‘Ven a ver’: Un año inesperado en Saltillo profundiza la comprensión de un sacerdote sobre la misión

Por Joanna Puddister King
FOREST – Cuando el padre Adolfo Suárez-Pasillas se enteró que un cambio en los requisitos de inmigración lo obligarían a salir de los Estados Unidos durante un año, su primera reacción fue la incertidumbre.
“Al principio le entro un poco de pánico, porque eso no estaba dentro de su plan de vida”, dijo.
El padre Suárez-Pasillas, un sacerdote de la Diócesis de Jackson originario de México, esperaba que tras cinco años en Estados Unidos pudiera obtener la residencia permanente. Por el contrario, los cambios en los requisitos de inmigración significaban que tendría que salir del país, sin ninguna garantía, al menos en su opinión, de poder regresar.
“Mi futuro era incierto”, recapituló.

SALTILLO, México – El padre Adolfo Suárez-Pasillas, a la izquierda, el obispo Joseph R. Kopacz y el padre David Martínez participan en una celebración en honor al Santo Niño de la Salud en San Miguel el 17 de octubre de 2025. El padre Suárez-Pasillas pasó un año prestando servicio en la Diócesis de Saltillo, socia misionera de larga data de la Diócesis de Jackson, después de que los requisitos de visa lo obligaran a salir temporalmente de Estados Unidos. (Foto de Tereza Ma)

Pero, como ha aprendido a hacer a lo largo de su sacerdocio, el padre Suárez-Pasillas intentó buscar la voluntad de Dios en el giro inesperado por el que pasaba.
“Siempre intento ver la voluntad de Dios en cada acontecimiento de mi vida”, dijo. “Una vez que lo acepté, estuve en paz con esta nueva realidad.”
Ese inesperado año finalmente lo llevaría a la Diócesis de Saltillo en México, un miembro misionero desde hace mucho tiempo de la Diócesis de Jackson, donde un desafío migratorio se convirtió en una oportunidad para el ministerio —y para que el padre Suárez-Pasillas experimentara de primera mano una causa que los católicos de Mississippi han apoyado durante años.
En el momento de su partida, el padre Suárez-Pasillas ejercía como párroco de la parroquia de San Miguel en Forest, la parroquia de Santa Ana en Newton y de la parroquia de San Miguel en Paulding, y como administrador del Centro Católico en Morton.
Dejar a esas comunidades fue difícil.
“Todos estábamos tristes y decepcionados”, dijo, pero le recordó a sus feligreses que debían confiar en que lo que estaba ocurriendo estaba dentro de la voluntad de Dios tanto para ellos como para él.
Las comunidades habían pasado por periodos sin párroco antes de la llegada del padre Suárez-Pasillas, dijo, y sabrían cómo mantener la vida parroquial en marcha. El obispo Joseph R. Kopacz nombró al padre Augustine Palimattam como administrador pro tempore durante la ausencia del padre Suárez-Pasillas, permitiéndole irse sabiendo que las comunidades serían atendidas.
La buena relación entre las diócesis de Jackson y Saltillo también le proporcionó al padre Suárez-Pasillas un lugar para continuar su ministerio sacerdotal durante su año fuera. Debido a que las dos diócesis ya Estaban en comunicación regular a través de su trabajo misionero, el obispo Kopacz pudo trabajar con el obispo Hilario González García de Saltillo para organizar su servicio allí.
Regresar a su México natal no significaba volver a un ministerio familiar.
El padre Suárez-Pasillas creció en México y completó parte de su formación de seminario allí, pero nunca había servido allí como sacerdote. Saltillo también era diferente a las partes de México que conocía, y gran parte de su ministerio le llevó a comunidades rurales.
Se encontró aprendiendo a ser más flexible: Teniendo que viajar a zonas remotas, entrar a los hogares de las personas y adaptarse a las necesidades pastorales y costumbres de las comunidades a las que servía.
Esa experiencia, dijo, profundizó su comprensión del sacerdocio.
“Viajar a esas comunidades remotas y entrar en las casas de las personas, apreciar su forma de vivir y sus valores, fue para mí como vivir el Evangelio”, dijo el padre Suárez-Pasillas.
Comparó la experiencia con las de Cristo caminando de un lugar a otro, predicando, sanando y encontrándose con las personas donde estaban.
La fe del pueblo también le dejó una impresión.
“En general, fue una gran experiencia”, dijo. “Siempre me ha destacado la fe de la gente y su profundo respeto por el sacerdote.”
Un sacerdote en particular dio un ejemplo que, el padre Suarez- Pasillas dijo que permanecerá con él.
El padre David Martínez, el pastor con quien sirvió, continúa un ministerio activo a pesar de los graves problemas de salud tras el COVID-19. El padre Suárez-Pasillas lo describió como un sacerdote trabajador profundamente dedicado a las comunidades que se le confiaron.
“Básicamente, está entregando su vida al ministerio”, dijo el padre Suárez-Pasillas.
A pesar de los problemas de salud y la dificultad para dormir por la noche, el padre Martínez continuó sirviendo a sus comunidades sin quejarse, dijo.
El ejemplo de su pastor, junto con la fe de las personas que el padre Suárez-Pasillas conoció, ayudó a convertir lo que comenzó como una interrupción no deseada en un capítulo formativo de su sacerdocio.
A lo largo del año, su conexión con Mississippi se mantuvo fuerte.
Los feligreses enviaron mensajes y regalos, y el apoyo continuo desde la Diócesis de Jackson lo cual le permitió no solo continuar con su ministerio en México, sino también poder ayudar a su familia.
“Les estoy agradecido porque, gracias a su apoyo, pude continuar mi ministerio en mi tierra natal”, dijo.
También sabía que su obispo y su diócesis querían que regresara a casa.
“Sentí que el obispo y la diócesis realmente querían que volviera, lo cual realmente aprecio”, dijo el padre Suárez-Pasillas.
Un año después de irse, pudo regresar a la Diócesis de Jackson —y a las mismas comunidades que tristemente había dejado atrás. Reestableció su ministerio como párroco de las parroquias de Forest, Newton y Paulding y como administrador del Centro Católico en Morton.
Su año en Saltillo también le dio al padre Suárez-Pasillas una nueva perspectiva sobre la importancia de la colaboración misionera entre ambas diócesis.
“Dijo”, Muchas comunidades misioneras no cuentan con los recursos financieros necesarios para traer sacerdotes a sus comunidades o mantener sus capillas. El apoyo de los católicos de la Diócesis de Jackson ayuda a hacer posible ese ministerio.
Para el padre Suárez-Pasillas, apoyar la misión también forma parte del llamado al discipulado.
“Esto es importante porque es el mandato del Señor: llevar la luz del Evangelio hasta los confines de la tierra”, dijo.
También, enfatizó, que la mision implica tanto a quienes van como a quienes hacen posible que puedan ir.
“Para hacer posible una misión, no solo necesitamos a los que van, sino también necesitamos a quienes la apoyan”, dijo. “Ambos son importantes, y ambos hacen sacrificios.”
El padre Suárez-Pasillas dijo que quienes apoyan la misión también reciben algo a cambio. Recordó una lección que aprendió mientras era voluntario en el Hospital St. Dominic: las personas a veces creen que son las que ayudan, cuando son aquellos a quienes sirven en realidad que les brindan la oportunidad de encontrarse y servir a Cristo.
“A menudo olvidamos que cuando ministramos a nuestros hermanos y hermanas, le estamos ministrando a Él”, dijo.
Ahora, de vuelta en Mississippi, el padre Suárez-Pasillas espera que más católicos —incluidos sus hermanos sacerdotes— tengan la oportunidad de experimentar la misión de Saltillo de primera mano.
“Lo escuchamos, pero si somos capaces de experimentarlo de primera mano, entonces se convertirá en algo real y no solo algo que escuchemos una y otra vez”, dijo.
Señala la invitación de Cristo: “Ven y mira.”
“Mira cómo el Señor vive en un lugar diferente al tuyo”, dijo el padre Suárez-Pasillas.
Mirando atrás, ve su inesperado año fuera como otra lección de algo que empezó a aprender durante sus años de seminario: Dios a veces coloca a las personas donde no elegirían ir, pero donde quizás necesiten estar.
“Al principio intentamos resistir, nos quejamos”, dijo. “Pero una vez que lo aceptemos y tratemos de vivirlo, lo disfrutaremos.”
Lo que comenzó con incertidumbre finalmente trajo al padre Suárez-Pasillas de vuelta a Mississippi con una comprensión más profunda de su sacerdocio y de una alianza misionera que, durante un año inesperado, se convirtió en su hogar.