New memorial advances devotion to Mary

Bishop Joseph Kopacz

By Bishop Joseph Kopacz
The Pentecost experience, akin to the Big Bang that burst out into the universe, continues to expand and accelerate in the creative and saving power of the Holy Spirit. At the Last Supper Jesus promised that the Spirit would lead us into all truth, or a deeper knowledge and understanding of the mysteries of our faith from one generation to the next.
Recently, Pope Francis pronounced that from this day forward the Monday after Pentecost is to be celebrated as the Memorial of Mary, the Mother of the Church. Mary, whose Fiat brought about a new world for God’s plan of salvation in the Incarnation of the eternal Logos, reveals to every generation that the Holy Spirit, when alive in the hearts and minds of the faithful, will bring Jesus Christ to life, a light shining in the darkness.
Mary has many titles in the Church to express the singularity of her vocation and this latest one arises from the Pentecost moment nearly 2,000 years ago in Jerusalem. Mary was assembled with the Apostles and the other disciples, 120 in total, when the Holy Spirit poured forth into their hearts and minds, creating a new day with power from on high. “This is the day the Lord has made, let us be glad and rejoice in it.”
So the mother of the Lord Jesus, has always been and now is formally venerated as the mother of the Church, the Body of Christ in the world. Like Mary, our souls proclaim the greatness of the Lord as we treasure all these things in our hearts, holding Jesus Christ close in our daily lives.
As in many instances throughout the history of the Church, Pope Francis, as the successor of St. Peter, speaks on behalf of the Church and in this instance has formally decreed a new memorial on behalf of all of the faithful, many of whom express their love for Mary in their daily devotion. The ministry of the Holy Father, the successor of St. Peter, is to recreate and expand Pentecost when the Holy Spirit raised up St. Peter to speak on behalf of the 120 to the incredulous throngs gathered in Jerusalem for a Jewish feast.
All assembled in prayer had received the gift of the Holy Spirit, represented in the hovering tongues of flames and the strong driving wind. From this mutual encounter with their saving God in Jesus Christ, Peter, with that Galilean accent who only days before vehemently denied his Lord, now boldly evangelized about salvation in his Name to all who would listen. Recently, at a pre-synod gathering on young people, the faith and vocational discernment in Rome, a remarkable photo revealed the dynamics of a Pentecost moment. Pope Francis, in his white cassock, was pictured seated in the center of a packed hall of the faithful, representatives from many nations and regions around the world who were partaking in the pre-synod process.
There sat Francis of Rome surrounded by laity, religious and ordained. Open to the wisdom and power of the Holy Spirit all were listening to a presentation, one of many that will lead to a post-synodal exhortation from Pope Francis. Like St. Peter, eventually, he will rise up from the midst of his sisters and brothers and speak to the Church and the world. The Holy Spirit has empowered Pope Francis in his Petrine ministry over the past five years in ordinary and extraordinary ways.
The Joy of the Gospel, Evangelii Guadium, is his landmark Apostolic Exhortation on evangelization, the fruit of a world-wide synodal dialogue and discernment. More recently, he gave to the Church Amoris Latitiae, the Joy of Love, a panorama of the challenges of living the gospel in marriage and family in the modern world. This exhortation emerged as the fruit of the Holy Spirit after a two year, grassroots process in the universal Church, offering a path, consolation, hope and light.
Lastly, the Pentecost moment calls us back to our center where we know that we are God’s children, brothers and sisters of the Lord Jesus and temples of the Holy Spirit. I have witnessed the Holy Spirit throughout the Diocese of Jackson during the 19 celebrations of Confirmation to date. These are extraordinary moments to be sure, but they can only materialize because of the Holy Spirit’s burning presence in the hearts and minds of families and parish communities from day to day.
For some, the flame may have been as imperceptible as a pilot light waiting to be stirred into something more in God’s good time. Yet, the gift of the Church, the Body of Christ, calls us all back to our Pentecost, our birthday of the Lord, where we can renew our identity and vocation as his disciples. From that first community in Jerusalem to the many communities throughout our diocese, with Mary, Pope Francis and the newly confirmed, we pray together, Come, Holy Spirit and renew the face of the earth.

Nueva fiesta dedicada a María

Obispo Joseph Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
La experiencia de Pentecostés, parecida a la gran explosión que estalló en el universo, continúa expandiéndose y acelerándose en la creatividad y fuerza salvífica del Espíritu Santo. En la Última Cena, Jesús prometió que el Espíritu nos llevaría a toda la verdad, o a profundizar en el conocimiento y la comprensión de los misterios de nuestra fe de una generación a la siguiente. Recientemente, el Papa Francisco declaró que a partir de este día el lunes después de Pentecostés se celebrará como el Memorial de María, la Madre de la Iglesia. María, cuyo mandato, trajo un nuevo mundo para el plan de salvación de Dios en el misterio de la Encarnación del Logos eterno, revela a cada generación que el Espíritu Santo cuando vive en los corazones y las mentes de los fieles, traerá a Jesucristo a la vida, una luz que brilla en la oscuridad.
María tiene muchos títulos en la Iglesia para expresar la singularidad de su vocación, y este último surge desde el momento de Pentecostés hace casi 2000 años en Jerusalén.
María estaba reunida con los apóstoles y los demás discípulos, 120 en total, cuando el Espíritu Santo se infundió en sus corazones y mentes, creando un nuevo día con poder desde lo alto. “Este es el día que el Señor ha creado, alegrémonos y regocijémonos en él.” Así que la Madre del Señor Jesús, ha sido siempre, y ahora es oficialmente venerada como Madre de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo en el mundo.
Como María, nuestra alma proclama la grandeza del Señor y valoramos todas estas cosas en nuestros corazones, manteniendo a Jesucristo cerca en nuestra vida diaria. Como en muchos casos a lo largo de la historia de la Iglesia, el Papa Francisco, como sucesor de San Pedro, habla en nombre de la Iglesia, y en este caso ha decretado oficialmente un nuevo memorial en nombre de todos los fieles, muchos de los cuales expresan su amor por María en su devoción diaria.
El ministerio del Santo Padre, el sucesor de San Pedro, es la recreación y expansión de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo inspiró a San Pedro para que hablara en nombre de los 120 a la incrédula multitud reunida en Jerusalén para una fiesta Judía. Todos los reunidos en oración habían recibido el don del Espíritu Santo, representado en las flotantes lenguas de fuego y el fuerte viento. A partir de este encuentro mutuo con su Dios salvador en Jesucristo, Pedro, con ese acento Galileo, quien sólo unos días antes había negado rotundamente a su Señor, ahora audazmente evangeliza acerca de la salvación en su nombre a todos los que desean escuchar. Recientemente, en una reunión Pre-Sínodo sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional en Roma una notable foto revela la dinámica de un momento de Pentecostés.
El Papa Francisco, en su sotana blanca, fue fotografiado sentado en el centro de una sala repleta de fieles, representantes de muchos países y regiones del mundo que estaban tomando parte en el proceso Pre-Sínodo. Allí estaba sentado Francisco de Roma, rodeado de laicos, religiosos y sacerdotes. Abiertos a la sabiduría y el poder del Espíritu Santo, todos escuchaban una presentación, una de las muchas que conducirían a una exhortación post-sinodal del Papa Francisco. Como San Pedro, eventualmente, él se levantará de en medio de sus hermanos y hermanas, y le hablará a la Iglesia y al mundo.
El Espíritu Santo ha facultado al Papa Francisco en su ministerio petrino durante los últimos cinco años en forma ordinaria y extraordinaria. La Alegría del Evangelio, Evangelii Guadium, es su memorable exhortación apostólica sobre la evangelización, el fruto de un diálogo y discernimiento sinodal mundial. Más recientemente, le dio a la Iglesia el Amoris Latitiae, la Alegría del Amor, un panorama de los desafíos de vivir el Evangelio en el matrimonio y la familia en el mundo moderno. Esta exhortación emergió como el fruto del Espíritu Santo después de un período de dos años, el proceso de base en la Iglesia universal, ofreciendo un camino, consuelo, esperanza y luz.
En conclusión, el momento de Pentecostés nos llama a nuestro centro donde sabemos que somos hijos de Dios, hermanos y hermanas del Señor Jesús, y templos del Espíritu Santo. He sido testigo del Espíritu Santo en toda la Diócesis de Jackson durante las 19 celebraciones de confirmación hasta la fecha.
De seguro estos son momentos extraordinarios, pero sólo pueden materializarse a causa de la ardiente presencia del Espíritu Santo en los corazones y en las mentes de las familias y de las comunidades parroquiales día a día. Para algunos la llama puede haber sido tan imperceptible como una luz piloto a la espera de ser agitados en algo más en el tiempo bueno de Dios. Sin embargo, el don de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, nos llama a todos de vuelta a nuestro Pentecostés, nuestro cumpleaños del Señor, donde podemos renovar nuestra identidad y vocación como discípulos suyos. Desde esa primera comunidad en Jerusalén a muchas comunidades a lo largo de nuestra diócesis, con María, el Papa Francisco y los recientemente confirmados, oramos juntos, Ven, Espíritu Santo y renueva la faz de la tierra.

El Papa Francisco ofrece una lección de santidad

Obispo Joseph Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
“Que mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea colmado” (Jn 15, 11). Estas fueron las palabras de Jesús en el Evangelio del domingo pasado cuando él estaba preparando a sus discípulos para su radical separación de ellos en la cruz. En la misma conversación los invita a una amistad divina y los instruye, o quizá les suplica a “que se amen unos a otros como yo los he amado a ustedes” (Jn 15:12-14). Este pasaje es el camino ideal de la reciente Exhortación publicada del Papa Francisco sobre la santidad, Gaudate et Exultate. El resto de esta columna es un resumen de este regalo del Papa Francisco a la Iglesia y al mundo. El Papa Francisco despierta el Espíritu Santo dentro de cada creyente. “Con esta exhortación me gustaría insistir principalmente en la llamada a la santidad que Dios dirige a cada uno de nosotros y que también la dirige personalmente a ustedes”. (10) Nos recuerda que estamos rodeados por una gran nube de testigos (Hebreos 12:1) tanto los vivos como lo que están con el Señor en la eternidad que rezan por nosotros, y dan testimonio de todo lo que Dios puede hacer en nuestras vidas. “Me gusta contemplar la santidad presente en la paciencia del pueblo de Dios. En aquellos padres que crían a sus hijos con inmenso amor, en aquellos hombres y mujeres que trabajan duro para mantener a sus familias, en los enfermos, en los ancianos religiosos que nunca pierden su sonrisa. En su diaria perseverancia veo la santidad de la Iglesia militante. Muy a menudo es una santidad que se encuentra en nuestros vecinos, esos que viven en medio de nosotros, reflejan la presencia de Dios. Podríamos llamarlos “la clase media de la santidad” (7).
En virtud de nuestra fe y el bautismo, “todos estamos llamados a ser testigos, pero hay muchas maneras reales de dar testimonio. “El poder del Espíritu Santo les permite hacer esto, y al final la santidad es el fruto del Espíritu Santo en su vida” (14). En efecto, “cada santo es un mensaje que el Espíritu Santo toma de las riquezas de Cristo y da a su pueblo” (21).
“Esto debe excitarnos y animarnos a dar nuestro todo y abrazar ese único plan que Dios ha querido para cada uno de nosotros desde la eternidad” (13). “Antes de darte la vida, ya te había escogido; y antes de que nacieras te consagré” (Jer. 1:5). El Papa Francisco reconoce que con todo el alboroto y correderas, engaños y distracciones de nuestro mundo moderno, la santidad puede ser un camino difícil de caminar, pero nada es imposible para Dios. “No le tengas miedo a la santidad. No te quitará nada de tu energía, vitalidad y alegría. Por el contrario te convertirás en lo que el padre tenía en mente cuando te creó, y serás fiel en lo más hondo de tu ser. El depender de Dios, nos libera de toda forma de esclavitud y nos lleva a reconocer nuestra gran dignidad” (35).
Francis ve a la Iglesia y al mundo con el corazón amoroso y la mente de Jesucristo y expone las amenazas a crecer en santidad. Él habla de un nosticismo día moderno cuyos adeptos quieres que todo sea claro y controlado hasta el punto de controlar la trascendencia de Dios. “El Gnosticismo, por su propia naturaleza, trata de domesticar el misterio, sea el misterio de Dios y su gracia, o el misterio de la vida de los otros” (40-41).
Por otro lado, hay un día pelagianismo moderno que lo atribuye todo a la voluntad humana y el trabajo. Tradicionalmente, esto ha sido conocido por ser una “teología sin ayuda de otros” por el cual podemos ganar o incluso comprar nuestro camino al cielo. En oposición a este profundo error, el Papa Francisco habla de un don puro. “Su amistad trasciende infinitamente a nosotros; no la podemos comprar con nuestras obras; sólo puede ser un don nacido de su iniciativa amorosa. Esto nos invita a vivir en gozosa gratitud por este don totalmente inmerecido” (54). “Pero gracias a Dios que ha dado la victoria sobre el pecado y la muerte por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1Cor 15:57).
Después el Papa Francisco nos abre la sabiduría de las Bienaventuranzas del Sermón del Monte. Bienaventurados los… o felices son … se convierte en un sinónimo de santo. Expresa el hecho de que aquellos que son fieles a Dios y a su palabra, por su entrega, obtienen la felicidad verdadera. A lo largo de varias páginas Francisco ofrece la sabiduría de Dios a la luz de la cruz y de la Resurrección, que a menudo es perseguida, burlada o ignorada. Los valores del mundo en cada época son una fuerte corriente contra la sabiduría de Dios, pero bienaventurados somos nosotros cuando nadamos en contra de ella por amor a Dios y a nuestros hermanos y hermanas (65-95).
El Papa Francisco también ve claramente los signos de santidad en la Iglesia y en el mundo moderno. Consideren a los que viven con perseverancia, paciencia y mansedumbre frente a la violencia del mundo, la frialdad e indiferencia. ¿Por qué? Porque “si Dios está a nuestro favor, ¿quién estará en contra de nosotros? (Romanos 8:31). Esta convicción es la fuente de paz y alegría de todos los santos y la gente santa (122). El rostro de santidad se manifiesta también en la alegría y el buen humor de muchos. Aunque totalmente realista, irradian un espíritu positivo y esperanzador. Si le permitimos al Señor que nos saque fuera de nuestro ambiente y cambie nuestras vidas, entonces podemos hacer como nos dice san Pablo: “Alégrense siempre en el Señor; repito, alégrense. (Flp 4:4) Vivir con audacia y pasión es otra característica de la santidad en nuestros tiempos, fundada en la promesa del Señor para estar con El hasta el final de los tiempos (Mt 28:20).
La audacia, el entusiasmo, la libertad de expresión, el fervor apostólico, son todos signos del Espíritu de Dios actuando, una luz en la oscuridad. ¿Con qué frecuencia el Papa Francisco dice, estamos tentados a permanecer cerca de la orilla, mientras que el Señor nos dirige a remar mar adentro? Como el profeta Jonás, estamos constantemente tentados a huir a un refugio seguro. Las personas santos y santas saben que este no es el camino de la santidad. “No teman”. La cuarta dimensión de la santidad en nuestro tiempo es saber que estamos llamados a vivir en comunidad, mínimamente donde están dos o tres reunidos en donde las personas aman los pequeños detalles de amor, ya sea la amistad, la familia, las comunidades eclesiales o el lugar de trabajo. San Juan de la Cruz le dijo a uno de sus seguidores. “Ustedes viven con otros para estar de moda y ser juzgados” (104). Las relaciones pueden ser crisoles donde el desafío de amarse el uno al otro se convierte en realidad. Como dice el poeta, “El Amor puede coronarte y crucificarte”.
Por último, está la llamada a la oración constante. “No creo en la santidad sin oración” son las sencillas palabras de nuestro Santo Padre (147). A menos que uno se siente a los pies del Señor, como lo hizo María, y “lo deje a él confortarte más y más con su amor y ternura, tú no podrás atrapar el fuego” (151).
La oración encuentra su cumplimiento definitivo en la misa donde juntos, la Palabra de Dios se convierte en “una lámpara para nuestros pasos y una luz en nuestro sendero (Salmo 119), y donde la Eucaristía, Pan de vida, es comunión con el Señor y el uno al otro, la fuerza para el camino y la promesa de la vida eterna.
Esto es sólo una idea de esta exhortación a la santidad, que es verdaderamente una luz para nuestro camino. Es una enseñanza por la cual podemos levantar nuestros corazones y nuestras mentes a Dios y a nuestro prójimo a fin de cumplir el plan de Dios para cada una de nuestras vidas. Gracias, Santo Padre Francisco. “Ven, Espíritu Santo. Llena los corazones de tus fieles”.

Holiness both ordinary, transcendent

Bishop Joseph Kopacz

By Bishop Joseph Kopacz
“That my joy will be in you and your joy may be complete.” (John 15, 11)
These were the words of Jesus in last Sunday’s Gospel when he was preparing his disciples for his radical separation from them on the Cross. In the same conversation he invites them into divine friendship and instructs them – or maybe pleads with them – to “love one another as I have loved you.” 15,12-14) This passage is the ideal pathway into Pope Francis’ recently published exhortation on holiness, Gaudate et Exultate. The remainder of this column is an overview of this gift of Pope Francis to the Church and to the world.
Pope Francis awakens the Holy Spirit within each believer. “With this exhortation I would like to insist primarily on the call to holiness that the Lord addresses to each of us, that he also addresses personally to you.” (10) He reminds us that we are surrounded by a great cloud of witnesses, (Hebrews 12,1) both living and with the Lord in eternity who pray for us and give witness to all that God can accomplish in our lives. “I like to contemplate the holiness present in the patience of God’s people. In those parents who raise their children with immense love., in those men and women who work hard to support their families, in the sick, in elderly religious who never lose their smile. In their daily perseverance I see the holiness of the Church militant. Very often it is a holiness found in our next-door neighbors, those who, living in our midst, reflect God’s presence. We might call them “the middle class of holiness.” (7)
By virtue of our faith and baptism we are all called to be witnesses, but there are many actual ways of bearing witness. “The power of the Holy Spirit enables you to do this and holiness in the end is the fruit of the Holy Spirit in your life.” (14) In fact, “every saint is a message which the Holy Spirit takes from the riches of Jesus Christ and gives to his people.” (21)
“This should excite and encourage us to give our all and to embrace that unique plan that God willed for each of us from eternity.” (13) “Before I formed you in the womb, I knew you and before you were born I consecrated you.” (Jer. 1,5) Pope Francis acknowledges that with all of the din and zapping, allurements and distractions of our modern world, holiness can be a difficult road to walk but nothing is impossible with God. “Do not be afraid of holiness. It will take away none of your energy, vitality or joy. On the contrary you will become what the Father had in mind when he created you and you will be faithful to your deepest self. To depend on God, sets us free from every form of enslavement and leads us to recognize our great dignity.” (35)
Pope Francis looks upon the Church and the world with the loving heart and mind of Jesus Christ and exposes the threats to growth in holiness. He speaks of a modern-day Gnosticism whose adherents want everything to be clear and controlled to the point of controlling God’s transcendence. “Gnosticism by its very nature seeks to domesticate the mystery, whether the mystery of God and his grace or the mystery of others’ lives.” (40-41)
On the other hand, there is modern day Pelagianism that attributes everything to human will and work. Traditionally, this has been known to be a “bootstrap theology” by which we can earn or even buy our way into heaven. In opposition to this profound error, Pope Francis speaks of pure gift. “His friendship infinitely transcends us; we cannot buy it with our works; it can only be a gift born of his loving initiative. This invites us to live in joyful gratitude for this completely unmerited gift.” (54) “But thanks be to God who has given the victory over sin and death through our Lord, Jesus Christ.” (1Cor 15,57)
Pope Francis then breaks open for us the wisdom of the Beatitudes from the Sermon on the Mount. “Blessed are the”… or “Happy are”…becomes a synonym for holy are. It expresses the fact those faithful to God and his word, by their self-giving, gain true happiness. Over several pages Francis offers God’s wisdom in the light of the Cross and Resurrection which often is persecuted, mocked or ignored. The values of the world in every age are a strong current against the wisdom of God, but blessed are we when we swim against it out of love for God and our brothers and sisters. (65-95)
Pope Francis also sees clearly the signs of holiness in the Church and in the modern world. Consider those who live with perseverance, patience and meekness in the face of the world’s violence, coldness and indifference. Why? Because “if God is for us, who can be against us?” (Romans 8,31) This conviction is the source of peace and joy of all the saints and holy people. (122)
The face of holiness is also seen in the joy and humor of many. Though completely realistic, they radiate a positive and hopeful spirit. If we allow the Lord to draw us out of our shell and change our lives, then we can do as Saint Paul tells us, “Rejoice in the Lord always; I say it again, rejoice”. (Phil 4,4) Living with boldness and passion is yet another feature of holiness in our times, grounded in the promise of the Lord to be with until the end of time. (Mt 28,20) Boldness, enthusiasm, the freedom to speak out, apostolic fervor, are all signs of the Spirit of God at work, a light in the darkness.
How often, Pope Francis says, are we tempted to stay close to the shore, whereas the Lords directs us to set out into the deep? Like the prophet Jonah, we are constantly tempted to flee to a safe haven. The saints and saintly people know that this is not the path to holiness. “Be not afraid.” The fourth dimension of holiness in our time is to know that we are called to live in community, minimally where two or three are gathered where people cherish the little details of love, whether this is in friendship, family, Church communities or in the workplace.
Saint John of the Cross told one of his followers. “You are living with others to be fashioned and tried.” (104) Relationships can be crucibles where the challenge to love one another becomes real. As the poet says. “Love can crown you and crucify you.” Lastly, there is the call to constant prayer. “I do not believe in holiness without prayer” are the straightforward words of our Holy Father. (147) Unless one sits at the feet of the Lord, as did Mary and “let him warm you more and more with his love and tenderness, you will not catch fire.” (151)
Prayer finds its ultimate fulfillment in the Mass where together the Word of God becomes “a lamp for our steps and a light for our path. (Ps 119) and where the Eucharist, the Bread of Life is communion with the Lord and one another, strength for the journey and the pledge of eternal life.
This is only a taste of this exhortation on holiness which is truly is a light for our path. It is a teaching by which we can raise up our hearts and minds to God and to our neighbor in order to fulfill God’s plan for each of our lives. Thank you, Pope Francis. “Come, Holy Spirit. Fill the hearts of your faithful.”
The exhortation is available online at the Vatican’s website

(Editor’s note: http://w2.vatican.va/content/francesco/en/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20180319_gaudete-et-exsultate.html. )

La Pascua invita a la reflexión sobre el Espíritu Santo

Obispo Joseph Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
Entre la Pascua y la fiesta de Pentecostés, 50 días, anunciamos las Escrituras que narran la historia del crecimiento de la Iglesia primitiva. Hace casi 2000 años, el Espíritu Santo, el cual resucitó a Jesús de entre los muertos, sacó a los 120 discípulos, reunidos en torno a los apóstoles y María, a las calles y al mundo para llevar la Buena Noticia de la salvación a todas las naciones.
Los Hechos de los Apóstoles, el complementario del evangelio de san Lucas, es la primera entrega de la efusión del prometido Espíritu Santo a ir a los confines de la tierra hasta el final de los tiempos, hasta que Jesucristo regrese.
Cada vez que la unción del Espíritu Santo se celebra en el sacramento de la Confirmación a lo largo de nuestra diócesis y en todas partes, el trabajo de Pentecostés continúa. Ah, pero hemos conocido la acción del Espíritu Santo mucho antes de Pentecostés.
Mientras nuestra nación observa cada año el Día de la Tierra el 22 de abril para celebrar el regalo del mundo natural, nosotros, como hijos de Dios, reconocemos el orden natural de las cosas como el don de la creación. “En el principio Dios creó los cielos y la tierra.
La tierra estaba sin forma y vacía, y la oscuridad cubría las aguas profundas. Y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas”, (Génesis 1:1-2). Por otra parte, Job 26:13 dice, “con un soplo dejó al cielo despejado” o “los hizo bellos”, y “el Espíritu de Dios me hizo, e infundió en mi su aliento”, (Job 33:4). Otro ejemplo es el Salmo 104:30 que dice, “Pero si envías tu aliento de vida, son creados, y así renuevas la faz de la tierra”.
El Espíritu Santo, el Ruaj Yahweh, en una forma mucho más personal, es la fuerza y la inspiración en el trabajo de los profetas de Israel. “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha consagrado para predicar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a aliviar a los afligidos, a proclamar la libertad a los cautivos y la libertad a los que están en la carcel” (Isaías 61:1).
Por supuesto, esta ardiente espera del Mesías se cumplió con la obra incesante del Espíritu Santo en María de Nazaret. “El ángel le dijo, el Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo descansará sobre ti como una nube; por eso el que ha de nacer será santo; él será llamado Hijo de Dios.” (Lucas 1:35).
Desde este primer momento de la Encarnación y a lo largo de su vida terrena, su muerte y resurrección, el Espíritu Santo acompañó a Jesús de Nazaret. El Espíritu se cernió sobre las aguas del bautismo del amado Hijo de Dios (Marcos 1:17-11) y a la vez llevó a Jesús al desierto (Marcos 1:12). Del desierto Jesús regresó a su hogar en la sinagoga en Nazaret para proclamar de Isaías que el Espíritu del Señor estaba sobre él, y lo que los profetas y las personas anhelaban fue cumplido al escucharlo a él (Lucas 4: 18).
Durante un momento clave de su ministerio público, Jesús se regocijó en el Espíritu Santo y alabó la grandeza de Dios, su padre (Lucas 10:21). Con su vida terrena al borde de la tortura y la muerte, Jesús les asegura a sus discípulos que “el Consolador, el Espíritu Santo, enviado por el Padre, él os enseñará todas las cosas”. (Juan 14:26)
En su carta a los Romanos, san Pablo describe una creencia fundamental de que el Espíritu de Dios resucitó a Jesús de entre los muertos (8:11).
Como había prometido, Jesús en una de sus apariciones de resurrección, un momento de pentecostés en el evangelio de Juan, sopló a los Apóstoles el don del Espíritu Santo y los envió al mundo a predicar y a bautizar, (Juan 20:22).
La aventura de la salvación, impulsada por el Espíritu Santo, continúa durante el tiempo pascual del 2018 hasta los confines de la tierra, y nuestras celebraciones de confirmación promueven la obra de salvación iniciada en el Nuevo Testamento. “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, judíos o no judíos, esclavos o libres, fuimos bautizados para forman un mismo cuerpo por medio de un solo espíritu y a todos se nos dio a beber de ese mismo espíritu, (1Cor. 12:13).
Cuando siento los dones del Espíritu trabajando en estas liturgias de confirmación recuerdo la profunda elocuencia de San Pablo en la Carta a los Corintios, “Nadie puede decir, “Jesús es el Señor”, excepto por el Espíritu Santo.
Ahora, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo, y hay diversidad de ministerios, pero el mismo Señor. Hay variedad de obras, pero es el mismo Dios quien produce todas las obras en cada persona. A cada persona se le ha dado la posibilidad de manifestar el Espíritu para el bien común, (1Cor 12,1ss). Nuestra identidad está firmemente establecida como hijos de Dios porque somos guiados por el Espíritu de Dios, (Rom 8:14).
A través de la fe y el bautismo, somos la morada del Espíritu Santo, templo de Dios (1Cor 3: 16-17), y los signos vivos de nuestro huésped son los frutos de amor, alegría, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Contra tales cosas no hay ley (Gálatas 5,22-23).
Como un pueblo peregrino que camina en el tiempo y que reside en cada rincón de la tierra habitable debemos seguir el mandato del Señor de predicar, bautizar y enseñarle a todos que él nos ha mandado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Mateo 28). En un Espíritu conducido por la fe, sus palabras siguen ardiendo en nuestros corazones, y continuamos reconociéndolo en la fracción del pan.
Aunque no somos del mundo, estamos en el mundo, y nuestro espíritu conducido por la fe nos obliga a reconocer que el Reino de Dios es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Romanos 14:17). Este es nuestro mandato y plantilla para vivir con la mente y el corazón de Jesucristo.

Easter invites reflection on Holy Spirit

Bishop Joseph Kopacz

By Bishop Joseph Kopacz
Between Easter and the feast of Pentecost, 50 days, we proclaim the Scriptures that tell the story of the growth of the early Church. Nearly 2,000 years ago the Holy Spirit, who raised Jesus from the dead, drove the 120 disciples, gathered around the Apostles and Mary, out into the streets and into the world to bring the Good News of salvation to all the nations.
The Acts of the Apostles, Saint Luke’s companion piece to his gospel, is the first installment of the outpouring of the promised Holy Spirit to go to the ends of the earth until the end of time, until Jesus Christ comes again. Each time the anointing of the Holy Spirit is celebrated in the Sacrament of Confirmation throughout our Diocese of Jackson and everywhere, the work of Pentecost continues.
Oh, but we have known the action of the Holy Spirit long before Pentecost. As our nation observes Earth Day each year on April 22, to celebrate the gift of the natural world, we, as God’s children, recognize the natural order of things as the gift of creation. “In the beginning God created the heavens and the earth. The earth was formless and empty, and darkness covered the deep waters. And the Spirit of God was hovering over the surface of the waters.” (Genesis 1:1-2) Moreover, Job 26:13 says, “by His breath the heavens are cleared” or “made beautiful,” and “the Spirit of God has made me, and the breath of the Almighty gives me life.” (Job 33:4) Another instance is Psalm 104:30 which says, “You send forth Your Spirit; they are created, and You renew the face of the ground.”
The Holy Spirit, the Ruach Yahweh, in a much more personal way, is the power and inspiration at work in Israel’s prophets. “The Spirit of the Lord GOD is upon me; because the Lord has anointed me to preach good tidings to the meek; he has sent me to bind up the brokenhearted, to proclaim liberty to the captives, and the opening of the prison to all who are bound;” (Isaiah 61,1)
Of course, this burning expectation for the Messiah is fulfilled with the unceasing work of the Holy Spirit in Mary of Nazareth. “The angel said to her, the Holy Spirit will come upon you, and the power of the Most High will overshadow you; therefore the child to be born will be holy; he will be called Son of God.” (Luke 1,25ff). From this first moment of the Incarnation and throughout his earthly life, death and resurrection, the Holy Spirit accompanied Jesus of Nazareth. The Spirit hovered over the waters of the baptism of the beloved Son of God, (Mark 1,7-11) and then at once drove Jesus out into the wilderness. (Mark 1,12).
From the desert wilderness Jesus returned home to the synagogue in Nazareth to proclaim from Isaiah that the Spirit of the Lord was upon him, and that which the prophets and people yearned for was fulfilled in their hearing in him. (Luke 4,18)
During a pivotal moment of his, public Jesus rejoiced in the Holy Spirit and praised the greatness of God, his Father. (Luke 10,21)
With his earthly life on the verge of torture and death, Jesus assures his disciples that “the Helper, the Holy Spirit, sent by the Father, will teach you all things.” (John 14,26) In his letter to the Romans, Saint Paul portrays a fundamental belief that the Spirit of God raised Jesus from the dead. (8,11) As promised, Jesus in one of his resurrection appearances, a Pentecost moment in the Gospel of John, breathed into his apostles the gift of the Holy Spirit and sent them into the world to preach and baptize. (John 20,22)
The adventure of salvation prompted by the Holy Spirit continues during the Easter season 2018 to the ends of the earth, and our celebrations of Confirmation further the work of salvation begun in the New Testament. “For by one Spirit are we all baptized into one body, whether we be Jews or Gentiles, whether we be bound or free; and have been all made to drink of the one Spirit. (Cor. 12,13)
When I experience the gifts of the Spirit at work in these Confirmation liturgies I recall the profound eloquence of Saint Paul in Corinthians. “No one can say, “Jesus is Lord,” except by the Holy Spirit. Now there are varieties of gifts, but the same Spirit, and there are varieties of ministries, but the same Lord. There are varieties of works, but it is the same God who produces all the works in everyone. To each person has been given the ability to manifest the Spirit for the common good. (1Cor 12,1ff).
Our identity is firmly established as God’s children because we are led by God’s Spirit. (Rom 8,14). Through faith and baptism we are the dwelling place of the Holy Spirit, God’s temple (1Corinthians 3, 16-17), and the living signs of our guest are the fruits of love, joy, peace, patience, kindness, goodness, faithfulness, gentleness and self-control. Against such things there is no law. (Galatians 5,22-23). As a pilgrim people journeying through time and residing in every inhabitable corner of the earth we further the Lord’s mandate to preach, baptize and teach all that he has commanded us in the name of the Father, Son and Holy Spirit. (Mathew 28).
In Spirit-led faith, his words continue to burn in our hearts, and we continue to recognize him in the breaking of the bread. Although we are not of the world, we are in the world, and our Spirit-led faith compels us to recognize that the Kingdom of God is about justice, peace and joy in the Holy Spirit. (Romans 14,17) This is our mandate and template for living with the mind and heart of Jesus Christ.

La misión en Saltillo continúa creciendo

Obispo Joseph Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
Una amplitud y profundidad de liturgias y fiestas marcaron los cuatro días de mi cuarta visita pastoral a la Misión San Miguel en Saltillo y a sus ranchos en lo alto del desierto con Mons. Mike Flannery. Era el fin de semana del domingo de la Divina Misericordia dentro de la octava de Pascua, un tiempo en que la Iglesia universal está alegremente encontrando al Señor crucificado y resucitado en la efusión de su amorosa compasión. Poco después de haber llegado el jueves por la tarde, celebré la Santa misa en la iglesia de la Divina Misericordia, la cual está funcionando desde su consagración hace dos años. La Novena de la Divina Misericordia, que comienza el viernes Santo, se observa durante toda la octava de Pascua, una semana que hace realidad lo que fue prometido durante la conmemoración de la Semana Santa con el Triduo Sacro. En efecto, nuestro Señor crucificado ha resucitado verdaderamente y su misericordia es eterna. Esta esperanza viva fue evidente en la devoción de los fieles, antes, durante y después de la misa, proporcionando un buen comienzo para la visita pastoral.
El maratón comenzó el viernes con nuestra partida a los ranchos a las 7 de la mañana. La primera de tres Misas de confirmación de ese día tuvo lugar en la Iglesia San Francisco a las 9 a.m. Fue alentador ver a los jóvenes con sus padres y padrinos en la iglesia vistiendo su atuendo formal, despiertos y deseosos de celebrar la confirmación. En la fiesta había una abundancia de comidas recién preparadas y sopa.
De allí salimos hacia el escabroso paisaje del desierto a visitar a las familias de cinco ranchos más para celebrar dos misas de confirmaciones y tres servicios cortos de oración. Como es costumbre, cuando la camioneta se acerca a cada rancho (comunidad) el conductor comienza a tocar la corneta por unos buenos cinco minutos para alertar a la gente que los misioneros han llegado. Al llegar a la iglesia tocan las campanas para dar la bienvenida a cualquier persona que no haya escuchado la corneta para reunirse para orar. Es estimulante el acompañar a estos dedicados sacerdotes, a los catequistas, a los choferes y a los jóvenes que trabajan en los diversos ministerios litúrgicos: servidores del altar, coro, lectores y sacristanes que viajan hacia los márgenes de la diócesis de Saltillo unas pocas veces cada semana. Esto no es una novedad para ellos.
Un día completo de viaje en el alto desierto del estado de Coahuila es una fascinante experiencia que penetra los huesos y la médula ósea. Aquí es donde los caminos no son caminos, sino apenas tramos navegables sobre largos senderos. Pero el paisaje del alto desierto es fascinante y cambiante. En algunas extensiones hay arbustos y cactus cuyas flores en abril ablandan sus defensas espinosas. Una especie de cactus luce un tono rojo que es encantador. Después de un tiempo el paisaje cambia y aparecen grandes árboles de palma con configuraciones creativas que en las sombras del anochecer o amanecer la imaginación podría ver fácilmente contorsiones amenazantes o entretenidas caricaturas. A veces en senderos estrechos uno puede ver en lo alto cordilleras sobresalientes o mirar hacia abajo y ver un terrorífico precipicio en cañón. Siempre había polvo, avivado por el constante trote de los neumáticos sobre superficies rocosas que no favorecieron la lectura o una siesta.
Sin embargo, con la misión siempre delante de nosotros, todo mereció la pena o, como uno dice en español, vale la pena. La prueba de resistencia del viernes terminó a las 8:30 p.m. en El Cuervo, un hotel de cacería situado en 10,000 acres de tierra, que es el hogar de una gran variedad de vida salvaje del desierto donde los cazadores vienen de todo México para probar sus habilidades en el desierto. Es realmente un hotel muy confortable, donde hemos sido tratados excepcionalmente bien por los propietarios durante los últimos tres años.
Dejamos El Cuervo bien temprano el sábado cuando estaba amaneciendo sobre el desierto para un recorrido de dos horas a la Capilla del Ejido la Brecha. Con el Obispo Raúl Vera, el Ordinario de Satillo, acompañándonos para celebrar la misa, bendecimos y colocamos la primera piedra, el primer paso para una nueva iglesia en el sitio. Nombrada por San José, modelo de los esposos, la fecha escogida para la consagración es el 1 de mayo de 2019, día de la fiesta de San José. Después de otra fiesta nos dirigimos a la Presa de San Pedro donde celebramos la confirmación con 24 candidatos, el mayor número en este año en curso. Al llegar a Saltillo por la tarde el Padre Mike y yo, junto con el Padre David y el Padre Evelio, dedicados sacerdotes de la Misión de San Miguel, tuvimos una agradable cena con el Obispo Raúl Vera.
En la mañana del domingo, la fiesta de la Divina Misericordia, nos quedamos en casa, por así decirlo, y celebramos dos misas festivas para este día de la Pascua de la misericordia. El agua fluyó en nuestra misa de las 9 a.m. con la renovación de las promesas bautismales, seguida del bautismo de siete niños después de la homilía. La celebración de la última confirmación enriqueció notablemente la misa de la 1 de la tarde, y el Obispo Vera, predicó y concelebró. Su profética homilía no será olvidada pronto por todos los asistentes, un apasionado llamado a ungir nuestras sociedades con el aceite mayor de justicia y paz. Descansado ahora y volviendo a pensar en inglés, recuerdo las últimas palabras del Evangelio de San Juan para el Domingo de la Divina Misericordia. “Estos signos de Jesús son grabados para que creáis que Jesús es el Mesías, el hijo de Dios, a fin de que creyendo, tengáis vida en su nombre.” La vida en su nombre abunda en la misión de Saltillo y nosotros, los fieles de Jackson y Biloxi, somos una parte importante de este camino de fe. Gracias a Dios.
Mañana es un día de descanso antes de viajar a Aguascalientes para la ordenación al diaconato de Adolfo Suárez-Pasillas en su parroquia natal. Un agradable cansancio se ha asentado en mí.

Saltillo mission continues to expand

Bishop Joseph Kopacz

By Bishop Joseph Kopacz
A breadth and depth of liturgies and fiestas marked the four days of my fourth pastoral visit to the Saltillo Mission of San Miguel and its high desert ranchos with Msgr. Mike Flannery. It was Divine Mercy weekend within the Octave of Easter, a time when the universal Church is joyfully encountering the crucified and risen Lord in the outpouring of his loving compassion. Shortly after arriving on Thursday, I celebrated Mass in the church of Divina Misericordia, functioning now for two full years since its consecration. The Novena to Divine Mercy which begins on Good Friday, is observed throughout the Octave of Easter, a week that brings to fruition that which was promised throughout the Holy Week commemoration with the Sacred Triduum. Indeed, our crucified Lord is truly risen and his mercy endures forever. This living hope was apparent in the devotion of the faithful before, during and after Mass, providing a fitting start to the pastoral visit.
The marathon began on Friday with our departure to the ranchos at 7 a.m. Our first of three Confirmation Masses that day took place at the Church of San Francisco at 9 a.m. It was inspiring to see los jovenes, (the young people), with their padres and padrinos in formal church attire awake and eager to celebrate Confirmation. The fiesta afterwards teemed with an abundance of freshly made foods and soup. From there we set out for the rugged desert landscape to visit the families of five more ranchos to celebrate two more Confirmation Masses, as well as three shorter prayer services. As is the custom, when the van approached each rancho the driver would lay on the horn for a good five minutes to alert the people that the missionaries have arrived. Upon driving up to the church the bells are then rung to welcome anyone who may have missed the vehicle’s call to gather for prayer.
It is stirring to accompany these dedicated priests, catechists, drivers and young people who serve in various liturgical ministries: altar servers, chorus, readers and sacristans who travel to the margins of the Saltillo Diocese a few times each week. This is not a novelty for them.
A full day of riding in the high desert of the state of Coahuila is a riveting experience that penetrates bone and marrow. This is where roads are not roads but scarcely navigable trails over long stretches. But the high desert landscape is captivating and ever-changing. For some tracts it is shrubbery and cactus plants whose April blossoms soften their thorny defenses. One species of cactus plant sports a red hue that is enchanting. After a time, the landscape shifts to large palm-like trees sporting creative configurations that in the shadows of dusk or dawn one’s imagination could easily see threatening contortions or entertaining caricatures. At times on narrow passes one could look up at jutting ranges or look below at a scary drop-off into a canyon.
Always there was dust, stirred up by the constant drum beat of tires upon rutted surfaces that did not favor reading or napping. However, with the mission always before us, it was all worth it, or as one says in Spanish, vale la pena. Our Friday test of endurance ended at 8:30 p.m. at El Cuervo, a Hunting Lodge on 10,000 acres of land, that is home to a variety of desert wildlife to where hunters come from all over Mexico to test their skills in the wilderness. It’s actually a very comfortable lodge where we have been treated exceptionally well by the owners over the past three years.
We left El Cuervo bright and early on Saturday as dawn was breaking over the desert for a two-hour ride to La Capilla del Ejido la Brecha. With Bishop Raul Vera, the Ordinary of Saltillo, on hand to celebrate the Mass we blessed and placed La Primera Piedra, the first stone, the first step to a new church on the site. Named for San Jose, Modelo de los Esposos (Saint Joseph, model for married men) the target date for the consecration is May 1, 2019, the feast of Saint Joseph.
Following another fiesta, we drove on to Presa San Pedro where we celebrated Confirmation with 24 candidates, the largest number on this year’s circuit.
Arriving back in Saltillo by late afternoon Father Mike and I, along with Padre David and Padre Evelio, the dedicated priests of the San Miguel Mission, had a leisurely dinner with Bishop Raul Vera.
On Sunday morning, the feast of Divine Mercy, we stayed at home so to speak and celebrated two festive Masses for this Easter day of Mercy. The water flowed at our 9 a.m. Mass with the renewal of our Baptismal promises, followed by the Baptism of seven children after the homily. The final celebration of Confirmation greatly enriched the 1 p.m. Mass at which Bishop Vera preached and concelebrated. His prophetic homily will not soon be forgotten by all in attendance, a passionate plea to anoint our societies with the oil of greater justice and peace.
Unwinding now and back to thinking in English I recall the final words of the Gospel of John for Divine Mercy Sunday. “These signs of Jesus are recorded in order that you may believe that Jesus is the Messiah, the son of God, so that believing, you may have life in his name.” Life in his name abounds in the Saltillo Mission and we, the faithful of Jackson and Biloxi, are an important part of this journey of faith. Gracias a Dios.
Tomorrow is a day of rest before traveling to Aguascalientes for the Diaconate ordination of Adolfo Suárez -Pasillas in his home parish. A pleasant tiredness has settled in.

New Year offers chance to dedicate time to service

Kneading Faith
By Fran Lavelle
I got a text from our great nephew Drew the other day inquiring, “How would I request Billy Graham as a saint?” He is 11 years old and a cradle Catholic. But growing up in Mississippi he has had his fair share of friends of all faith traditions. His simple question really stirred my thinking.
I have avowed for many years that young people are telling us their truth. We saw it recently with the school walk out. The question is as adults, catechists, teachers, pastors and parents are we able to hear them? In Matthew 19:14 Jesus said, “Let the little children come to me, and do not hinder them, for the kingdom of heaven belongs to such as these.” I think of the young people in my life. I think about how they are yearning for authenticity, meaning and purpose.
All generations are a product of the family and the culture. As catechists and adults responsible for the faith formation of our young people, we are called to engage and inspire our youth to live the Gospel. Hopefully they are being shaped and formed to reflect the love of God on Earth. It baffles me that adults make generalizations about an entire generation without reflecting on their own youth. Sometimes we speak of young people like they were delivered by an alien spaceship and we don’t quite know what to make of them. Or they attribute these generalizations to the “culture.” Guess what folks, we formed these young people and we are part of the culture.
That takes me back to our great nephew Drew. Drew is all boy. He goes 100-miles an hour and stops for air, food and sleep only when necessary. He loves visiting his grandparents in the country. He loves fishing, playing sports and hanging out with his family. But he is also very deeply introspective, funny, thoughtful, and smart.
A few years ago, before he made his First Communion, we were at the family pool and I asked him to tell his Opa what the epiclesis is. Without skipping a beat, he placed his hands in the proper posture and said, “It’s when the priest calls down the Holy Spirit to change the bread and wine into Jesus.” He was very matter of fact about it. But, in his casual reply you could tell that he not only knew this intellectually, he perceived with the eyes and heart of faith.
To his parents’ credit all three children are bright, kind, caring and faith filled young people. It is obvious that somewhere in their day they find time to think about important questions, have thoughtful conversations and are present to one another. After all, he was inquiring if I knew how one goes about getting Billy Graham canonized. This kind of thoughtfulness comes from a place where questions and inquiry are encouraged. He has not grown up in a place where everyone he meets is Catholic, far from it. And, because of that, it is entirely possible for him to see people of other faith traditions as good, holy, and virtuous examples of faith.
In my response to Drew I told him that the formal process of canonization took quite a long time and is a very detailed process. While a non-Catholic has not been formally recognized as a saint it is far from me to say it could never happen. What is most telling about his inquiry is that Drew did not question if a Southern Baptist preacher could be a saint, he wanted to know how we could go about making it happen. I assured him that the Church recognizes countless people who are uncanonized saints, those faithful Christians who have entered into the presence of God for all eternity. We see this clearly referred to in Revelation 7:9, as the “great multitude, which no one could count, from every nation, race, people, and tongue. They stood before the throne and before the Lamb, wearing white robes and holding palm branches in their hands.” We have reason to hope that we know a lot of souls in the canon of saints. I think of my Dad and my grandparents as saints. Billy Graham too.
Drew, as well as his siblings and parents, remain in my prayers of thanksgiving. They remind me that we are not lost as long as we keep seeking God in all things, asking good questions, and looking for truth with the eyes of faith and love. “Dear young people, please, don’t be observers of life, but get involved. Jesus did not remain an observer, but he immersed himself. Don’t be observers, but immerse yourself in the reality of life, as Jesus did.” — Pope Francis, July 27, 2013 Youth Prayer Vigil at Rio. Keep asking good questions, Drew. It’s one of the best ways to stay immersed in the reality of life.

(Fran Lavelle is the director of Faith Formation for the Diocese of Jackson.)

Sitios cristianos benefician de visitas, colecciones locales

Obispo Joseph Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
Para los peregrinos que visitan la Tierra Santa, en cualquier momento desde que la peregrinación comienza, la meta y la experiencia culminante son la llegada a Jerusalén. Este es precisamente el camino de salvación que los evangelistas, Mateo, Marcos, Lucas y Juan describen en sus narraciones de la vida, muerte y resurrección del Señor Jesús.” Su ministerio público comenzó en Galilea y continuó hacia el sur como el Río Jordán en dirección a Jerusalén. Seguimos este corredor del Evangelio en la reciente peregrinación patrocinada por los Caballeros y Damas del Santo Sepulcro. Al principio nos instalamos en el área del Mar de Tiberias en el norte de Israel, la ubicación de Nazaret, Cafarnaún, Cana, el Sermón de la montaña y la Transfiguración, antes de dirigirnos al sur hacia Jerusalén. Aunque la región está azotada por el odio, la violencia y los brotes periódicos de hostilidades mortíferas, una realidad consistente es que los peregrinos son siempre bienvenidos. Obviamente, esto es lo pragmático que hay que hacer, pero este es también un signo del infinito respeto y buena voluntad que muchos en Israel y Palestina, judíos y musulmanes por igual, tienen las antiguas iglesias cristianas.
Sin duda, para los cristianos que trágicamente están disminuyendo en número a través del patriarcado de Jerusalén, la Iglesia madre de toda la cristiandad que engloba a Israel, Palestina y Jordania, la presencia de los peregrinos es crítica para su supervivencia. “Las peregrinaciones son una forma de sustento para la supervivencia de miles de familias.” (Cardenal Leonardo Sandri: Congregación de las Iglesias Orientales: carta de llamamiento del Viernes Santo) No sé el impacto financiero total anual de los peregrinos que vienen de todo el mundo, pero es sustancial. Sin embargo, podemos cuantificar el dinero que se recolecta para la Tierra Santa cada año el Viernes Santo. El año pasado, los católicos en los Estados Unidos, incluyendo la Diócesis de Jackson, la cual recaudó más de $32,000, contribuyeron más de $20.000.000 para la misión y ministerios del Patriarcado Latino de Jerusalén. Con esta generosidad, los fieles de la Tierra Santa renovaron y restauraron la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén y la Iglesia de la Natividad en Belén. Recientemente estalló un conflicto cuando la Municipalidad Judía de Jerusalén con una inminente votación en la Knesset, iba a codificar un derecho tributario opresivo a las iglesias cristianas con la posibilidad de exclusión y confiscación de propiedades si las cuotas no eran pagados. Las tradiciones cristianas que supervisan la Iglesia del Santo Sepulcro, los ortodoxos, armenios y católicos, respondieron con el cierre temporal de este lugar sagrado de la crucifixión y entierro del Señor.
Esto provocó una reacción internacional y la Knesset canceló la votación, al menos por ahora. Naturalmente, los cristianos no deberían embarcarse en una cruzada en el sentido clásico, sino espiritual y el apoyo económico sí importa. La generosidad, la oración y la atención de muchos católicos y otros cristianos el viernes Santo y durante todo el año hacen una diferencia. ¿Por qué deberíamos estar preocupados? “La fe cristiana tuvo el primer impulso de la Iglesia madre de Jerusalén, la cual tiene una vocación especial para vivir la fe en un contexto multi-religioso, político, social y cultural, nada menos que para mantener viva la memoria de nuestra redención”. (Cardenal Sandri) Por supuesto, no es sólo una cuestión de preservar los sitios antiguos, sino también de fomentar la misión universal de nuestro Señor crucificado y resucitado a través de los ministerios modernos de las Iglesias que luchan por sobrevivir y prosperar.
El Cardenal Sandri escribe, “a pesar de las dificultades y las inseguridades, las parroquias continuan sus servicios pastorales con una atención preferencial a los pobres. Esperamos contra toda esperanza, que las escuelas sirvan como un lugar de encuentro entre cristianos y musulmanes, donde preparen un futuro de respeto mutuo y colaboración, que los hospitales, las clínicas y centros de reunión continuen acogiendo a los que sufren y a los necesitados, a los refugiados y a personas desplazadas, personas de todas las edades y religiones, golpeados por el horror de la guerra.
Un gran número de ellos están en edad escolar, que apelan a nuestra generosidad para reanudar su vida escolar y el sueño de un futuro mejor.” En su carta el Cardenal Sandri amplía la situación de muchos cristianos de toda la región. “Nuestra atención se dirige a la pequeña comunidad cristiana en el Oriente Medio, la cual sigue sosteniendo la fe entre las personas desplazadas procedentes de Irak y Siria y entre los refugiados en Jordania y el Líbano. La Jornada Mundial de la Paz del papa fue dirigida a la crisis de los refugiados. “En un espíritu de compasión abracemos a todos aquellos que abandonan su patria huyendo de la guerra y del hambre, o forzados por la discriminación, la persecución, la pobreza y la degradación ambiental”. La mayoría de los cristianos iraquíes y sirios quiere regresar a su propia tierra donde sus casas fueron destruidas, con escuelas, hospitales e iglesias devastadas. No los dejemos solos.”
Sabemos que el camino cuaresmal no es un acto solitario, sino un itinerario de solidaridad por el cual cada uno de nosotros está llamado a la pausa y, como el Buen Samaritano, a acompañar a nuestros hermanos que por muchas razones les es difícil levantarse y continuar su viaje. Esto es claramente la realidad en la Tierra Santa y en todo el Oriente Medio y oramos para que la colecta del Viernes Santo eleve a nuestras hermanas y hermanos cristianos. Somos bendecidos por haber podido hacer una peregrinación a la Tierra Santa, una vez en la vida quizás, pero una vez al año durante la Semana Santa, podemos hacer una peregrinación espiritual mediante la oración y la generosidad para estar en solidaridad con muchos que están sufriendo persecución y penurias. Por favor, sean generosos.

Las Iglesias en Jerusalén cierran el Santo Sepulcro  en señal de  protesta

https://ofm.org/es/blog/las-iglesias-jerusalen-cierran-santo-sepulcro-senal-protesta/