Ciudadanía fiel y nuestra responsabilidad política

“La conciencia es la voz de Dios que
resuena en el corazón humano, nos revela la verdad y nos llama a hacer el bien
mientras rechazamos lo que es malo.”
– Ciudadanía Fiel

Por Obispo Joseph R. Kopacz, D.D.
Con elecciones en el horizonte cercano, a nivel nacional, estatal y local, la Iglesia Católica en los Estados Unidos, una vez más, participa activamente en el proceso político para promover el bien común: una cultura de vida, justicia y paz. Hay una división obvia en la iglesia y en la nación sobre los candidatos y los temas, quizás más estridente hoy en día, pero ciertamente nada nuevo. Las redes sociales y el ciclo de noticias de 24 horas avivan incesantemente sobre los fuegos del partidismo las brasas que con tanta intensidad arden, tal como los fuegos que consumen millones de millas cuadradas en los estados del oeste. Desafortunadamente, entonces, la política en nuestro país a menudo puede ser una competencia de intereses poderosos, ataques partidistas, fragmentos de sonido y exageración de los medios. Sin embargo, como nos recuerda el Papa Francisco, “la política, aunque a menudo denigrada, sigue siendo una vocación elevada y una de las formas más elevadas de caridad en la medida en que busca el bien común”. Con este espíritu, la iglesia busca ser una brújula confiable para votar en noviembre, un llamado a la fe y la razón en la quietud de la conciencia de cada uno.

Obispo Joseph R. Kopacz

En esta edición del periódico, usted puede encontrar número la introducción al documento de los obispos, titulado “Ciudadanía Fiel” (Faithful Citizenship, por su nombre en inglés). Es un documento, refinado durante décadas de ciclos electorales, que se ha forjado en el fuego de la verdad del Evangelio y la enseñanza de la iglesia durante casi 2000 años. Los obispos afirman: “La comunidad católica aporta importantes activos al diálogo político sobre el futuro de nuestra nación. Traemos un marco moral consistente, extraído de la razón humana básica que está iluminado por las Escrituras y la enseñanza de la iglesia, para evaluar problemas, plataformas políticas y campañas. También aportamos una amplia experiencia en el servicio a los necesitados y la educación de los jóvenes.” Desde esta abundante y fructífera tradición de fe, educación y acción social, el Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda: “Es necesario que todos participen, cada uno según su posición y función, en la promoción del bien común… En la medida de lo posible los ciudadanos deben participar activamente en la vida pública.” CCC 1913-15
“En esta declaración, los obispos no pretendemos decirles a los católicos por quién o contra quién votar. Nuestro propósito es ayudar a los católicos a formar su conciencia de acuerdo con la verdad de Dios. Reconocemos que la responsabilidad de tomar decisiones en la vida política recae en cada individuo a la luz de una conciencia debidamente formada, y que la participación va mucho más allá de emitir un voto en una elección en particular.”
Ciudadanía Fiel afirma, además, “La conciencia es la voz de Dios que resuena en el corazón humano, nos revela la verdad y nos llama a hacer el bien mientras rechazamos lo que es malo. Finalmente, la reflexión orante es fundamental para discernir la voluntad de Dios”. El clero y los laicos tienen roles complementarios en la vida pública. Los obispos tenemos la responsabilidad primordial de transmitir la doctrina moral y social de la Iglesia, y como enseñó el Papa Benedicto en Deus Caritas Est, “El deber directo de trabajar por un orden justo de la sociedad es propio de los fieles laicos.” #29
Para formar conciencias y promover un ordenamiento justo de la sociedad, la enseñanza de la iglesia se basa en cuatro pilares: la dignidad de la persona humana hecha a imagen y semejanza de Dios – fomentando el bien común que es un compromiso para establecer condiciones donde todos puedan prosperar – solidaridad, que nace de la convicción de hijos de Dios, que la unidad construida sobre la cooperación y la colaboración siempre que sea posible es el objetivo: la subsidiariedad, el empoderamiento de las personas, las familias y las entidades locales. Basándonos en estos principios, oramos, trabajamos, servimos y votamos para hacer el bien y evitar el mal.
Los siguientes extractos de Ciudadanía Fiel van al meollo del asunto de los ciudadanos votantes. “Los católicos a menudo enfrentan decisiones difíciles sobre cómo votar. Por eso es tan importante votar de acuerdo con una conciencia bien formada. Un católico no está en buena conciencia si vota por un candidato que favorece una política que promueve un acto intrínsecamente malo, como el aborto, la eutanasia, el suicidio asistido, la guerra injusta, someter a los trabajadores a condiciones de vida infrahumanas, tortura, comportamiento racista, p. Ej. si la intención del votante es apoyar esa posición. En tales casos, un católico sería culpable de cooperación formal en un mal grave.” Al mismo tiempo, “puede haber ocasiones en que un católico que rechaza la posición inaceptable de un candidato, incluso en políticas que promuevan un acto intrínsecamente maligno, puede decidir responsablemente votar por ese candidato por otras razones moralmente graves. Votar de esta manera sería permisible solo por razones morales verdaderamente graves, no para promover intereses estrechos o preferencias partidistas o para ignorar el mal moral fundamental.”
Como católicos, está en nuestro ADN estar “muy adentro” en todas las dimensiones de la vida, incluida la esfera política. El Señor Jesús nos llama a ser “sal y luz” para crear sociedades de vida, justicia y paz. El Papa Francisco nos lo recuerda. “Una fe auténtica implica siempre un deseo profundo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar esta tierra mejor de lo que la encontramos. Amamos este magnífico planeta en el que Dios nos ha puesto, amamos a la familia humana que Dios ha puesto aquí, con todas sus tragedias y luchas, sus esperanzas y aspiraciones, sus fortalezas y debilidades. La tierra es nuestro hogar común y todos somos hermanos y hermanas.”

Semana Nacional de Vocaciones

Sacerdotes. Hermanos. Hermanas.
Noviembre 1 – 7

La hermana Felician Marget Padilla habla con peregrinos en el centro de evangelización de la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, Polonia, en esta foto de archivo de 2016. La Semana Nacional de Concientización sobre las Vocaciones es del 1 al 7 de noviembre de 2020 (foto del CNS/Bob Roller

Amy Coney Barrett de la Corte de Apelaciones de los Estados Unidos

(CNS photo/Drew Angerer, Pool via Ruerters)

La jueza Amy Coney Barrett de la Corte de Apelaciones de los Estados Unidos para el Séptimo Circuito, nominada por el presidente Donald Trump para la Corte Suprema de los Estados Unidos, habla en su audiencia de confirmación ante el Comité Judicial del Senado en Capitol Hill en Washington el 13 de octubre de 2020 El Comité Judicial del Senado, con objeciones de los demócratas, dijo que votarían sobre la nominación de Barrett el 22 de octubre. Después de la votación del comité, el líder de la mayoría del Senado, Mitch McConnell, republicano por Kentucky, determinará cuándo trasladar la nominación al Senado para una votación, que se espera que tenga lugar la semana del 26 de octubre. (Foto del CNS/Drew Angerer, Pool vía Reuters)

¿Por cuál candidato imperfecto he de votar?

Por Hosffman Ospino Catholic News Service
JACKSON – Las elecciones nos invitan a votar como ciudadanos y a escoger a quienes consideramos como los mejores servidores públicos preparados para responder a las exigencias y circunstancias del tiempo presente.
Ya sea que el propósito sea elegir al presidente del país o a los miembros del comité escolar en nuestras localidades, como ciudadanos queremos servidores públicos que sean decentes, trabajadores, dedicados al bien común, que respeten la vida y la dignidad humana en todo momento, comprometidos con la verdad y la justicia, idóneos y capaces de trabajar con otras personas. Como papá de dos niños abriéndose camino en la vida, quiero servidores públicos que inspiren y den buen ejemplo.
La expectativa es exigente pero no imposible. Con un poco de disciplina, cualquier persona puede llegar a encarnar estos rasgos. Los enseñamos en nuestros hogares y escuelas. Escuchamos de ellos en nuestras iglesias. Le aseguramos a nuestros hijos y nietos que sí son posibles.
Cultivamos dichos rasgos para asegurar un mínimo de civismo. Veneramos a quienes los viven de manera ejemplar. Cuando las personas los cultivan con el propósito de llevar a otros a Cristo, proclamando el Evangelio y confiando explícitamente en la gracia de Dios, entonces hablamos de santidad.

Sin embargo, ser santo no es un requisito para ser elegido como servidor público. Tampoco ser perfecto. Los candidatos políticos hacen una labor excelente resaltando sus logros y fortalezas. En medio de sus campañas sus imperfecciones también salen a la luz pública. Al final de cuentas, son humanos como cualquiera de nosotros.
Reconocer el lado humano de nuestros líderes políticos es importante. Tratarlos como figuras mesiánicas es simplemente idolatría. Esperar que no tengan faltas es ingenuo.
Es común que las campañas políticas se valgan de lenguaje que evoque la lucha entre el bien y el mal. No nos debe sorprender. Este es un tema que juega un papel fundamental en nuestro imaginario literario, religioso y de cultura popular. Sin embargo, dicho dualismo se hace tóxico e incluso peligroso cuando impone que las personas encajen en un lado o el otro.
La tradición católica afirma que toda persona es intrínsecamente buena. Aun así, como seres finitos tenemos que aceptar nuestras imperfecciones y limitaciones. ¿Por cuál de los candidatos imperfectos he de votar?

Ningún candidato político representará fielmente las esperanzas más nobles de las comunidades de fe, lo cual no es novedad. Ninguno lo ha hecho o lo hará. Lo mínimo que podemos esperar de aquellos candidatos que se identifican con una tradición religiosa es que se inspiren en los mejores elementos de esta tradición para servir a todos por igual.
El sistema político estadounidense no es una teocracia sino una democracia. Imperfecta, ciertamente, pero se mantiene como un sistema que en principio garantiza que cualquier persona pueda elegir o ser elegida sin ser limitada por barreras religiosas o sin ningún tipo de coerción, ya sea de carácter secular o religioso.
Los católicos estadounidenses entienden esto. Hace unos 150 años, muchas personas en esta nación dudaban que los católicos podían participar activamente en la vida pública de la nación. Pues bien, lo hemos hecho y muy bien.
¿Por cuál de los candidatos imperfectos he de votar? En última instancia, la respuesta a este interrogante se encuentra en nuestra conciencia, “el núcleo más secreto y el sagrario” de cada persona, como nos lo recuerda el Concilio Vaticano II.
En su documento “Formando la conciencia para ser ciudadanos fieles”, los obispos católicos de los Estados Unidos afirmaron con toda claridad: “La responsabilidad de tomar decisiones en la vida política recae en cada individuo a la luz de una conciencia debidamente formada”. Aquí los obispos tratan a los ciudadanos católicos como adultos.
Mi plan es votar como fiel ciudadano católico. Para ello seguiré la recomendación de los obispos de formar mi conciencia. También ejerceré mi responsabilidad personal de estudiar en detalle a los candidatos, sus acciones y sus plataformas políticas.
Oro por la sabiduría de votar de buena fe por servidores públicos que, a pesar de sus imperfecciones, con una conciencia formada yo mismo pueda considerar que son decentes, trabajadores, dedicados al bien común, que respeten la vida y la dignidad humana en todo momento, comprometidos con la verdad y la justicia, idóneos y capaces de trabajar con otras personas. Espero elegir personas que pueda presentar a mis hijos como servidores públicos que inspiran y dan buen ejemplo.

(El Dr. Hosffman Ospino es profesor de teología y educación religiosa en Boston College. Ha visitado varias veces el estado de Mississippi para dirigir talleres y ofrecer conferencias sobre inmigración, la familia y el papel de los Hispanos en la Iglesia católica de los Estados Unidos en enero y agosto de 2018.)

Nueva encíclica del papa Francisco, descrita como profunda y hermosa

Por Catholic News Service
WASHINGTON (CNS) — En su nueva encíclica, “Fratelli Tutti, sobre la fraternidad y la amistad social”, el papa Francisco recuerda a los fieles que “el plan de Dios para la humanidad tiene implicaciones para todos los aspectos de nuestras vidas”, expresó el presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos.
Estos aspectos van “desde cómo nos tratamos unos a otros en nuestras relaciones personales, hasta cómo organizamos y operamos nuestras sociedades y economías”, explicó el arzobispo José H. Gómez de Los Ángeles en un comunicado el 4 de octubre, día en que el Vaticano publicó la encíclica.

El papa Francisco firma su nueva encíclica, “Fratelli Tutti, sobre la fraternidad y la amistad social” después de celebrar la misa en la Basílica de San Francisco en Asís, Italia, el 3 de octubre de 2020. (Foto CNS/Vatican Media)

El arzobispo Gómez llamó la enseñanza del papa “profunda y hermosa” y dijo que “como ‘Laudato Si’ antes de ella, ‘Fratelli Tutti’ es una contribución importante a la rica tradición de doctrina social de la iglesia”.
“Al analizar las condiciones del mundo de hoy, el Santo Padre nos brinda una visión poderosa y urgente para la renovación moral de la política y las instituciones políticas y económicas desde el nivel local al nivel global, llamándonos a construir un futuro común que realmente sirva para el bien de la persona humana”, señaló el arzobispo Gómez.
“Para la iglesia, el papa nos está desafiando a superar el individualismo en nuestra cultura y a servir a nuestro prójimo con amor”, dijo, “viendo a Jesucristo en cada persona, y buscando una sociedad de justicia y misericordia, compasión y preocupación mutua”.
El cardenal Blase J. Cupich de Chicago expuso que “Fratelli Tutti” está “destinado a ser un documento determinante y un cuerpo de enseñanza para el pontificado del papa Francisco”. Lo llamó un documento poderoso en el que el papa “nos recuerda una vez más por qué se le considera un maestro moral prominente, en un momento extraordinariamente crítico y tenso de la historia humana”.
“El papa comienza identificando los desafíos que resultan de la fragmentación y división que aflige a la humanidad a nivel personal, nacional, e internacional”, indicó el cardenal.
“Estos incluyen la violencia y la perspectiva de guerra y disturbios civiles, el racismo, la degradación del medio ambiente, el ‘descarte’ de los pobres y vulnerables, las crisis provocadas por la migración de pueblos desesperados, economías que benefician a grupos privilegiados”, explicó el cardenal Cupich, agregando, “además de una discordancia y torpeza que marcan nuestro discurso público y comunicaciones privadas y deshabilitan las posibilidades de conexión humana real”.
El pontífice “ocupa el resto de la encíclica re imaginando una nueva y esperanzadora forma de vivir juntos, una que se establece en el amor y respeto por la dignidad de todas las personas”, declaró el cardenal Cupich.
“Esta nueva y esperanzadora visión implica una apertura e interés por aquellas personas que son diferentes, conduciendo al enriquecimiento que viene en el intercambio de regalos …, una mejor política …, y una cultura de diálogo y de amistad, “añadió el cardenal.
“La visión que describe presenta un marcado contraste con la forma predominante de hacer negocios políticos: venganza por pérdidas pasadas, el uso de la fuerza, y una visión de ganancia económica como aspecto primordial”, expuso el cardenal.
El arzobispo de Washington, Wilton D. Gregory, dijo que cree que la nueva encíclica del papa “ha llegado a nosotros precisamente en el momento adecuado”.
“El COVID-19 obviamente aún no ha terminado. Muchos han hablado de ‘una nueva normalidad’ cuando el virus haya sido abatido”, expresó en un comunicado. “Más bien creo que deberíamos hacer de esta trágica pandemia una oportunidad para pensar en ‘una nueva diferencia’ en términos de lo que valoramos, a quién valoramos, y que todos estamos juntos en esto”.
“El papa Francisco habla repetidamente de la renovación del lenguaje del ‘bien común’ y las acciones del ‘bien común'”, explicó el arzobispo Gregory.
El papa nos incita a seguir una vida compartida y a ver al ‘otro’ como hermano y hermana, como seres humanos y todos como semejantes en ‘nuestra casa común'”, añadió. “Nos invita a construir una ‘cultura de encuentro’ con orgullo de expresar que somos católicos y también cómo nos enriquece el diálogo con todas las personas de buena voluntad”.
En la Diócesis de Kalamazoo, Michigan, el obispo Paul J. Bradley el 6 de octubre aplaudió al papa por su nueva encíclica, diciendo: “En estos tiempos tumultuosos y desafiantes de gran malestar social, necesitamos abrazar las hermosas enseñanzas detalladas por el papa Francisco en ‘Fratelli Tutti'”.
“El Santo Padre apunta a la fraternidad, al diálogo, y la amistad social como el camino para construir un mundo mejor, más justo y pacífico, con un rotundo ‘no’ a la guerra y la indiferencia global”, declaró.
Si bien el papa “detalla muchas de las caídas del mundo”, incluidas la guerra, la incertidumbre económica, el cambio climático, la inmigración, los conflictos violentos, las armas nucleares, y la desigualdad, “su mensaje de esperanza es uno que resuena en mí y esperemos que nos inspire a todos”, agregó el obispo Bradley.
El obispo Bradley animó a todos los católicos a leer la encíclica y rezó para que “todos tomemos en serio estas enseñanzas, permitiendo, con renovada esperanza, que la gracia de Dios nos fortalezca para poner estas enseñanzas en práctica en nuestras vidas”.
El liderazgo de las cuatro ramas de la familia Maryknoll — las Hermanas Maryknoll, los Padres y Hermanos Maryknoll, los Misioneros Laicos Maryknoll y los Afiliados Maryknoll — emitieron un comunicado el 6 de octubre dando la bienvenida a esta “encíclica histórica sobre la paz y el diálogo que ofrece una visión de sanación al mundo de las profundas divisiones sociales y económicas en el momento de la pandemia del COVID-19”.
“Como misioneros dedicados a compartir el Evangelio a través del amor y la esperanza al servir a los más necesitados en todo el mundo, podemos dar fe de los desafíos urgentes que enfrenta el mundo”, indicaron. “Estos son desafíos que el Santo Padre dice que solo se pueden enfrentar cuando nos unimos en el amor como hermanas y hermanos, con un cuidado como el del buen samaritano”.
Agregaron: “Nuestra experiencia vivida como misioneros de Maryknoll afirma la enseñanza del papa de la parábola como una lección no solo sobre la caridad, sino también como un encuentro transformador de misericordia”.
El 8 de octubre, la Oficina Maryknoll para Asuntos Globales publicó una guía de estudio de seis páginas para “Fratelli Tutti”, que ofrece puntos clave y citas de cada capítulo de la encíclica, junto con preguntas de reflexión y dos oraciones del papa Francisco. Esta guía se puede descargar en https://maryknollogc.org.
“La visión esperanzadora de unidad global que ofrece el papa Francisco en ‘Fratelli Tutti’ es fundamental para nuestro tiempo, en el que nos enfrentamos a grandes desafíos y divisiones sociales”, expuso Susan Gunn, directora de la Oficina Maryknoll para Asuntos Globales.
“Estamos entusiasmados de compartir esta guía, que esperamos que permita a las personas y a grupos pequeños aprender las enseñanzas del papa Francisco y utilizarlas para construir paz y solidaridad en sus relaciones, la comunidad, y el mundo”, comentó.

Formando la Conciencia para ser Ciudadanos Fieles

Como nación, compartimos muchas bendiciones … la libertad religiosa y la participación política. Sin embargo, como pueblo, afrontamos serios retos que son tanto políticos como morales.
Como católicos, somos parte de una comunidad con una herencia rica.
Nosotros, los obispos, no tenemos la intención de decir a los católicos por o contra quién votar. Nuestro objetivo es ayudar a los católicos a formar sus conciencias de acuerdo con la verdad de Dios.
Una conciencia bien formada
… es la voz de Dios que resuena en el corazón humano, revelándonos la verdad, llamándonos a hacer el bien y rechazar el mal.
La Virtud de la prudencia
La doctrina de la Iglesia es clara al decir que el bien no justifica medios inmorales. Al buscar todos nosotros el avance del bien común — defendiendo la santidad inviolable de la vida humana desde el momento de la concepción hasta su muerte natural, promoviendo la libertad religiosa, defendiendo el matrimonio, alimentando al hambriento y dando techo al desamparado, dando la bienvenida al inmigrante y protegiendo el medio ambiente — es importante reconocer que no todos los proyectos de acción posibles son moralmente aceptables.
Hacer el bien y evitar el mal
Hay cosas incompatibles con el amor a Dios y al prójimo, que nunca debemos hacer ni como individuos ni como sociedad, …
La dignidad de la persona humana
La vida humana es sagrada.
Tomar decisions morales
Un católico no puede votar a favor de un candidato que toma una posición a favor de algo intrínsecamente malo, como el aborto provocado, la eutanasia, el suicidio asistido, el sometimiento deliberado de los trabajadores o los pobres a condiciones de vida infrahumanas, la redefinición del matrimonio …, o comportamientos racistas
La subsidiaridad
La persona humana no es sólo sagrada, sino también social. El desarrollo humano pleno se lleva a cabo en relación con los demás. La familia — basada en el matrimonio entre un hombre y una mujer — es la primera y fundamental unidad de la sociedad y es un santuario para la creación y crianza de los niños.
El bien común
… es promovido sólo si se protegen los derechos humanos y se cumplen las responsabilidades básicas.
La solidaridad
Amar a nuestro prójimo tiene dimensiones globales. Somos una sola familia humana, independientemente de nuestras diferencias nacionales, raciales, étnicas, económicas e ideológicas.
La promoción de la paz
Los católicos también se deben esforzar en evitar la guerra y promover la paz.

Pro-life demonstrators in Washington are seen on Capitol Hill Oct. 13, 2020, during the Senate Judiciary Committee’s confirmation hearing for President Donald Trump’s nominee for the U.S. Supreme Court, Judge Amy Coney Barrett, who currently sits on the U.S. Court of Appeals for the 7th Circuit. (CNS photo/Kevin Lamarque, Reuters)

El matrimonio y la vida familiar
La institución del matrimonio se ve socavada por la ideología del “género”, que rechaza la diferencia sexual y la complementariedad de los sexos.
La libertad religiosa
La política de los Estados Unidos debe promover la libertad religiosa con vigor, tanto en nuestro país como en el extranjero.
La opción preferencial por los pobres y la justicia económica.
Las políticas … deberían promover la creación de puestos de trabajo para todos aquellos que puedan trabajar, con condiciones laborales decentes y salarios justos … la discriminación injusta debe ser erradicada … el derecho de los trabajadores a elegir si quieren o no organizarse y la libertad económica, la iniciativa y el derecho a la propiedad privada.
La atención de la salud
La atención médica asequible y accesible es una garantía esencial de la vida humana y un derecho humano fundamental.
La migración
El mandato evangélico de “acoger al forastero” requiere que los católicos cuidemos y nos pongamos del lado de los recién llegados, autorizados y no autorizados …
La educación católica
Los padres — los primeros y más importantes educadores — tienen el derecho fundamental a elegir la educación que mejor responda a las necesidades de sus hijos.
Promover la justicia y contrarrestar la violencia
con … la responsabilidad moral, … respuestas efectivas contra el crimen, reducir la violencia en los medios de comunicación, apoyar restricciones razonables al acceso a armas cortas y de asalto y oponerse al uso de la pena de muerte son particularmente importantes a la luz de la creciente “cultura de la violencia”. Una ética de responsabilidad, rehabilitación y restauración debería ser el fundamento de una reforma de nuestro defectuoso sistema de justicia penal.
Combatir la discriminación injusta
… basada en la raza, la religión, el sexo, la etnia, la condición de incapacidad o la edad, ya que son injusticias y ataques graves a la dignidad humana.
El cuidado de nuestra casa común
… es una cuestión moral. Proteger la tierra, el agua y el aire que compartimos es un deber religioso de corresponsabilidad …

Las comunicaciones, los medios y la cultura
Para proteger a los niños y las familias, hace falta una regulación responsable que respete la libertad de expresión a la vez que también tenga en consideración las políticas que han rebajado los estándares, que han permitido material cada vez más ofensivo, y que han reducido las oportunidades de programación religiosa de carácter no comercial.
La solidaridad global
En las palabras de San Juan Pablo II, “la solidaridad es una determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común.” (Sollicitudo Rei Socialis, no. 38)

“Cuando la acción política tiene que ver con principios morales que no admiten derogaciones, excepciones o compromiso alguno, es cuando el empeño de los católicos se hace más evidente y cargado de responsabilidad. Ante estas exigencias éticas fundamentales e irrenunciables, en efecto, los creyentes deben saber que está en juego la esencia del orden moral, que concierne al bien integral de la persona. Este es el caso de las leyes civiles en materia de aborto y eutanasia … que deben tutelar el derecho primario a la vida desde de su concepción hasta su término natural.” (Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política, no. 4)

Tome Nota

Vírgenes y Santos.

Día de Todos los Santos. Fin Horario de Verano. Domingo, nov. 1
Día de los Fieles Difuntos. Lunes, nov. 2
Día de Elecciones. Martes, nov. 3
Virgen de los Treinta y Tres. Patrona de Uruguay. Domingo, nov. 8
Día de los Veteranos. Miércoles, nov. 11
Señora del Rosario de Chiquinquirá. Patrona de Colombia. Miércoles, nov. 18
Señora de la Divina Providencia. Patrona de Puerto Rico. Jueves, nov. 19
Presentación de la Santísima Virgen María. Nuestra Señora del Quinche, Patrona de Ecuador. Sábado, nov. 21
Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo. Santa Cecilia y Nuestra Señora de la Paz del Salvador. Domingo, nov. 22
Día de Acción de Gracias. Jueves, nov. 26
San Andrés. Lunes, nov. 30

Santo Rosario en Plaza pública

Por Berta Mexidor
JACKSON – Para recordar el 103 aniversario del Milagro del Sol por la Virgen de Fátima, un grupo de católicos, organizados por Diego Fernando Salazar, se reunieron en el portal y jardín de la rectoría de la Catedral de San Pedro.
El Santo Rosario logra milagros, y rezado en plazas pública es una forma de producir el acercamiento de muchas personas a la Virgen de Fátima y con ella a la fe católica. 23 mil grupos en todos los Estados Unido estuvieron juntos, personal y virtualmente para rezar juntos a la misma hora el Santo Rosario.

JACKSON – Parroquianos rezaron el Santo Rosario , Erick Turcios(guitarra) y Claudia Sorto animaron musicalmente el Rosario, el sábado, Oct. 10. (Foto cortesía de Diego Fernando Salazar)

Los participantes se reunieron, guardando distancia y usando mascarillas y muchos más se unieron en la transmisión en vivo a través de Facebook. Imágenes de la Virgen de Fátima y la Virgen de Guadalupe presidieron el rezo.
Salazar, parroquiano de la Catedral de San Pedro, Master de Administración de Negocios, graduado de Belhaven University en Mississippi, organizó el rezo del Santo rosario respondiendo a la convocatoria de la organización América Necesita a Fatima (América Needs Fatima, por su nombre en inglés). A Salazar lo acompañó un grupo de feligreses de diferentes parroquias, en medio de un día lluvioso, debido a la influencia del huracán Delta, qu recordó a todos la semejanza con el 13 de octubre de 1917, día del milagro del Sol.
Durante el rezo del Rosario, entre Misterios, y liderados por Salazar. los fieles hicieron peticiones generales y personales: por los religiosos, matrimonios y familias; enfermos, familias con difuntos recientes y por la conversión de todas las almas.

Fieles guardianes de la vida humana

Por Obispo Joseph R. Kopacz, D.D.
Durante el mes de octubre celebramos el Respeto por la Vida, una realidad que fomentamos como católicos y discípulos del Señor Jesús todos los días del año, pero con un mayor enfoque en este mes.

A principios de este mes, celebramos la vida de dos santos notables, Teresa y Francisco, y entre ellos se encuentra la conmemoración de los Ángeles de la Guarda. Sin duda, Teresa de Lisieux y Francisco de Asís mantuvieron la integridad de nuestra tradición de fe como guardianes del Evangelio y luces orientadoras para un encuentro con Jesús de Nazaret, el Señor de la historia.

Obispo Joseph R. Kopacz

Los Ángeles de la Guarda proporcionan una lente maravillosa a través de la cual podemos profundizar nuestro compromiso con la vida y el misterio de la gloria de Dios, presente en todas partes. En una ocasión en que Jesús estaba enseñando, aprovechó la oportunidad de dar la bienvenida a los niños y de revelar el ministerio de los ángeles de la guarda en el plan de salvación de Dios. “No desprecien a ninguno de estos pequeños. Pues les digo que en el cielo los ángeles de ellos están mirando siempre el rostro de mi Padre celestial.” (Mateo 18:10)

Inmediatamente antes de esta maravillosa revelación, Jesús declaró con ardor que “ si ustedes no cambian y se vuelven como niños, no entrarán en el reino de los cielos.” (Mateo 18:3) En otras palabras, nuestra visión se atrofiará, seremos incapaces de ver la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo y nuestra capacidad para abrazar y respetar la vida disminuirá. Siempre que la oscuridad eclipsa la bondad de la creación de Dios, es trágico, porque cada día debemos ser guardianes del mundo que se nos ha confiado, especialmente en nombre de la vida humana.

La iglesia sigue siendo guardiana ferviente de la vida por nacer, un compromiso que se remonta a las fuentes más antiguas de nuestra tradición católica. Es la plenitud del entendimiento de las palabras y los gestos del Señor para abrazar y acoger al pequeño porque al hacerlo vemos la gloria de Dios en el rostro de la vida del recién nacido. En nuestra oración y enseñanza, en nuestra defensa y amoroso servicio, hemos sido fieles guardianes de la vida en el útero con el más profundo respeto. Este es el fundamento de la vida y debe asentarse sobre la roca del plan de Dios, no sobre la arena de una cultura de usar y tirar.

Sobre esta base, la iglesia católica en todo el mundo, en nuestra nación y en nuestra diócesis trabaja incesantemente por una mayor justicia y decencia a lo largo de la vida y en todos los contextos sociales, nuevamente a través de la oración y la enseñanza, la defensa y el servicio amoroso. Abrazamos la comunidad, la solidaridad y el bien común. Nos esforzamos por ser fieles guardianes para asegurar que una estructura sólida de justicia y paz se asiente sobre una base firme de vida.

A lo largo de este mes destacaremos y celebraremos mucho de lo que se hace a favor de la vida, evidencia de que somos miembros de la familia de Dios. “Por eso, ustedes ya no son extranjeros, ya no están fuera de su tierra, sino que ahora comparten con el pueblo santo los mismos derechos, y son miembros de la familia de Dios. Ustedes son como un edificio levantado sobre los fundamentos que son los apóstoles y los profetas, y Jesucristo mismo es la piedra principal. En Cristo, todo el edificio va levantándose en todas y cada una de sus partes, hasta llegar a ser, en el Señor, un templo santo. En él también ustedes se unen todos entre sí para llegar a ser un templo en el cual Dios vive por medio de su Espíritu.” (Efesios 2:19-22)

Un componente clave de nuestro respeto por la vida en estos días es nuestra vigilancia constante durante la pandemia. Aunque la dispensa de la Misa dominical todavía está en vigor, el mandamiento de santificar el día del Señor nunca se dispensa. Ya sea en casa o en la iglesia, sean fieles guardianes de su fe. Sepa que nuestras iglesias mantienen el estricto protocolo de desinfección, distanciamiento y uso de máscaras. Esto también es respeto por la vida de los demás. Para terminar, los animo a permanecer santos, vigilantes y respetuosos, y a ser guardianes de todo lo sagrado y precioso, especialmente el don de la vida.


Catequistas: comisionados para recibir y compartir la fe

Por Obispo Joseph R. Kopacz, D.D.
El Domingo Catequético, evento anual en la iglesia, que establece el tema para el año de la formación de la fe, se celebró el domingo pasado. El tema de este año es de la carta de San Pablo a los Corintios: “Lo que yo recibí del Señor, les he transmitido”. De su relación personal con Jesucristo, San Pablo habla enfáticamente que recibió del Señor es tanto sobre la Eucaristía como del contenido de la fe.

Obispo Joseph R. Kopacz

Se invita a todos los bautizados a encender el fuego del don que hemos recibido, que nos ha sido transmitido a través de la formación de la fe en nuestros hogares e iglesias. Estamos agradecidos a Dios por todos los catequistas que abrazan la misión de la iglesia de formación de fe y evangelización.

El recientemente promulgado Directorio para la Catequesis declara con claridad la Gran Comisión del Señor, “de hacer discípulos en todas las naciones.” El Directorio afirma que la catequesis debe estar al servicio de la Nueva Evangelización para que cada persona tenga un acceso personal y abierto al encuentro con Jesucristo.

San Juan Pablo II enseñó con celo que “el propósito de la catequesis es la comunión con Jesucristo.” El fruto de esta comunión es una misión, una vida bien vivida al servicio del Evangelio. La catequesis requiere que acompañemos a quienes nos han sido confiados en la maduración de las actitudes de fe. “La cercanía de la iglesia a Jesús es parte de un camino común: la comunión y la misión están profundamente interconectadas”.

El Directorio para la Catequesis expone además que la Iglesia está llamada a proclamar y enseñar su verdad primaria, que es el amor de Cristo, porque la esencia del misterio de la fe cristiana es la misericordia encarnada en Jesús de Nazaret.

La catequesis puede ser una realización de la obra espiritual de la misericordia, “instruir al ignorante”. La acción catequética, en efecto, consiste en ofrecer la posibilidad de escapar de la mayor forma de ignorancia que impide a las personas conocer su propia identidad y vocación en Jesucristo. San Agustín afirma que la catequesis se convierte en “ocasión para una obra de misericordia” en cuanto satisface “con la Palabra de Dios la inteligencia de quienes tienen hambre de esta.” En virtud de nuestro bautismo, la familia y la comunidad de la iglesia, los catequistas tienen la tarea de despertar esa hambre.

La fiesta de San Mateo celebrada recientemente el 21 de septiembre ilustra esta visión para la formación en la fe. Su primer encuentro con Jesucristo fue nada menos que un hambre despertada que fue satisfecha. San Beda, El Venerable, un santo inglés del siglo VII, escribe conmovedoramente. “Jesús vio al recaudador de impuestos y porque lo vio con los ojos de la misericordia y lo eligió, dijo: ‘sígueme’.” Este seguimiento significó imitar el patrón de su vida, no solo caminar tras él. No hay razón para sorprenderse de que el recaudador de impuestos abandonara las riquezas terrenales tan pronto como el Señor se lo ordenó. Tampoco debería sorprenderse que, descuidando su riqueza, se uniera a una banda de hombres cuyo líder, según la evaluación de San Mateo, no tenía ninguna riqueza en absoluto. Por un impulso interior invisible que inundó su mente con la luz de la gracia, Jesús lo instruyó a caminar en sus caminos, siendo llamado desde las posesiones terrenales a los tesoros incorruptibles del cielo y su regalo.”

Por el catequista y el catequizado, oramos por un corazón y una mente abiertos a esos impulsos internos, impulsados por la luz de la gracia, que permitan responder a la mirada y llamada misericordiosas del Señor.

En medio de la pandemia, muchos no están experimentando la catequesis y la evangelización en las reuniones habituales de la comunidad parroquial. Este es un desafío para las familias y los programas, pero no es insuperable. La iglesia doméstica, en colaboración con el liderazgo parroquial, puede cultivar los tesoros y el contenido de nuestra fe de manera vivificante. La mirada misericordiosa de Jesucristo está presente allí donde dos o tres se reúnen en su nombre.

Por supuesto, la piedra angular del tesoro de nuestra tradición católica y el contenido de la fe es la Misa. La dispensa de la obligación de asistir a Misa en persona sigue vigente como una adaptación necesaria. Sin embargo, se anima a todas las familias e individuos a asistir a Misa si la salud lo permite, ya sea en el Día del Señor o durante la semana. Con razón, estamos atentos para mantener el virus “afuera mirando hacia adentro” por el bien de nuestra salud física. Pero aún más debemos permanecer atentos para nutrir nuestra relación con Jesucristo en permanecer fuertes espiritual y mentalmente para involucrarnos en todo lo que la vida nos depara.

Con St. Paul estamos comprometidos con la misión que él articula. “yo recibí esta tradición dejada por el Señor, y que yo a mi vez les transmití.” “Que el Dios de perseverancia y aliento les dé la buena actitud mental hacia el otro, Dios, que es quien da constancia y consuelo, los ayude a ustedes a vivir en armonía unos con otros, conforme al ejemplo de Cristo Jesús.” (Romanos 15:5)