tool in the formation of conscience in our struggle to be faithful Catholic disciples of the Lord Jesus, as well as citizens committed to the common good of our communities and nation. What are the necessary changes in the text to stay abreast of the current onslaughts against the dignity of the human person, such as poverty, the environment, immigration and racism? This evoked a number of passionate responses.
An expansion in the Health Care Directives that guide current and future mergers for Catholic Health Systems received the approval of the bishops, as well as well liturgical developments in the Roman Missal.
A document in the works for a few years, Encountering Christ in Harmony, addressing the rapidly growing population in the United States of Asian and Pacific Island Catholics, was also given near unanimous approval. Lastly, Bishop Shelton Fabre of Houma Thibodaux, Louisiana, gave an update regarding the pastoral letter on racism on which the bishops will vote later this year in Baltimore.
Against the backdrop of these two documents the dawn is breaking for the Diocese of Jackson as we prepare to formalize the Cause for Sister Thea Bowman, FSPA, in November of this year at the annual meeting of the United States Conference of Catholic Bishops.
Our diocesan team has been working assiduously in the background to follow the process that gives us a slot on the agenda for November’s meeting that will request the approval of the bishops for Sister Thea’s Cause for Canonization. We expect that she will receive wholehearted endorsement from the body of bishops and this is an exciting prospect for the Diocese of Jackson and for the Church in the United States.


Sister Thea is now officially recognized as Servant of God, the first step on the journey to formal canonization. Her prophetic voice, her spirit, her heart and mind and her heritage are sorely needed in our contemporary world, at home and abroad as we struggle to overcome all that divides us. She was passionate about her African American heritage as well as the growing cultural diversity in our society. The rotten fruit of racism, one ethnic or racial group against another, are tearing at the seams of our society. Without a doubt, the pastoral letter on racism that the bishops will promulgate in November is incarnated in Sister’s Thea’s cause as her life and witness – Continued from page 3 –
are raised up for many within the Church and far beyond.
From an article by the Redemptorist priest, Father Maurice Nutt, the Vice Postulator for her cause, we enter into her amazing story. Meet Sister Thea Bowman, granddaughter of a slave on the road to Canonization. “She was born on December 29, 1937, in Yazoo City, Mississippi. Her grandfather was born a slave and she was raised into the Methodist faith. After her family moved to Canton, Mississippi, Bowman was enrolled in Holy Child Jesus School. While there she was drawn to the Catholic faith and asked her parents if she could convert at age nine. When she turned 15 Bowman moved to La Crosse, Wisconsin, and joined the Franciscan Sisters of Perpetual Adoration (FSPA), the Religious Sisters who inspired her at Holy Child of Jesus school. She became the first African American Sister of that order.”
Her witness will be a fount of new life for many as her story gains new traction with the formalization of the Cause for Canonization. I leave you with her own words that portray her spirit and vision. “What does it mean to be black and Catholic?…It means that I bring myself, my black self. All that I am. All that I have. All that I hope to become. I bring my whole story, my traditions, my experience, my culture, my African-American song and dance and gesture and movement and teaching and preaching and healing and responsibility as gift to the church … I think the difference between me and some people is that I am content to do my little bit. Sometimes people think that they have to do big things in order to make change. But if each one would light a candle, we’d have a tremendous light.”
After struggling with breast cancer Sister Thea died on March 30, 1990. Her Cause for Canonization was officially opened on February 9, 2018.

Celebrando las ordenaciones

Obispo Joseph Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
Homilia de la ordenación del Diácono Nick Adam y Deacon Aaron Williams el 31 de mayo de 2018, la Visitación
“Hijos mios ustedes van a ser ahora avanzados a la orden del presbiterado. Deben aplicar sus energías en la tarea de enseñar en el nombre de Cristo, el jefe maestro. Mediten sobre la ley de Dios: crean lo que lean, enseñen lo que creen, y pongan en práctica lo que enseñan. Dejen que la doctrina que enseñan sea alimento puro para el pueblo de Dios. De la misma manera deben llevar a cabo su misión de santificar en el poder de Cristo. En el memorial de la muerte y resurrección del Señor, hagan todos los esfuerzos posibles para morir al pecado y caminar en la vida nueva de Cristo. Cuando bauticen traerán a mujeres y hombres al pueblo de Dios. En el sacramento de la penitencia perdonarán los pecados en nombre de Cristo y de la Iglesia. Con el aceite santo aliviarán y consolarán a los enfermos. Orecer alabanza y gracias a Dios durante todo el día, orando, no sólo por el pueblo de Dios, sino por el mundo entero. Recuerden siempre el ejemplo del Buen Pastor, que no vino para ser servido, sino para servir y para buscar y rescatar a quienes estaban perdidos”.
* Desde el rito de la ordenación
Permítanos acompañar a María e Isabel mientras se encuentran la una a la otra en uno de los momentos más alegres en toda la Escritura. Las generaciones se encuentran cuando una mujer de edad bendice a las más jóvenes.
Decir que están entusiasmadas está muy lejos de la realidad. Son dos mujeres que el Espíritu Santo ha abrazado, y están en fuego por Dios. Han aceptado el plan de Dios en sus vidas y están liberadas. María está con todos aquellos que son llamados cuando están muy joven y Elizabeth con los llamados después que han pasado su juventud. Cantan hoy por todas los grandes mujeres olvidadas que han convertido a la eternidad a tiempo.
En este drama divino de salvación, pasamos a los diáconos Aaron y Nick que han aceptado la invitación del Señor Jesús a ser discípulos, amigos y sacerdotes de Jesucristo, sacerdotes de la Nueva Alianza para la Diócesis de Jackson en nuestros días. Como María, su “sí” a la llamada del Señor fue moldeada en sus familias a lo largo de muchos años, de muchas maneras ordinarias. Le agradecemos a sus familias por construir fuertes cimientos sobre los que construir. Como María e Isabel, han adaptado sus vidas con el plan de Dios para ellos, y poniendo un poco de nerviosismo aparte, proclaman la grandeza de Dios, y se regocijan en Dios su Salvador. Llamados por su nombre hemos afirmado su rotundo sí a estar aquí. Están deseoso de servir en la Iglesia para la salvación de todos. Su deseo de entrar en acción es como el caballo, Justificar, que ganó el Derby de Kentucky y el Preakness y pronto va a salir fuera de la puerta en el Belmont. El entusiasmo, la energía y el celo son los signos de una auténtica vocación, haciendo de la vida algo hermoso por Dios, como la madre Teresa solía decir.
Pero como sabemos, no siempre es 75 grados y humedad baja. A veces el índice de calor es más de 100, y sentimos el peso de nuestras responsabilidades. Nuestra primera lectura es una de las muchas que hay en las Escrituras que narra la historia del Antiguo Testamento sin ilusión. Moisés estaba al borde con los Israelitas deambulando en el insoportable calor del desierto sintiendo la enorme carga de sus responsabilidades. “¿Concebí a estas personas que me diste, o las parí? Son demasiado pesadas para mí para cargarlas”.
Una sincera oración que resuena en el corazón de cualquiera de nuestras vidas, a veces. De una manera profunda, Moisés anticipa la cruz y el poder de Dios trabajando. Las intenciones de Dios a través de la cruz y la resurrección de su Hijo es que las bendiciones son para sobrepasar las cargas, y que las cargas pueden incluso ser un trampolín para una vida mejor, que tomemos nuestras dificultades y alegrías y oremos por ellas y para nosotros, obispos y sacerdotes, que vivamos el prototipo de Moisés y los setenta ancianos en colaboración y comunión el uno con el otro y con Dios, compartiendo mutuamente los gozos y las cargas.
Para que Dios se propone, a través de la cruz y de la resurrección de su Hijo, que las bendiciones son para sobrepasar las cargas, y que las cargas pueden incluso ser un trampolín para una mayor vida útil, que nos tomamos nuestras dificultades y las alegrías de la oración, y para nosotros, Obispos y sacerdotes, que vivimos el prototipo de Moisés y los setenta ancianos en colaboración y comunión el uno con el otro y con Dios, compartiendo mutuamente los gozos y las cargas.
La segunda lectura, tomada de la carta de san Pablo a los Romanos, retrata los ritmos del Evangelio para un discípulo, incluyendo a los ministros ordenados, infundido con la gracia de Dios: un sincero amor-odio del mal-sosteniendo la buena disposición para servir con celo, no haraganes, fervientes-gozosos perseverantes con generosa hospitalidad, -bendiciéndose el uno al otro como el ejemplo de María y Elisabeth– acompañando a la gente en la alegría y en el dolor, humildes y sabios con sabiduría evangélica. Estas virtudes permiten al ordenado atender a las cosas de Cristo, tener su mente y corazón. Su cultivo nos fortalecerá en nuestras vocaciones para servir al Señor con alegría, incluso en el calor del día.
Sabemos que cada uno de los misterios del rosario: gozosos, dolorosos, gloriosos y luminosos desbordan con vida divina. En el encuentro de la Visitación con Elizabeth, María de Nazaret, Nuestra Señora de la prontitud, simboliza la Iglesia que está pronta a ir donde sea necesario, a servir y a acompañar al pueblo de Dios en nuestras familias, y con el prójimo y el extraño por igual.
María e Elizabeth bailando juntas por el nacimiento de sus hijos, ejemplifican la Iglesia la cual da reverencia a la vida y a la dignidad de la persona humana en todas sus etapas, evidente en las obras de misericordia espirituales y corporales, y en nuestro compromiso con la justicia social.
Proclamando la grandeza del Señor y regocijándose en Dios su Salvador representa la Iglesia que celebra con alegría los sagrados misterios, especialmente en la Eucaristía, la fuente de vida y resurrección del Señor, esta sagrada comida sacrificial en la que celebramos la misericordia de Dios y recibimos la fuerza para el camino en la Palabra y en el sacramento.
Con corazones llenos del amor de Dios acompañamos con alegría al diácono Aarón y al diácono Nick al ofrecer sus vidas en el Rito de la ordenación a abrazar el sacerdocio de Jesucristo.

Visitation perfect complement to ordinations

Bishop Joseph Kopacz

(Editor’s note: Bishop Joseph Kopacz offers his homily from the Mass of Ordination for Father Aaron Williams and Father Nick Adam as his column this week. The ordinations were on Thursday, May 31, the Feast of the Visitation.)
By Bishop Joseph Kopacz
“My sons you are now to be advanced to the order of the Presbyterate. You must apply your energies to the duty of teaching in the name of Christ, the chief teacher. Meditate on the law of God: believe what you read, teach what you believe and put into practice what you teach. Let the doctrine you teach be pure nourishment for the people of God. In the same way you must carry out your mission of sanctifying in the power of Christ. In the memorial of the Lord’s death and resurrection, make every effort to die to sin and to walk in the new life of Christ. When you baptize you will bring men and women into the People of God. In the sacrament of penance you will forgive sins in the name of Christ and the Church. With holy oil you will relieve and console the sick. You will offer praise and thanks to God throughout the day, praying not only for the people of God but for the whole world. Always remember the example of the Good Shepherd who came not to be served but to serve and to seek out and to rescue those who were lost.”
– From the Rite of Ordination
Let us accompany Mary and Elizabeth as they encounter one another in one of the most joyful moments in all of Scripture. Generations are bridged as an older woman blesses the younger.
To say that they are enthusiastic falls way short of the reality. They are two women whom the Holy Spirit has embraced and they are on fire for God. They have accepted God’s plan in their lives and they are set free. Mary stands with all who are called too young and Elizabeth with all so called past their prime. They sing today for all of the great unsung women who have turned eternity to time.
In this divine drama of salvation, we turn to Deacon Aaron and Nick who have accepted the Lord Jesus’ invitation to be disciples, friends and priests of Jesus Christ, priests of the new Covenant for the Diocese of Jackson in our day. Like Mary, their Yes to the Lord’s call was molded in their families over many years, in many ordinary ways.
We are grateful to your families for building strong foundations on which to build. Like Mary and Elizabeth, they have aligned their lives with God’s plan for them and placing a little nervousness aside, they proclaim the greatness of God and rejoice in God their savior. Called by name we have affirmed their resounding yes to be here. They are zealous to serve in the Church for the salvation of all. Their desire to spring into action is like the horse, Justify, who won the Kentucky Derby and the Preakness and soon will surge out of the gate at the Belmont. Enthusiasm, energy and zeal are the signs of an authentic vocation, making one’s life ‘something beautiful for God,’ as Mother Teresa was fond of saying.
But as we know, it’s not always 75 degrees and low humidity. Sometimes the heat index is well over 100 and we feel the burden of our responsibilities. Our first reading is one of many in the Scriptures that tells the story of the Old Testament without illusion. Moses had it to the brim with the Israelites wandering around in unbearable desert heat feeling the enormous burden of his responsibilities. “Did I conceive these people you gave me or give birth to them? They are too heavy for me to carry.”
An honest prayer which resounds in the heart of any one of our lives at times. In a profound way, Moses anticipates the Cross and the power of God at work. For God intends, through the Cross and Resurrection of his Son, that the blessings are to surpass the burdens and that the burdens can even be stepping stones to greater life, that we take our burdens and joys to prayer and for us as bishops and priests, that we live the prototype of Moses and the seventy Elders in collaboration and communion with one another and with God, sharing one another’s joys and burdens.
The second reading from Saint Paul’s letter to the Romans portrays the Gospel rhythms for a disciple, including the ordained, infused with God’s grace: sincere love — hatred of evil — holding on to the good — readiness to serve — zealous, not slackers, fervent — joyful — enduring — persevering — generous — exercising hospitality — blessing one another with the example of Mary and Elizabeth – accompanying people in joy and sorrow — humble — and wise with gospel wisdom. These virtues enable the ordained to attend to the things of Christ, to have his mind and heart. Their cultivation will empower us in our vocations to serve the Lord with gladness, even in the heat of the day.
We know that each of the mysteries of the rosary: joyful, sorrowful, glorious and luminous overflow with divine life. In the Visitation encounter with Elizabeth, Mary of Nazareth, Our Lady of Promptness, signifies the Church who is prompt to go where needed, to serve and to accompany God’s people in our families and with neighbor and stranger alike.
Mary and Elizabeth dancing together over their unborn children, exemplify the Church who reverences life and the dignity of the human person at all stages, evident in the corporal and spiritual works of mercy and in our commitment to Social Justice.
Proclaiming the Greatness of the Lord and rejoicing in God their Savior represents the Church who joyfully celebrates the Sacred Mysteries, especially in the Eucharist, the life-giving death and resurrection of the Lord, this sacred sacrificial meal at which we celebrate God’s mercy and receive strength for the journey in Word and Sacrament.
With hearts overflowing with God’s love we joyfully accompany Deacon Aaron and Deacon Nick as they lay down their lives in the Rite of Ordination to embrace the priesthood of Jesus Christ.

New memorial advances devotion to Mary

Bishop Joseph Kopacz

By Bishop Joseph Kopacz
The Pentecost experience, akin to the Big Bang that burst out into the universe, continues to expand and accelerate in the creative and saving power of the Holy Spirit. At the Last Supper Jesus promised that the Spirit would lead us into all truth, or a deeper knowledge and understanding of the mysteries of our faith from one generation to the next.
Recently, Pope Francis pronounced that from this day forward the Monday after Pentecost is to be celebrated as the Memorial of Mary, the Mother of the Church. Mary, whose Fiat brought about a new world for God’s plan of salvation in the Incarnation of the eternal Logos, reveals to every generation that the Holy Spirit, when alive in the hearts and minds of the faithful, will bring Jesus Christ to life, a light shining in the darkness.
Mary has many titles in the Church to express the singularity of her vocation and this latest one arises from the Pentecost moment nearly 2,000 years ago in Jerusalem. Mary was assembled with the Apostles and the other disciples, 120 in total, when the Holy Spirit poured forth into their hearts and minds, creating a new day with power from on high. “This is the day the Lord has made, let us be glad and rejoice in it.”
So the mother of the Lord Jesus, has always been and now is formally venerated as the mother of the Church, the Body of Christ in the world. Like Mary, our souls proclaim the greatness of the Lord as we treasure all these things in our hearts, holding Jesus Christ close in our daily lives.
As in many instances throughout the history of the Church, Pope Francis, as the successor of St. Peter, speaks on behalf of the Church and in this instance has formally decreed a new memorial on behalf of all of the faithful, many of whom express their love for Mary in their daily devotion. The ministry of the Holy Father, the successor of St. Peter, is to recreate and expand Pentecost when the Holy Spirit raised up St. Peter to speak on behalf of the 120 to the incredulous throngs gathered in Jerusalem for a Jewish feast.
All assembled in prayer had received the gift of the Holy Spirit, represented in the hovering tongues of flames and the strong driving wind. From this mutual encounter with their saving God in Jesus Christ, Peter, with that Galilean accent who only days before vehemently denied his Lord, now boldly evangelized about salvation in his Name to all who would listen. Recently, at a pre-synod gathering on young people, the faith and vocational discernment in Rome, a remarkable photo revealed the dynamics of a Pentecost moment. Pope Francis, in his white cassock, was pictured seated in the center of a packed hall of the faithful, representatives from many nations and regions around the world who were partaking in the pre-synod process.
There sat Francis of Rome surrounded by laity, religious and ordained. Open to the wisdom and power of the Holy Spirit all were listening to a presentation, one of many that will lead to a post-synodal exhortation from Pope Francis. Like St. Peter, eventually, he will rise up from the midst of his sisters and brothers and speak to the Church and the world. The Holy Spirit has empowered Pope Francis in his Petrine ministry over the past five years in ordinary and extraordinary ways.
The Joy of the Gospel, Evangelii Guadium, is his landmark Apostolic Exhortation on evangelization, the fruit of a world-wide synodal dialogue and discernment. More recently, he gave to the Church Amoris Latitiae, the Joy of Love, a panorama of the challenges of living the gospel in marriage and family in the modern world. This exhortation emerged as the fruit of the Holy Spirit after a two year, grassroots process in the universal Church, offering a path, consolation, hope and light.
Lastly, the Pentecost moment calls us back to our center where we know that we are God’s children, brothers and sisters of the Lord Jesus and temples of the Holy Spirit. I have witnessed the Holy Spirit throughout the Diocese of Jackson during the 19 celebrations of Confirmation to date. These are extraordinary moments to be sure, but they can only materialize because of the Holy Spirit’s burning presence in the hearts and minds of families and parish communities from day to day.
For some, the flame may have been as imperceptible as a pilot light waiting to be stirred into something more in God’s good time. Yet, the gift of the Church, the Body of Christ, calls us all back to our Pentecost, our birthday of the Lord, where we can renew our identity and vocation as his disciples. From that first community in Jerusalem to the many communities throughout our diocese, with Mary, Pope Francis and the newly confirmed, we pray together, Come, Holy Spirit and renew the face of the earth.

Nueva fiesta dedicada a María

Obispo Joseph Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
La experiencia de Pentecostés, parecida a la gran explosión que estalló en el universo, continúa expandiéndose y acelerándose en la creatividad y fuerza salvífica del Espíritu Santo. En la Última Cena, Jesús prometió que el Espíritu nos llevaría a toda la verdad, o a profundizar en el conocimiento y la comprensión de los misterios de nuestra fe de una generación a la siguiente. Recientemente, el Papa Francisco declaró que a partir de este día el lunes después de Pentecostés se celebrará como el Memorial de María, la Madre de la Iglesia. María, cuyo mandato, trajo un nuevo mundo para el plan de salvación de Dios en el misterio de la Encarnación del Logos eterno, revela a cada generación que el Espíritu Santo cuando vive en los corazones y las mentes de los fieles, traerá a Jesucristo a la vida, una luz que brilla en la oscuridad.
María tiene muchos títulos en la Iglesia para expresar la singularidad de su vocación, y este último surge desde el momento de Pentecostés hace casi 2000 años en Jerusalén.
María estaba reunida con los apóstoles y los demás discípulos, 120 en total, cuando el Espíritu Santo se infundió en sus corazones y mentes, creando un nuevo día con poder desde lo alto. “Este es el día que el Señor ha creado, alegrémonos y regocijémonos en él.” Así que la Madre del Señor Jesús, ha sido siempre, y ahora es oficialmente venerada como Madre de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo en el mundo.
Como María, nuestra alma proclama la grandeza del Señor y valoramos todas estas cosas en nuestros corazones, manteniendo a Jesucristo cerca en nuestra vida diaria. Como en muchos casos a lo largo de la historia de la Iglesia, el Papa Francisco, como sucesor de San Pedro, habla en nombre de la Iglesia, y en este caso ha decretado oficialmente un nuevo memorial en nombre de todos los fieles, muchos de los cuales expresan su amor por María en su devoción diaria.
El ministerio del Santo Padre, el sucesor de San Pedro, es la recreación y expansión de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo inspiró a San Pedro para que hablara en nombre de los 120 a la incrédula multitud reunida en Jerusalén para una fiesta Judía. Todos los reunidos en oración habían recibido el don del Espíritu Santo, representado en las flotantes lenguas de fuego y el fuerte viento. A partir de este encuentro mutuo con su Dios salvador en Jesucristo, Pedro, con ese acento Galileo, quien sólo unos días antes había negado rotundamente a su Señor, ahora audazmente evangeliza acerca de la salvación en su nombre a todos los que desean escuchar. Recientemente, en una reunión Pre-Sínodo sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional en Roma una notable foto revela la dinámica de un momento de Pentecostés.
El Papa Francisco, en su sotana blanca, fue fotografiado sentado en el centro de una sala repleta de fieles, representantes de muchos países y regiones del mundo que estaban tomando parte en el proceso Pre-Sínodo. Allí estaba sentado Francisco de Roma, rodeado de laicos, religiosos y sacerdotes. Abiertos a la sabiduría y el poder del Espíritu Santo, todos escuchaban una presentación, una de las muchas que conducirían a una exhortación post-sinodal del Papa Francisco. Como San Pedro, eventualmente, él se levantará de en medio de sus hermanos y hermanas, y le hablará a la Iglesia y al mundo.
El Espíritu Santo ha facultado al Papa Francisco en su ministerio petrino durante los últimos cinco años en forma ordinaria y extraordinaria. La Alegría del Evangelio, Evangelii Guadium, es su memorable exhortación apostólica sobre la evangelización, el fruto de un diálogo y discernimiento sinodal mundial. Más recientemente, le dio a la Iglesia el Amoris Latitiae, la Alegría del Amor, un panorama de los desafíos de vivir el Evangelio en el matrimonio y la familia en el mundo moderno. Esta exhortación emergió como el fruto del Espíritu Santo después de un período de dos años, el proceso de base en la Iglesia universal, ofreciendo un camino, consuelo, esperanza y luz.
En conclusión, el momento de Pentecostés nos llama a nuestro centro donde sabemos que somos hijos de Dios, hermanos y hermanas del Señor Jesús, y templos del Espíritu Santo. He sido testigo del Espíritu Santo en toda la Diócesis de Jackson durante las 19 celebraciones de confirmación hasta la fecha.
De seguro estos son momentos extraordinarios, pero sólo pueden materializarse a causa de la ardiente presencia del Espíritu Santo en los corazones y en las mentes de las familias y de las comunidades parroquiales día a día. Para algunos la llama puede haber sido tan imperceptible como una luz piloto a la espera de ser agitados en algo más en el tiempo bueno de Dios. Sin embargo, el don de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, nos llama a todos de vuelta a nuestro Pentecostés, nuestro cumpleaños del Señor, donde podemos renovar nuestra identidad y vocación como discípulos suyos. Desde esa primera comunidad en Jerusalén a muchas comunidades a lo largo de nuestra diócesis, con María, el Papa Francisco y los recientemente confirmados, oramos juntos, Ven, Espíritu Santo y renueva la faz de la tierra.

El Papa Francisco ofrece una lección de santidad

Obispo Joseph Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
“Que mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea colmado” (Jn 15, 11). Estas fueron las palabras de Jesús en el Evangelio del domingo pasado cuando él estaba preparando a sus discípulos para su radical separación de ellos en la cruz. En la misma conversación los invita a una amistad divina y los instruye, o quizá les suplica a “que se amen unos a otros como yo los he amado a ustedes” (Jn 15:12-14). Este pasaje es el camino ideal de la reciente Exhortación publicada del Papa Francisco sobre la santidad, Gaudate et Exultate. El resto de esta columna es un resumen de este regalo del Papa Francisco a la Iglesia y al mundo. El Papa Francisco despierta el Espíritu Santo dentro de cada creyente. “Con esta exhortación me gustaría insistir principalmente en la llamada a la santidad que Dios dirige a cada uno de nosotros y que también la dirige personalmente a ustedes”. (10) Nos recuerda que estamos rodeados por una gran nube de testigos (Hebreos 12:1) tanto los vivos como lo que están con el Señor en la eternidad que rezan por nosotros, y dan testimonio de todo lo que Dios puede hacer en nuestras vidas. “Me gusta contemplar la santidad presente en la paciencia del pueblo de Dios. En aquellos padres que crían a sus hijos con inmenso amor, en aquellos hombres y mujeres que trabajan duro para mantener a sus familias, en los enfermos, en los ancianos religiosos que nunca pierden su sonrisa. En su diaria perseverancia veo la santidad de la Iglesia militante. Muy a menudo es una santidad que se encuentra en nuestros vecinos, esos que viven en medio de nosotros, reflejan la presencia de Dios. Podríamos llamarlos “la clase media de la santidad” (7).
En virtud de nuestra fe y el bautismo, “todos estamos llamados a ser testigos, pero hay muchas maneras reales de dar testimonio. “El poder del Espíritu Santo les permite hacer esto, y al final la santidad es el fruto del Espíritu Santo en su vida” (14). En efecto, “cada santo es un mensaje que el Espíritu Santo toma de las riquezas de Cristo y da a su pueblo” (21).
“Esto debe excitarnos y animarnos a dar nuestro todo y abrazar ese único plan que Dios ha querido para cada uno de nosotros desde la eternidad” (13). “Antes de darte la vida, ya te había escogido; y antes de que nacieras te consagré” (Jer. 1:5). El Papa Francisco reconoce que con todo el alboroto y correderas, engaños y distracciones de nuestro mundo moderno, la santidad puede ser un camino difícil de caminar, pero nada es imposible para Dios. “No le tengas miedo a la santidad. No te quitará nada de tu energía, vitalidad y alegría. Por el contrario te convertirás en lo que el padre tenía en mente cuando te creó, y serás fiel en lo más hondo de tu ser. El depender de Dios, nos libera de toda forma de esclavitud y nos lleva a reconocer nuestra gran dignidad” (35).
Francis ve a la Iglesia y al mundo con el corazón amoroso y la mente de Jesucristo y expone las amenazas a crecer en santidad. Él habla de un nosticismo día moderno cuyos adeptos quieres que todo sea claro y controlado hasta el punto de controlar la trascendencia de Dios. “El Gnosticismo, por su propia naturaleza, trata de domesticar el misterio, sea el misterio de Dios y su gracia, o el misterio de la vida de los otros” (40-41).
Por otro lado, hay un día pelagianismo moderno que lo atribuye todo a la voluntad humana y el trabajo. Tradicionalmente, esto ha sido conocido por ser una “teología sin ayuda de otros” por el cual podemos ganar o incluso comprar nuestro camino al cielo. En oposición a este profundo error, el Papa Francisco habla de un don puro. “Su amistad trasciende infinitamente a nosotros; no la podemos comprar con nuestras obras; sólo puede ser un don nacido de su iniciativa amorosa. Esto nos invita a vivir en gozosa gratitud por este don totalmente inmerecido” (54). “Pero gracias a Dios que ha dado la victoria sobre el pecado y la muerte por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1Cor 15:57).
Después el Papa Francisco nos abre la sabiduría de las Bienaventuranzas del Sermón del Monte. Bienaventurados los… o felices son … se convierte en un sinónimo de santo. Expresa el hecho de que aquellos que son fieles a Dios y a su palabra, por su entrega, obtienen la felicidad verdadera. A lo largo de varias páginas Francisco ofrece la sabiduría de Dios a la luz de la cruz y de la Resurrección, que a menudo es perseguida, burlada o ignorada. Los valores del mundo en cada época son una fuerte corriente contra la sabiduría de Dios, pero bienaventurados somos nosotros cuando nadamos en contra de ella por amor a Dios y a nuestros hermanos y hermanas (65-95).
El Papa Francisco también ve claramente los signos de santidad en la Iglesia y en el mundo moderno. Consideren a los que viven con perseverancia, paciencia y mansedumbre frente a la violencia del mundo, la frialdad e indiferencia. ¿Por qué? Porque “si Dios está a nuestro favor, ¿quién estará en contra de nosotros? (Romanos 8:31). Esta convicción es la fuente de paz y alegría de todos los santos y la gente santa (122). El rostro de santidad se manifiesta también en la alegría y el buen humor de muchos. Aunque totalmente realista, irradian un espíritu positivo y esperanzador. Si le permitimos al Señor que nos saque fuera de nuestro ambiente y cambie nuestras vidas, entonces podemos hacer como nos dice san Pablo: “Alégrense siempre en el Señor; repito, alégrense. (Flp 4:4) Vivir con audacia y pasión es otra característica de la santidad en nuestros tiempos, fundada en la promesa del Señor para estar con El hasta el final de los tiempos (Mt 28:20).
La audacia, el entusiasmo, la libertad de expresión, el fervor apostólico, son todos signos del Espíritu de Dios actuando, una luz en la oscuridad. ¿Con qué frecuencia el Papa Francisco dice, estamos tentados a permanecer cerca de la orilla, mientras que el Señor nos dirige a remar mar adentro? Como el profeta Jonás, estamos constantemente tentados a huir a un refugio seguro. Las personas santos y santas saben que este no es el camino de la santidad. “No teman”. La cuarta dimensión de la santidad en nuestro tiempo es saber que estamos llamados a vivir en comunidad, mínimamente donde están dos o tres reunidos en donde las personas aman los pequeños detalles de amor, ya sea la amistad, la familia, las comunidades eclesiales o el lugar de trabajo. San Juan de la Cruz le dijo a uno de sus seguidores. “Ustedes viven con otros para estar de moda y ser juzgados” (104). Las relaciones pueden ser crisoles donde el desafío de amarse el uno al otro se convierte en realidad. Como dice el poeta, “El Amor puede coronarte y crucificarte”.
Por último, está la llamada a la oración constante. “No creo en la santidad sin oración” son las sencillas palabras de nuestro Santo Padre (147). A menos que uno se siente a los pies del Señor, como lo hizo María, y “lo deje a él confortarte más y más con su amor y ternura, tú no podrás atrapar el fuego” (151).
La oración encuentra su cumplimiento definitivo en la misa donde juntos, la Palabra de Dios se convierte en “una lámpara para nuestros pasos y una luz en nuestro sendero (Salmo 119), y donde la Eucaristía, Pan de vida, es comunión con el Señor y el uno al otro, la fuerza para el camino y la promesa de la vida eterna.
Esto es sólo una idea de esta exhortación a la santidad, que es verdaderamente una luz para nuestro camino. Es una enseñanza por la cual podemos levantar nuestros corazones y nuestras mentes a Dios y a nuestro prójimo a fin de cumplir el plan de Dios para cada una de nuestras vidas. Gracias, Santo Padre Francisco. “Ven, Espíritu Santo. Llena los corazones de tus fieles”.

Holiness both ordinary, transcendent

Bishop Joseph Kopacz

By Bishop Joseph Kopacz
“That my joy will be in you and your joy may be complete.” (John 15, 11)
These were the words of Jesus in last Sunday’s Gospel when he was preparing his disciples for his radical separation from them on the Cross. In the same conversation he invites them into divine friendship and instructs them – or maybe pleads with them – to “love one another as I have loved you.” 15,12-14) This passage is the ideal pathway into Pope Francis’ recently published exhortation on holiness, Gaudate et Exultate. The remainder of this column is an overview of this gift of Pope Francis to the Church and to the world.
Pope Francis awakens the Holy Spirit within each believer. “With this exhortation I would like to insist primarily on the call to holiness that the Lord addresses to each of us, that he also addresses personally to you.” (10) He reminds us that we are surrounded by a great cloud of witnesses, (Hebrews 12,1) both living and with the Lord in eternity who pray for us and give witness to all that God can accomplish in our lives. “I like to contemplate the holiness present in the patience of God’s people. In those parents who raise their children with immense love., in those men and women who work hard to support their families, in the sick, in elderly religious who never lose their smile. In their daily perseverance I see the holiness of the Church militant. Very often it is a holiness found in our next-door neighbors, those who, living in our midst, reflect God’s presence. We might call them “the middle class of holiness.” (7)
By virtue of our faith and baptism we are all called to be witnesses, but there are many actual ways of bearing witness. “The power of the Holy Spirit enables you to do this and holiness in the end is the fruit of the Holy Spirit in your life.” (14) In fact, “every saint is a message which the Holy Spirit takes from the riches of Jesus Christ and gives to his people.” (21)
“This should excite and encourage us to give our all and to embrace that unique plan that God willed for each of us from eternity.” (13) “Before I formed you in the womb, I knew you and before you were born I consecrated you.” (Jer. 1,5) Pope Francis acknowledges that with all of the din and zapping, allurements and distractions of our modern world, holiness can be a difficult road to walk but nothing is impossible with God. “Do not be afraid of holiness. It will take away none of your energy, vitality or joy. On the contrary you will become what the Father had in mind when he created you and you will be faithful to your deepest self. To depend on God, sets us free from every form of enslavement and leads us to recognize our great dignity.” (35)
Pope Francis looks upon the Church and the world with the loving heart and mind of Jesus Christ and exposes the threats to growth in holiness. He speaks of a modern-day Gnosticism whose adherents want everything to be clear and controlled to the point of controlling God’s transcendence. “Gnosticism by its very nature seeks to domesticate the mystery, whether the mystery of God and his grace or the mystery of others’ lives.” (40-41)
On the other hand, there is modern day Pelagianism that attributes everything to human will and work. Traditionally, this has been known to be a “bootstrap theology” by which we can earn or even buy our way into heaven. In opposition to this profound error, Pope Francis speaks of pure gift. “His friendship infinitely transcends us; we cannot buy it with our works; it can only be a gift born of his loving initiative. This invites us to live in joyful gratitude for this completely unmerited gift.” (54) “But thanks be to God who has given the victory over sin and death through our Lord, Jesus Christ.” (1Cor 15,57)
Pope Francis then breaks open for us the wisdom of the Beatitudes from the Sermon on the Mount. “Blessed are the”… or “Happy are”…becomes a synonym for holy are. It expresses the fact those faithful to God and his word, by their self-giving, gain true happiness. Over several pages Francis offers God’s wisdom in the light of the Cross and Resurrection which often is persecuted, mocked or ignored. The values of the world in every age are a strong current against the wisdom of God, but blessed are we when we swim against it out of love for God and our brothers and sisters. (65-95)
Pope Francis also sees clearly the signs of holiness in the Church and in the modern world. Consider those who live with perseverance, patience and meekness in the face of the world’s violence, coldness and indifference. Why? Because “if God is for us, who can be against us?” (Romans 8,31) This conviction is the source of peace and joy of all the saints and holy people. (122)
The face of holiness is also seen in the joy and humor of many. Though completely realistic, they radiate a positive and hopeful spirit. If we allow the Lord to draw us out of our shell and change our lives, then we can do as Saint Paul tells us, “Rejoice in the Lord always; I say it again, rejoice”. (Phil 4,4) Living with boldness and passion is yet another feature of holiness in our times, grounded in the promise of the Lord to be with until the end of time. (Mt 28,20) Boldness, enthusiasm, the freedom to speak out, apostolic fervor, are all signs of the Spirit of God at work, a light in the darkness.
How often, Pope Francis says, are we tempted to stay close to the shore, whereas the Lords directs us to set out into the deep? Like the prophet Jonah, we are constantly tempted to flee to a safe haven. The saints and saintly people know that this is not the path to holiness. “Be not afraid.” The fourth dimension of holiness in our time is to know that we are called to live in community, minimally where two or three are gathered where people cherish the little details of love, whether this is in friendship, family, Church communities or in the workplace.
Saint John of the Cross told one of his followers. “You are living with others to be fashioned and tried.” (104) Relationships can be crucibles where the challenge to love one another becomes real. As the poet says. “Love can crown you and crucify you.” Lastly, there is the call to constant prayer. “I do not believe in holiness without prayer” are the straightforward words of our Holy Father. (147) Unless one sits at the feet of the Lord, as did Mary and “let him warm you more and more with his love and tenderness, you will not catch fire.” (151)
Prayer finds its ultimate fulfillment in the Mass where together the Word of God becomes “a lamp for our steps and a light for our path. (Ps 119) and where the Eucharist, the Bread of Life is communion with the Lord and one another, strength for the journey and the pledge of eternal life.
This is only a taste of this exhortation on holiness which is truly is a light for our path. It is a teaching by which we can raise up our hearts and minds to God and to our neighbor in order to fulfill God’s plan for each of our lives. Thank you, Pope Francis. “Come, Holy Spirit. Fill the hearts of your faithful.”
The exhortation is available online at the Vatican’s website

(Editor’s note: http://w2.vatican.va/content/francesco/en/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20180319_gaudete-et-exsultate.html. )

La Pascua invita a la reflexión sobre el Espíritu Santo

Obispo Joseph Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
Entre la Pascua y la fiesta de Pentecostés, 50 días, anunciamos las Escrituras que narran la historia del crecimiento de la Iglesia primitiva. Hace casi 2000 años, el Espíritu Santo, el cual resucitó a Jesús de entre los muertos, sacó a los 120 discípulos, reunidos en torno a los apóstoles y María, a las calles y al mundo para llevar la Buena Noticia de la salvación a todas las naciones.
Los Hechos de los Apóstoles, el complementario del evangelio de san Lucas, es la primera entrega de la efusión del prometido Espíritu Santo a ir a los confines de la tierra hasta el final de los tiempos, hasta que Jesucristo regrese.
Cada vez que la unción del Espíritu Santo se celebra en el sacramento de la Confirmación a lo largo de nuestra diócesis y en todas partes, el trabajo de Pentecostés continúa. Ah, pero hemos conocido la acción del Espíritu Santo mucho antes de Pentecostés.
Mientras nuestra nación observa cada año el Día de la Tierra el 22 de abril para celebrar el regalo del mundo natural, nosotros, como hijos de Dios, reconocemos el orden natural de las cosas como el don de la creación. “En el principio Dios creó los cielos y la tierra.
La tierra estaba sin forma y vacía, y la oscuridad cubría las aguas profundas. Y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas”, (Génesis 1:1-2). Por otra parte, Job 26:13 dice, “con un soplo dejó al cielo despejado” o “los hizo bellos”, y “el Espíritu de Dios me hizo, e infundió en mi su aliento”, (Job 33:4). Otro ejemplo es el Salmo 104:30 que dice, “Pero si envías tu aliento de vida, son creados, y así renuevas la faz de la tierra”.
El Espíritu Santo, el Ruaj Yahweh, en una forma mucho más personal, es la fuerza y la inspiración en el trabajo de los profetas de Israel. “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha consagrado para predicar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a aliviar a los afligidos, a proclamar la libertad a los cautivos y la libertad a los que están en la carcel” (Isaías 61:1).
Por supuesto, esta ardiente espera del Mesías se cumplió con la obra incesante del Espíritu Santo en María de Nazaret. “El ángel le dijo, el Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo descansará sobre ti como una nube; por eso el que ha de nacer será santo; él será llamado Hijo de Dios.” (Lucas 1:35).
Desde este primer momento de la Encarnación y a lo largo de su vida terrena, su muerte y resurrección, el Espíritu Santo acompañó a Jesús de Nazaret. El Espíritu se cernió sobre las aguas del bautismo del amado Hijo de Dios (Marcos 1:17-11) y a la vez llevó a Jesús al desierto (Marcos 1:12). Del desierto Jesús regresó a su hogar en la sinagoga en Nazaret para proclamar de Isaías que el Espíritu del Señor estaba sobre él, y lo que los profetas y las personas anhelaban fue cumplido al escucharlo a él (Lucas 4: 18).
Durante un momento clave de su ministerio público, Jesús se regocijó en el Espíritu Santo y alabó la grandeza de Dios, su padre (Lucas 10:21). Con su vida terrena al borde de la tortura y la muerte, Jesús les asegura a sus discípulos que “el Consolador, el Espíritu Santo, enviado por el Padre, él os enseñará todas las cosas”. (Juan 14:26)
En su carta a los Romanos, san Pablo describe una creencia fundamental de que el Espíritu de Dios resucitó a Jesús de entre los muertos (8:11).
Como había prometido, Jesús en una de sus apariciones de resurrección, un momento de pentecostés en el evangelio de Juan, sopló a los Apóstoles el don del Espíritu Santo y los envió al mundo a predicar y a bautizar, (Juan 20:22).
La aventura de la salvación, impulsada por el Espíritu Santo, continúa durante el tiempo pascual del 2018 hasta los confines de la tierra, y nuestras celebraciones de confirmación promueven la obra de salvación iniciada en el Nuevo Testamento. “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, judíos o no judíos, esclavos o libres, fuimos bautizados para forman un mismo cuerpo por medio de un solo espíritu y a todos se nos dio a beber de ese mismo espíritu, (1Cor. 12:13).
Cuando siento los dones del Espíritu trabajando en estas liturgias de confirmación recuerdo la profunda elocuencia de San Pablo en la Carta a los Corintios, “Nadie puede decir, “Jesús es el Señor”, excepto por el Espíritu Santo.
Ahora, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo, y hay diversidad de ministerios, pero el mismo Señor. Hay variedad de obras, pero es el mismo Dios quien produce todas las obras en cada persona. A cada persona se le ha dado la posibilidad de manifestar el Espíritu para el bien común, (1Cor 12,1ss). Nuestra identidad está firmemente establecida como hijos de Dios porque somos guiados por el Espíritu de Dios, (Rom 8:14).
A través de la fe y el bautismo, somos la morada del Espíritu Santo, templo de Dios (1Cor 3: 16-17), y los signos vivos de nuestro huésped son los frutos de amor, alegría, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Contra tales cosas no hay ley (Gálatas 5,22-23).
Como un pueblo peregrino que camina en el tiempo y que reside en cada rincón de la tierra habitable debemos seguir el mandato del Señor de predicar, bautizar y enseñarle a todos que él nos ha mandado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Mateo 28). En un Espíritu conducido por la fe, sus palabras siguen ardiendo en nuestros corazones, y continuamos reconociéndolo en la fracción del pan.
Aunque no somos del mundo, estamos en el mundo, y nuestro espíritu conducido por la fe nos obliga a reconocer que el Reino de Dios es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Romanos 14:17). Este es nuestro mandato y plantilla para vivir con la mente y el corazón de Jesucristo.