Los obispos aprueban abrumadoramente pastoral contra el racismo

Por Mark Pattison
BALTIMORE (CNS) – Los obispos de Estados Unidos aprobaron abrumadoramente una carta pastoral contra el racismo, el 14 de noviembre durante su reunión general de otoño en Baltimore. El documento” Abrir nuestros corazones: La llamada perdurable del Amor ”( “Open Wide Our Hearts: The Enduring Call to Love”, por su nombre en inglés) se aprobó 241-3 con una abstención. Se requirió un voto de dos tercios por todos los obispos, o 183 votos, para su aprobación.
“A pesar de muchos avances prometedores en nuestro país, el feo cáncer del racismo aún afecta a nuestra nación”, dice la carta pastoral. “Los actos racistas son pecaminosos porque violan la justicia, revelan una falta de reconocimiento de la dignidad humana de las personas ofendidas, al no reconocerlos como los vecinos que Cristo nos llama a amar”, agrega. Los obispos que hablaron sobre la pastoral dieron su claro consentimiento al mensaje de la carta.
“Esta declaración es muy importante y oportuna”, dijo el Obispo John E. Stowe de Lexington, Kentucky. “Este será un documento excelente y fructífero para el debate”, dijo el obispo Barry C. Knestout, de Richmond, Virginia, en cuya diócesis se llevó a cabo la manifestación “Unite the Right” cargada de violencia el año pasado.
El obispo Robert J. Baker de Birmingham, Alabama, dijo que el mensaje de la pastoral es necesario, ya que el movimiento de derechos civiles “comenzó hace 60 años y todavía estamos trabajando para lograr sus objetivos”.
El arzobispo Joseph F. Naumann de Kansas City, dijo que estaba agradecido por la declaración de la pastoral porque “un ataque contra la dignidad de la persona humana es un ataque a la dignidad de la vida misma”.
El obispo Thomas J. Olmsted, de Phoenix, dijo que la carta será bienvenida entre los nativos americanos, los afroamericanos y para los hispanos en Arizona, que representan el 80 por ciento de todos los católicos diocesanos menores de 20 años, “…Esto es muy importante para que nuestra gente y nuestra juventud conozca la historia del racismo”, agregó.
El obispo Shelton T. Fabre, de Houma-Thibodaux, Louisiana, presidente del Comité de los obispos de Estados Unidos contra el racismo, (Ad Hoc Committee Against Racism, por su nombre en inglés), dijo que una copia electrónica de “Open Wide Our Hearts” se publicaría “de forma inmediata”, alrededor del Día de Acción de Gracias. “‘Open Wide Our Hearts’ expresa la grave preocupación de los obispos por el aumento de las actitudes racistas en la sociedad”, dijo el obispo Fabre.

Presentación a la USCCB de la causa de canonización para la hermana Thea Bowman, F.S.P.A., Ph.D. 1937-1990

Obispo Joseph R. Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
Todos compartimos la alegría de este momento presentando la causa de canonización de la hermana Thea Bowman, hermana Franciscana de la Adoración Perpetua, de Canton, Mississippi. Con una sola mente y un solo corazón, los fieles dentro y mucho más allá de la Diócesis de Jackson han pedido que se emprenda la causa de la Hna. Thea.
Me gustaría concentrar en sus últimos seis años. En 1984, la hermana Thea, hija única, sufrió la muerte de sus queridos padres, el Dr. Theon y Mary, y ese mismo año a ella le diagnosticaron cáncer. Con la presión de la mortalidad, y comprendiendo la gravedad de su enfermedad, proclamó valientemente que “viviría hasta que muriera”. De hecho, así lo hizo, viajando, evangelizando, enseñando, cantando e inspirando hasta el final.
Del mismo modo, en 1984, esta Conferencia emitió una carta pastoral sobre la evangelización: “Lo que hemos visto y oído” , una obra de amor de los obispos afroamericanos de la época. Esta carta se emitió cinco antes de la célebre presentación de la hermana Thea ante esta Conferencia, en junio de 1989, en la Universidad Seton Hall. Su testimonio, en palabras y canción, testificaron de su santidad llena de alegría, incluso mientras abrazaba la cruz de la enfermedad terminal. ¿Cuántos obispos de los hoy presentes estuvieron ese día de junio de 1989?
Los Obispos, en la carta “Lo que hemos visto y oído”, dieron las gracias a los primeros misioneros que plantaron la semilla del Evangelio en las familias y comunidades afroamericanas. En su discurso a los obispos, la hermana Thea ofreció su gratitud a los discípulos misioneros en su vida- “Los cristianos católicos llegaron a mi comunidad y nos ayudaron con la educación, nos ayudaron con el cuidado de la salud, nos ayudaron a encontrar respeto propio y a reconocer nuestras capacidades cuando el mundo nos dijo durante tanto tiempo que no éramos nada y no llegaríamos a nada. Yo quería ser parte de ese esfuerzo. Eso es cristianismo radical, eso es catolicismo radical”. A lo largo de su vida, el regalo que recibió, ella lo repartió hasta su último aliento.
“Lo que hemos visto y oído” manifestó conmovedoramente lo que el don de la reconciliación, arraigado en el sufrimiento, la liberación y la justicia, de la experiencia afroamericana podía ofrecer a la Iglesia, a la nación y al mundo. Los obispos escribieron: “Un pueblo debe salvaguardar su propia identidad cultural y sus propios valores culturales. Asimismo, debe respetar los valores culturales de los demás. Sobre esta base se puede erigir un auténtico amor cristiano, “porque los que una vez estuvieron lejos, se han acercado. Porque él es nuestra paz, el que hizo las dos cosas y derribó el muro divisorio de la enemistad, a través de su carne’-(Efesios 2, 13-14).”
Como embajadora de Jesucristo y ministro de reconciliación, la Hermana Thea ofrecio su vida, incansablemente, por esta visión del Evangelio, y es verdaderamente la esencia de su santidad. Con elocuencia bíblica declaró- “Nos unimos a la obra redentora de Cristo, cuando nos reconciliamos, cuando hacemos la paz, cuando compartimos la buena noticia de Dios presente en nuestras vidas, cuando reflexionamos con nuestros hermanos y hermanas la sanidad de Dios, el perdón de Dios, el amor incondicional de Dios”.
Este es el poder del Evangelio que se necesita con tanta urgencia en la Iglesia y en la sociedad actual.
La Iglesia abrazó a la Hna. Thea desde sus primeros años, pero hubo momentos en que se sintió profundamente como una niña sin madre. Ella desafió a los obispos a proporcionar un espacio en la mesa para la colaboración y el liderazgo de todos los hijos de Dios. Hoy, somos muy conscientes que las víctimas de abuso sexual viven en ese oscuro vacío, de personas sin hogar en el Cuerpo de Cristo, y oramos para que el testimonio de la hermana Thea sea un faro de esperanza para todas las víctimas y sus familias. Existe la urgencia de que la santidad de la hermana Thea sea una levadura en el pan de nuestra Iglesia y de nuestra sociedad.
A principios de este año, el Papa Francisco publicó la Exhortación apostólica sobre la santidad, “Guadete et Exultate”, traducida a, “Alégrate y Regocíjate”. En las palabras del Papa Francisco “El cristianismo se extiende a través de la alegría de los discípulos que saben que son amados y salvos”.
“Lo que hemos visto y oído” presentó de manera conmovedora el regalo de la alegría como algo esencial para comprender la espiritualidad afroamericana. “La alegría es ante todo celebración. Celebración es movimiento y canción, ritmo y sentimiento, color y sensación, júbilo y acción de gracias. Celebramos la presencia y la proclamación de la Palabra hecha carne. La alegría es un signo de nuestra fe y especialmente de nuestra esperanza. Nunca es un escape de la realidad “.
La hermana Thea manifestó este resplandor a lo largo de su vida, y lo vivió valientemente en sus últimos años. Si la reconciliación hacia una nueva creación para este mundo era la pasión diaria de la hermana Thea, seguramente la alegría fue el carisma que alimentó su gran alma y santidad. La hermana Thea nos exhorta. “Hijos, madres, padres, hermanas, hermanos, ¡vayan!. Hay una canción que nunca se cantará a menos que la cantes. Hay una historia que nunca se contará a menos que la cuentes. Hay un gozo que nunca se compartirá a menos que lo compartas. Ve a decirle al mundo. Ve a predicar el Evangelio. Ve y enseña la Buena Nueva. Dios Es. Dios es amor. Dios está con nosotros. Dios está en nuestras vidas.”
Hacia el final de su presentación a la Conferencia en 1989, la hermana Thea aconsejó que todos en la Iglesia estén encargados de encontrar nuevas formas de avanzar juntos. Qué momento de la Providencia para presentar y celebrar su causa en el momento en que estamos a punto de votar sobre” Abrir nuestros corazones: la llamada perdurable del amor” (“Open Wide Our Hearts: The Enduring Call to Love, por su nombre en inglés) – Una carta pastoral contra el racismo, que oramos proporcionará una antorcha adicional para nuestro camino como discípulos misioneros alegres en nuestros tiempos heridos y fracturados.
Con la sonrisa de la hermana Thea en nosotros y a través del testimonio de su espíritu intransigente y su alegre entusiasmo, proclamamos que nuestra verdadera ciudadanía está en el cielo, y estamos hablando del Reino de Dios en la tierra, un reino de Justicia, Paz y Alegría con el espíritu santo.

¡Gracias por su oración de apoyo!

Diócesis publicará informe sobre casos de abuso sexual

La Diócesis de Jackson se unirá a las diócesis católicas de esta provincia, que incluye a la Arquidiócesis de Mobile y las diócesis de Biloxi y Birmingham, en la publicación de los nombres de clérigos y religiosos que fueron retirados del ministerio debido a acusaciones creíbles de abuso de un menor. Los casos se remontan a la década de 1940. Es un esfuerzo que lleva mucho tiempo porque hay que examinar cada archivo personal del clero de las últimas ocho décadas. Este esfuerzo está en marcha y se completará lo más pronto posible.
La Diócesis de Jackson está comprometida a proteger a los niños. Una mala conducta sexual por parte del personal de la iglesia viola la dignidad humana y la misión de la iglesia. La Diócesis se compromete a garantizar que los niños que reciben servicios de la Iglesia no corran riesgo de abuso sexual por parte del personal de la Iglesia. El bienestar espiritual de todas las víctimas, sus familias y otros miembros de la comunidad es de particular interés para la iglesia.
Durante los últimos treinta años, la Diócesis de Jackson ha desarrollado e implementado un programa de ambiente seguro. La Diócesis ha publicado estándares de conducta para sus sacerdotes y diáconos, así como para empleados diocesanos, voluntarios y cualquier otro personal de la iglesia en puestos de confianza que tengan contacto regular con niños y jóvenes. A partir de 1986, la Diócesis implementó una política y un procedimiento por escrito con respecto al reporte y manejo de reclamos de conducta sexual inapropiada. La política se actualizó en 1994 con la adición de una Junta Diocesana de Revisión de Condición Física y nuevamente en 2002, para que reflejara los mandatos de la Carta de los Obispos.
La Diócesis de Jackson se compromete a proteger a nuestros niños y jóvenes de los abusos a manos del clero, los ministros religiosos y laicos, así como a equipar a los jóvenes con conocimientos, confianza y herramientas para ayudarles a reconocer y protegerse de situaciones potencialmente peligrosas en todos los ámbitos y aspectos de sus vidas. La Diócesis también está comprometida con la transparencia y la continua mejora de nuestras políticas.
Cualquier persona que haya sido víctima de abuso o explotación por parte del clero, religiosos o personal laico de la iglesia y aún no lo haya informado, que se le alienta a hacerlo. La Diócesis de Jackson no establece plazos, ni límites de tiempo para la presentación de sus denuncias.
La Coordinadora de Asistencia a las Víctimas, Valerie McClellan y el Vicario General, el Padre Kevin Slattery, están disponibles para ayudar a hacer un informe de su denuncia. El número de contacto del Coordinador de Asistencia a las Víctimas es 601 326-3728. El número de contacto del Vicario General es 601 969-2290.
Para obtener más información sobre las políticas y procedimientos diocesanos, puede visitar el sitio web www.jacksondiocese.org

Causa de Canonización para hermana Thea Bowman, F.S.P.A., Ph.D. 1937-1990

Obispo Joseph R. Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
Durante el mes de noviembre, nos encantamos con el esplendor de la Fiesta de todos los Santos y la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos. La verdadera nube de testigos (Hebreos 12,1), algunos canonizados oficialmente, la mayoría no, nos recuerdan que nuestra ciudadanía está en el cielo con Jesucristo, el camino, la verdad, la resurrección y la vida.
Desde la Fiesta de todos los Santos la visión de San Juan, en el libro de Apocalipsis, nos permite entrever la eternidad en “una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano y exclamaban con voz potente: ¡La salvación viene de nuestro Dios que está sentado en el trono, y del Cordero!” (Apocalipsis 7, 9-10)
El 13 de noviembre en Baltimore, en la reunión anual de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, presentaré formalmente la Causa para la Canonización de la hermana Thea Bowman, FSPA, Sierva de Dios, afroamericana, de la ciudad de Canton, en el seno de la Diócesis de Jackson, a quienes declaramos con fe ser una miembro de la Nube de Testigos.
Mucho se sabe de su vida, pero me gustaría iluminar sus últimos seis años. En 1984, la hermana Thea, hija única, sufrió la muerte de sus queridos padres, el Dr. Theon y Mary, y ese mismo año a ella le diagnosticaron cáncer. Con la presión de la mortalidad, y comprendiendo la gravedad de su enfermedad, proclamó valientemente que “viviría hasta que muriera”.
De hecho, así lo hizo, viajando, evangelizando, enseñando, cantando e inspirando hasta el final.
En 1984, en la escena nacional, los Obispos Católicos Negros de los Estados Unidos emitieron una Carta Pastoral sobre la Evangelización llamada “Lo que hemos visto y oído”. Esta carta fue publicada cinco años después de la publicación en 1979 de la Carta pastoral contra el racismo titulada “Hermanos y hermanas para nosotros”, de la Conferencia de Obispos de Estados Unidos.
En junio de 1989, diez años después de la primera carta contra el racismo, y cinco años después de la segunda, la hermana Thea fue invitada a hablar en la Conferencia de Obispos en la Universidad Seton Hall. Su testimonio, canción y palabras en esa ocasión encarnaron, en gran parte, lo que estaba escrito en las Cartas pastorales anteriores.
“Lo que hemos visto y oído” agradecía a los primeros misioneros que plantaron la semilla del Evangelio en las familias y comunidades afroamericanas. En su discurso a los obispos, la hermana Thea ofreció su gratitud a los discípulos misioneros en su vida cuando dijo. “Los cristianos católicos llegaron a mi comunidad y nos ayudaron con la educación, nos ayudaron con el cuidado de la salud, nos ayudaron a encontrar respeto propio y a reconocer nuestras capacidades cuando el mundo nos dijo durante tanto tiempo que no éramos nada y no llegaríamos a nada. Yo quería ser parte de ese esfuerzo. Eso es cristianismo radical, eso es catolicismo radical … Me atrajo examinar y aceptar la fe católica debido al ejemplo cotidiano de los cristianos católicos ante todo me amaron y luego compartieron conmigo su historia, sus valores, sus creencias; a quienes primero me amaron y luego me invitaron a compartir con ellos en comunidad, oración y misión. De niña, yo no reconocí el trabajo de la evangelización en mi vida. Reconocí solo amor, servicio, comunidad, oración y fe”.
“Lo que hemos visto y oído” manifestó conmovedoramente el don de la reconciliación arraigado en el sufrimiento, la liberación y la justicia, que la experiencia afroamericana podía ofrecer a la Iglesia, a la nación y al mundo. “Sin justicia, cualquier reconciliación significativa es imposible. La justicia salvaguarda los derechos y delinea las responsabilidades de todos. Un pueblo debe proteger su propia identidad cultural y sus propios valores culturales. Asimismo, deben respetar los valores culturales de los demás. Por esta razón, la reconciliación sincera se basa en el reconocimiento mutuo y el respeto mutuo. Sobre esta base se puede erigir un auténtico amor cristiano. La escritura testifica: ‘Pero ahora, unidos a Cristo Jesús por la sangre que el derramó, ustedes, que una vez estuvieron lejos, se han acercado. Porque él es nuestra paz, el que hizo las dos cosas y derribó el muro divisorio de la enemistad, a través de su carne’-(Efesios 2, 13-14).
Buscamos la justicia entonces, porque
buscamos la reconciliación, y buscamos la reconciliación porque por la sangre de Cristo somos hechos uno. El deseo de reconciliación para nosotros es el regalo más precioso, porque la reconciliación es el fruto de la liberación. Nuestra contribución a la construcción de la Iglesia en América y en el mundo es ser un agente de cambio para ambos”.
Hacia el final de su vida, la hermana Thea se hizo eco de las palabras de su hermano Obispos. “Nos unimos a la obra redentora de Cristo, cuando nos reconciliamos, cuando hacemos la paz, cuando compartimos la buena noticia de que Dios está en nuestras vidas, cuando reflexionamos a nuestros hermanos y hermanas la sanidad de Dios, el perdón de Dios, el amor incondicional de Dios”.
A principios de este año, el Papa Francisco publicó la Exhortación apostólica sobre la santidad, Guadete et Exultate, traducida, Alégrate y Regocíjate, las propias palabras de nuestro Señor desde las bienaventuranzas que ilumina sobre las exhortaciones anteriores del Santo Padre sobre la alegría del Evangelio y la alegría del amor. La hermana Thea habría pedido un Amén o dos sobre estas exhortaciones.
“Lo que hemos visto y oído” presentó elocuentemente un regalo de la alegría como algo esencial para entender la espiritualidad afroamericana que la hermana Thea vivió magnánimamente. “La alegría es lo primero de una celebración. Celebración es movimiento y canción, ritmo y sentimiento, color y sensación, júbilo y acción de gracias. Celebramos la presencia y la proclamación de la Palabra hecha carne. La alegría es un signo de nuestra fe y especialmente de nuestra esperanza. Nunca es un escape de la realidad “.
Como un discípulo misionero alegre por siempre, la hermana Thea nos exhorta ” ¡Niños, madres, padres, hermanas y hermanos, vayan! Hay una canción que nunca se cantará a menos que la canten. Hay una historia que nunca se contará a menos que la cuentes. Hay un gozo que nunca se compartirá a menos que lo demuestres. Ve a decirle al mundo. Ve y predica el Evangelio. Ve y enseña la Buena Nueva. Dios Es. Dios es amor. Dios es con nosotros. Dios está en nuestras vidas “.

Corazón de la Iglesia: palabra, adoración, comunidad, servicio

Obispo Joseph R. Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
El anuncio del Evangelio de Marcos, proclamado el domingo 9 de septiembre, de la curación del hombre que sufría de sordera, acompañada por un impedimento del habla, revela la misión del Señor Jesús y de la Iglesia. “El Verbo se hizo carne y vivió entre nosotros” (Prólogo del Evangelio de San Juan). En este milagro único, la humanidad y la divinidad de Jesús brillan. En resumen, Jesús respondió a la súplica de la multitud bulliciosa al separarse con el hombre para lograr su cura. Jesús tocó sus oídos y escupiendo, tocó su lengua y mirando al cielo, gimió y dijo: “que sean abiertos”. En ese momento el cielo y la tierra estaban en armonía y la curación física conducía a alabanzas de gratitud que no podían ser silenciadas.
Desde el principio, la misión de la Iglesia, con la mente y el corazón de Jesucristo y en el poder del Espíritu Santo, trajo su mensaje salvador a todos los que tenían oídos para escuchar. De la carta de Santiago, también de las escrituras del último fin de semana, escuchamos que las divisiones surgieron al principio en la incipiente comunidad cristiana. A los ricos se les dio un tratamiento de primera clase y los pobres se quedaron en los márgenes de la comunidad reunida. Inmediatamente, el Espíritu de Dios convenció e iluminó a los discípulos para cambiar su forma de pensar y actuar. En virtud de la sangre salvadora del Señor que une a los que están lejos y los que están cerca (Efesios), todos los bautizados tienen igual dignidad alrededor de la mesa del Señor, ricos y pobres, judíos y griegos, hombres y mujeres, esclavos y libres (Gálatas) Los primeros cristianos aprendieron rápidamente en Jerusalén, cuando recordamos los Hechos de los Apóstoles, que la orden de los diáconos se estableció por Diakonia – servicio amoroso – para satisfacer las necesidades crecientes de la comunidad de Jerusalén. La acción del Señor en la Última Cena, cuando lavó los pies de sus discípulos, fomentó la visión de los primeros cristianos quienes se cuidaban unos a otros de una manera totalmente desconocida en el Imperio Romano. En contraste con la cultura brutal del primer siglo, el cristianismo y los primeros cristianos fueron cálidos, acogedores, amables y generosos y la cultura cristiana primitiva fue profundamente personal. Extendieron el toque salvador y sanador del Señor sin costo para muchos al margen de la sociedad
La palabra, el culto, la comunidad y el servicio marcaron a estos primeros cristianos y, de hecho, se abrieron los oídos para escuchar la Palabra salvadora, las bocas se unieron en alabanza y las manos en servicio amoroso. Con el tiempo, a los diáconos se les confió la administración de los recursos materiales de la Iglesia, y el rapaz Imperio Romano pensó que podría enriquecer sus arcas confiscando la propiedad y la riqueza de los cristianos. A mediados del siglo III, el Diácono Lawrence, quien en su martirio se convirtió en el patrón de Roma, recibió la orden de entregar la riqueza de la Iglesia al gobernador. Reunió a los pobres, a los cojos, a los ciegos, a los leprosos, etc. y los exhibió ante el gobernador, anunciando que éstos eran la riqueza y la fortuna de la Iglesia. Esto no lo impresionó y martirizaron a Lawrence sobre un carbón ardiente. De maneras creativas, en diferentes momentos y escenarios mundiales, la Iglesia ha encarnado la misión de Jesucristo de tocar el mundo con la curación, la esperanza y una nueva vida en el Reino de Dios.
El viernes 7 de septiembre por la noche, Jim Caveizel hizo una aparición especial en Jackson en nombre de Caridades Católicas (Catholic Charities, por su nombre en inglés) e inspiró a todos por su profundo compromiso con el Señor y su fe católica. Comenzó su presentación con un clip de la Madre Teresa en el discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz en 1977. La piedra angular de su inspirador discurso fue que nunca habrá paz mientras el aborto haga estragos a la vida en el útero. Eso hizo que más de unos pocos en el público se sintieran incómodos en esa ocasión, pero Santa Teresa de Calcuta no se disculpó porque la dignidad de la vida está en todas las etapas. Ella capturó la imaginación de todo el mundo cuando se adentró en la suciedad y la miseria de los peores barrios de Calcuta, India. Cada día que se despertaba, trabajaba con los olvidados, con los más pobres entre los pobres, las víctimas del HIV, y los cuidaba como si fuera el mismo Jesús. A partir de esta introducción, Jim Caveizel resaltó el trabajo de Caridades Católicas como un ejemplo vivo que respira lo que significa pertenecer a Jesucristo y aceptar su misión. Escuchar y seguir el llamado del Señor, observó Caveizel, puede tener un gran costo, pero ¿de qué sirve ganar todo el mundo y perder el alma? Cuando el Señor nos toca, entendemos los versículos finales de las escrituras del último domingo de la carta de Santiago, “somos llamados a ser ricos en fe, herederos del Reino, que Dios prometió a los que lo aman”. Durante estos días de angustia por muchas víctimas de abuso sexual y sus familias, y por aquellos que aman a la Iglesia, que nuestras oraciones gimientes dirigidas al cielo y nuestras acciones de servicio amoroso abran los corazones y las mentes de todos los que sufren y reciban la curación del Señor, la esperanza y la paz.

Cristo está en el centro de la formación de la fe

+ Obispo Joseph R. Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
En temporada y fuera de temporada, el Señor nos llama a crecer en sabiduría, conocimiento y gracia, como sus discípulos. Este es el trabajo de la conversión, la formación de la fe y, en última instancia, la santidad. En un horario continuo durante esta temporada del año, nuestras Escuelas Católicas, Certificación de Formación de Fe para Adultos, programas de Educación Religiosa, R.C.I.A., preparación Sacramental, cursos de las Escrituras, Días de Formación de Fe, retiros, capacitación en Ambiente Seguro y más, continúan con gran celo y esperanza.
Nuestra visión diocesana de discípulos inspiradores, sirviendo a los demás y abrazando la diversidad se renueva una vez más. Esta manifestación externa de la actividad de la colmena se basa en un verano lleno de merecido descanso, revisión del año pasado y planificación para la nueva temporada.
El trabajo de formación en la fe es una misión de 12 meses y estoy eternamente agradecido a todos los que permanecen en el camino escuchando el llamado del Señor Jesús, el Camino, la Verdad y la Vida.
A principios de este año, el 19 de marzo, el Papa Francisco abrió una puerta para todos los que están comprometidos en la misión de evangelización y formación de fe con su Exhortación Apostólica, “Guadete et Exultate( Regocijate y sé feliz), el llamado a la santidad en el mundo moderno”. Esta exhortación inspiradora y legible comienza con los santos que nos animan y nos acompañan, y los santos de la puerta de al lado.
Por supuesto, el primer grupo es la Nube de Testigos que ya está alrededor del trono de Dios, como se describe en la carta a los hebreos y el libro del Apocalipsis, y el último se refiere a miembros de la familia, vecinos, feligreses y amigos. Una de las gemas de este documento es la sección sobre las Bienaventuranzas que es una brújula para que todos los discípulos abracen la mente y el corazón del Señor.
Nuestras Escuelas Católicas han elegido las Bienaventuranzas como centro para el enfoque de este año. Otra oportunidad de oro para el liderazgo diocesano es nuestra convocatoria de otoño, cuyo tema es “Formar discípulos intencionales”.
Sherry Weddell, autora del libro de referencia sobre los discípulos intencionales y conferencista nacional en demanda, aceptó nuestra invitación a nuestra convocatoria de tres días por nuestra visión diocesana de Inspirar a discípulos- Servir a los demás- Abrazar la diversidad. Felicitaciones a nuestro Comité de Formación Continua por este resultado excepcional.
Lo anterior es un notable paquete de formación de fe y evangelización, pero quiero reflexionar sobre lo que para todos nosotros es la fuente y la cumbre de toda formación, evangelización y santidad, la Misa.
Durante las últimas cinco semanas, la Iglesia en todo el mundo católico ha proclamado el discurso del Pan de Vida del sexto capítulo en el Evangelio de San Juan. Hoy fue el diálogo culminante entre Jesús y aquellos que estaban luchando por comprender sus impactantes palabras. “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo los resucitaré en el último día. Porque mi carne es comida real y mi sangre es bebida verdadera. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en ellos. Así como el Padre viviente me envió y yo vivo por el Padre, así también el que se alimenta de mí, vivirá por mí. Este es el pan de vida que bajó del cielo. Sus antepasados comieron el maná y murieron, pero el que se alimenta de este pan vivirá para siempre “.
La Eucaristía, Palabra y Sacramento, la presencia real de Jesucristo, el Hijo de Dios es una formación permanente para todos los discípulos. Nosotros en el mundo católico tenemos el don y el misterio de la fe eucarística, que ha sido nuestro alimento para el viaje en el camino a la vida eterna. Yo los animo a todos en la formación de la fe a que nunca se cansen de integrar plenamente a todos en la vida sacramental de la Iglesia, especialmente en la Eucaristía.
Palabra, adoración, comunidad y servicio son el paquete total de lo que significa pertenecer a Jesucristo, el Pan de Vida, el Maestro, quien nos lleva al Padre en el poder del Espíritu Santo.
A medida que la miasma de la crisis de abuso sexual envuelve a la Iglesia una vez más, no olvidemos que una de nuestras prioridades pastorales críticas es el mandato del Evangelio de perdonar, sanar y reconciliar a las comunidades.
La evangelización y la formación de la fe no son posibles sin arrepentimiento y conversión. Gracias a Dios, la Iglesia ha plantado muchas de estas semillas que han crecido y continúan floreciendo en todos nuestros ministerios.
Las víctimas de abuso sexual y sus familias son la prioridad para recibir sanación y reconciliación y nunca debemos cansarnos de restaurar la vida a través de la misericordia de Dios y la justicia al pie de la Cruz.
Gracias a todos los que diariamente fomentamos entornos seguros para nuestros niños y jóvenes y a los que acompañan a las víctimas que están en el camino de la curación y la esperanza. Nada es imposible para Dios, porque Dios es Amor.

El abusado clama al cielo por justicia

+ Obispo Joseph R. Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
A lo largo de la Iglesia Católica en los Estados Unidos muchos están agonizando por las revelaciones de los crímenes, del Cardenal Theodore McCarrick contra menores, el flagrante abuso de poder y el comportamiento sexual desenfrenado con seminaristas y otros. Dolor, ira y vergüenza están ensombreciendo a los fieles y viejas heridas se reabren. Hay muchas preguntas sin respuesta, pero por más desagradable que sea la verdad, pues solo la verdad pondrá a las víctimas, sus familias y a la Iglesia en el camino hacia la sanación, la justicia y la nueva vida. La revelación del comportamiento pecaminoso de un prelado de alto rango en la Iglesia no resta valor a todo el buen trabajo que la Iglesia Católica ha hecho para proteger a los niños y jóvenes desde 2002, pero es un retroceso horrible en los esfuerzos para restaurar la confianza.
La vasta mayoría de las diócesis católicas en Estados Unidos han trabajado muy duro durante estos 16 años para ser fieles al documento conocido como La Carta de Dallas, titulada “ Promesa de Proteger y Compromiso de Sanar” (Promise to Protect and the Pledge to Heal; por su nombre en inglés). El fomento de entornos seguros en nuestros ministerios es ahora la norma, y el apoyo firme a las víctimas de abuso sexual que luchan por la sanación y la esperanza en sus vidas, ha sido un compromiso incansable.
Los resultados son dignos de elogio; los protocolos creados por los programas para una Iglesia de ambiente seguro han reducido significativamente los abusos a menores por miembros del personal de las iglesias. De igual manera sabemos que toma entre 20 y 30 años, como promedio, para que una víctima se decida a dar un paso adelante y cuente su trágica historia. Este fue el caso de las víctimas del Cardenal McCarrick. Muchos nunca revelan su herida porque es demasiado doloroso el hacerlo. Esta es la razón por la cual difundimos repetidamente la declaración que alienta, a todas las víctimas de abuso sexual por parte del personal de la Iglesia, a presentarse sin importar cuánto tiempo haya pasado desde ocurrido el abuso. El sufrimiento no tiene estatuto de limitaciones.
El abuso sexual es un mal y un crimen que causa estragos, destrucción y desesperación, por tanto el enemigo, el maligno se regocija en esto porque el abuso está envuelto en tinieblas, mentiras y vergüenza. El abuso desata el poder del infierno sobre las víctimas y sus familias y con frecuencia se propaga de una generación a otra, a menos que el ciclo se rompa a la luz de la verdad, la curación y la reconciliación.
Al principio de mi sacerdocio, durante un período de 15 años, tuve la oportunidad de enseñar Desarrollo Humano a adolescentes en tres de nuestras escuelas primarias en la Diócesis de Scranton. El don de la sexualidad está floreciendo a esta edad, y el saber que hay personas en la Iglesia que se aprovechan de estos jóvenes, adolescentes y de los menores en cada etapa de su desarrollo es un ataque desmedido contra la dignidad humana.
En la Diócesis de Jackson nos comprometemos a fomentar ambientes seguros en nuestras Escuelas Católicas, en nuestros Programas de Educación Religiosa y en nuestros Ministerios de la Juventud para que los niños y jóvenes que nos han sido confiados puedan alcanzar el potencial dado por Dios en cada aspecto de sus vidas.
Además, serví como Director de Formación durante 14 años en nuestro Seminario Universitario en Scranton, Pensilvania y escuchar de la explotación de jóvenes que están discerniendo una vocación por aquellos en autoridad y supuestos a nutrirlos, también clama al cielo por justicia. La transparencia y el cultivo de una cultura de confianza, respeto y responsabilidad son las normas de los seminarios donde nuestros seminaristas de Jackson están formándose: Saint Ben’s (Colegio Seminario St. Joseph) en Covington, Luisiana; Notre Dame en Nueva Orleans y el Sagrado Corazón en Hales Corner, Wisconsin.
Durante los dos últimos años, como miembro de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB; por sus siglas en inglés), he estado sirviendo en el Comité para la Protección de Niños y Jóvenes. Esto me sitúa en el centro de la resolución permanente de la Iglesia de proteger y sanar, tal como se establece en La Carta de Dallas y de aplicar estos esfuerzos y mejores prácticas a nuestra propia red de Ambientes Seguros en nuestra Diócesis.
La Carta dirige la acción en los siguientes asuntos:
• Crear un ambiente seguro para niños y jóvenes;
• Sanación y reconciliación de víctimas y sobrevivientes;
• Hacer una respuesta pronta y efectiva a las acusaciones;
• Cooperar con las autoridades civiles;
• Disciplinar a los culpables;
• Proporcionar medios de rendición de cuentas para garantizar en el futuro que el problema continúe siendo tratado de manera efectiva a través de la Secretaría de Protección de Niños y Jóvenes y la Junta Nacional de Revisión.
Que el Señor Jesús, que dio la bienvenida a los niños y los abrazó en su amor, traiga la verdad que nos hará libres, la justicia que restablecerá las relaciones correctas con Dios y con los demás, la sanación y la reconciliación que son los estándares de todas las comunidades cristianas, su cuerpo, la Iglesia.

Los obispos piden libertad para servir

Obispo Joseph R. Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
Recientemente la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés) designó la semana del 22 al 29 de junio como la Semana de la Libertad Religiosa, la cual ha evolucionado a partir del surgimiento del Fortnight for Freedom (Quince días por la libertad) en 2008, precisamente en una temporada que culmina con la celebración de la fundación de nuestra nación, cada 4 de julio.
Este marco de tiempo guarda gran relevancia con el tema, tanto para nuestra sociedad al aproximarnos a la celebración anual de la libertad, como para nuestra Iglesia, pues da inicio en el día de santo Tomás Moro y san Juan Fisher, mártires por la libertad religiosa y concluye en el día de san Pedro y san Pablo, prototipos de los mártires en pro de la consciencia religiosa y de la integridad de la fe. «Pero ha sido difícil —afirma el presidente de la Comisión para la Libertad Religiosa de la USCCB, arzobispo Joseph Kurtz de Louisville — al nadar contracorriente en esta cultura. Algunas personas piensan que la libertad religiosa es una amenaza, pero la semana dedicada a la libertad religiosa gira en torno al Evangelio y tiene como propósito inspirar la cultura.” La libertad religiosa es la piedra angular de nuestra nación. La primera enmienda a la Constitución inicia con las siguientes palabras: “El Congreso no hará ley alguna respecto al establecimiento de la religión o a la prohibición de su libre ejercicio…”
Hablando en nombre de la Conferencia de Obispos Católicos, el arzobispo ha instado a los estadounidenses a orar y a “actuar apoyando la libertad religiosa dentro de esta nación y en el extranjero.” El arzobispo continuó: “La libertad religiosa permite el espacio a las personas de fe para servir a otros en el amor de Dios en ministerios tales como en la educación, adopción y tutela temporal, en la salud y en los servicios de inmigración y asilo.
Animamos a las personas de fe a reflexionar sobre la importancia de la libertad religiosa la cual hace posible que dispongamos del espacio para llevar a cabo nuestra misión de servicio y misericordia, e invitamos a todos a orar por nuestros hermanos y hermanas que enfrentan intensa persecución en otras partes del mundo.”
El tema en conmemoración de este año: “Sirviendo a otros en el amor de Dios” representa la naturaleza de la Iglesia por casi dos milenios. Comenzando con el Señor Jesús quien vino, no a ser servido sino a servir, es evidente en sí, en la Biblia y en nuestra tradición que la Iglesia es mayormente fiel a su Señor cuando lleva el manto del servicio a lo largo del camino a la salvación.
La Palabra, la alabanza, la comunidad y el servicio son los estándares de toda comunidad cristiana, y su libre ejercicio es la capacidad de correr a toda potencia, dentro de las estructuras de la Iglesia y como ciudadanos activos en la sociedad por el bien común a través de los servicios y ministerios de la Iglesia. El mandato del Señor es ir y hacer discípulos de todas las naciones, enseñándoles todo lo que les he mandado, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Mt 28). Frecuentemente, son nuestros ministerios y servicios los que atraen a las personas a la belleza, la verdad y la luz del Señor crucificado y resucitado, insuflando vida a nuestra evangelización, enseñanza y predicación.
Servir a los otros es central a nuestra visión diocesana y en ocasiones una bendición al echar una mirada larga y amorosa a lo que es real, al panorama de ministerios, trabajos y servicios que se desarrollan en diferentes ámbitos de nuestra diócesis. Esa visión está encarnada en nuestras parroquias y en la educación, en la salud y a través de Caridades Católicas. Es la generosidad de los fieles la que hace posible que esta visión se materialice, y esta abundante y generosa donación ocurre a diario, por medio de eventos destinados a recaudar fondos y a través del Service Appeal (Llamamiento al servicio) que se hace anualmente. En este sentido quiero agradecer a miles de personas a lo largo de toda la diócesis de Jackson quienes generosamente apoyan nuestro Catholic Service Appeal (Llamamiento católico anual al servicio). Este constituye un salvavidas para nuestra misión, visión y para los ministerios de las diversas estructuras diocesanas que representan a nuestra comunidad católica, así como en muchos otros rincones de nuestro estado como signo visible del amor de Cristo por todos. Puede estar seguro de que su apoyo le permite a la diócesis inspirar la cultura mediante el Evangelio, para dar lugar al Reino de Dios, y para servir a los demás en el amor de Dios. Este es el libre ejercicio de nuestra fe católica, en la temporada dedicada a la libertad religiosa o fuera de ella, en nuestras iglesias y en la sociedad. No nos cansemos nunca de ser discípulos y ciudadanos fieles en nombre de la vida, de la justicia y de la paz.
(Translated into Spanish by Mora & Iglesias, LLC, www.moraiglesias.com)

Obispo Joseph Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
A principios de este mes, los Obispos Católicos de los Estados Unidos se reunieron para la reunión anual de primavera en Fort Lauderdale para abordar un rango de realidades pastorales que actualmente afectan a la Iglesia y la sociedad de una manera u otra. Los obispos aprobaron las revisiones de la Carta para la Protección de Niños y Jóvenes, originalmente promulgada en 2002, reafirmando una vez más el compromiso de la Iglesia para proteger a nuestros niños y jóvenes, y para proporcionar sanación y reconciliación a cualquiera que se encuentre en nuestro medio que haya experimentado el flagelo de abuso sexual.
Hubo también una sincera y, a veces acalorada, discusión entre los obispos sobre el Documento de Ciudadanía Fiel que ha sido una herramienta de enseñanza en la formación de la conciencia en nuestra lucha para ser fieles discípulos católicos del Señor Jesús, así como ciudadanos comprometidos con el bien común de nuestras comunidades y nación. ¿Cuáles son los cambios necesarios en el texto para estar al tanto de los ataques actuales contra la dignidad de la persona humana, como la pobreza, el medio ambiente, la inmigración y el racismo? Esto provocó una serie de respuestas apasionadas.
Una expansión en las Directivas de Atención Médica que guían las fusiones actuales y futuras de los Sistemas de Salud Católica recibió la aprobación de los obispos, así como también desarrollos litúrgicos en el Misal Romano. Un documento en proceso durante algunos años, Encontrando a Cristo en Armonía, el cual trata sobre el rápido crecimiento de la población de católicos asiáticos y de las islas del Pacífico en los Estados Unidos, también recibió casi la aprobación unánime. Por último, el Obispo Shelton Fabre de Houma Thibodaux, Lousiana, dio una actualización sobre la carta pastoral sobre el racismo en la que los obispos votarán este año en Baltimore.
Con el telón de fondo de estos dos documentos, la Diócesis de Jackson se está preparando para formalizar la Causa por la Hermana Thea Bowman, FSPA, en noviembre de este año en la reunión anual de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. Nuestro equipo diocesano ha estado trabajado diligentemente para seguir el proceso que nos da un espacio en la agenda de la reunión en noviembre que solicitará la aprobación de los obispos por la Causa de la Hermana Thea para su canonización. Esperamos que reciba el endoso incondicional del cuerpo de obispos y esta es una perspectiva emocionante para la Diócesis de Jackson y para la Iglesia en los Estados Unidos.
La Hermana Thea es reconocida ahora oficialmente como Sierva de Dios, el primer paso en el camino hacia la canonización formal. Su voz profética, su espíritu, su corazón y mente y su herencia son muy necesarios en nuestro mundo contemporáneo, en el hogar y en el extranjero mientras luchamos por superar todo lo que nos divide. Ella era una apasionada de su herencia afroamericana, así como de la creciente diversidad cultural en nuestra sociedad. El fruto podrido del racismo, un grupo étnico o racial contra otro, está desgarrando las costuras de nuestra sociedad.
Sin duda, la Carta Pastoral sobre el Racismo que los obispos promulgarán en noviembre está encarnada en la causa de la Hermana Thea, ya que su vida y su testimonio son suscitados por muchos dentro y fuera de la Iglesia. De un artículo del sacerdote redentorista, el Padre Maurice Nutt, el vicepostulador de su causa, nos adentramos en su asombrosa historia. Conozcan a la Hermana Thea Bowman, nieta de un esclavo en el camino hacia la canonización.
“Nació el 29 de diciembre de 1937 en Yazoo City, Mississippi. Su abuelo nació esclavo y ella fue criada en la fe Metodista. Después de que su familia se mudó a Canton, MS, Bowman fue matriculada en la escuela Holy Child Jesus. Allí se sintió atraída por la fe católica y a la edad de nueve años le preguntó a sus padres si podía convertirse. Cuando cumplió 15 años, Bowman se mudó a La Crosse, Wisconsin, y se unió a las Hermanas Franciscanas de la Adoración Perpetua (FSPA), las religiosas que la inspiraron en la escuela Holy Child Jesús. Se convirtió en la primera Hermana afroamericana de esa orden”.
Su testimonio será una fuente de vida nueva para muchos a medida que su historia gane nueva tracción con la formalización de la Causa de Canonización. Los dejo con sus propias palabras que retratan su espíritu y visión. “¿Qué significa ser negro y católico? … Significa que me atraigo a mí misma, a mi ser negro. Todo lo que soy. Todo lo que tengo. Todo lo que espero llegar a ser. Traigo toda mi historia, mis tradiciones, mi experiencia, mi cultura, mi canción y baile afroamericano, y el gesto y movimiento y la enseñanza y la prédica y la curación y la responsabilidad como obsequio a la iglesia … Creo que la diferencia entre mí y algunas personas es que estoy contenta de hacer un poquito. A veces las personas piensan que tienen que hacer grandes cosas para hacer cambios, pero si cada uno enciende una vela, tendremos una luz tremenda”. Después de luchar contra el cáncer de mama, la Hermana Thea murió el 30 de marzo de 1990. Su Causa para la Canonización se inició oficialmente el 9 de febrero de 2018.

Celebrando las ordenaciones

Obispo Joseph Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
Homilia de la ordenación del Diácono Nick Adam y Deacon Aaron Williams el 31 de mayo de 2018, la Visitación
“Hijos mios ustedes van a ser ahora avanzados a la orden del presbiterado. Deben aplicar sus energías en la tarea de enseñar en el nombre de Cristo, el jefe maestro. Mediten sobre la ley de Dios: crean lo que lean, enseñen lo que creen, y pongan en práctica lo que enseñan. Dejen que la doctrina que enseñan sea alimento puro para el pueblo de Dios. De la misma manera deben llevar a cabo su misión de santificar en el poder de Cristo. En el memorial de la muerte y resurrección del Señor, hagan todos los esfuerzos posibles para morir al pecado y caminar en la vida nueva de Cristo. Cuando bauticen traerán a mujeres y hombres al pueblo de Dios. En el sacramento de la penitencia perdonarán los pecados en nombre de Cristo y de la Iglesia. Con el aceite santo aliviarán y consolarán a los enfermos. Orecer alabanza y gracias a Dios durante todo el día, orando, no sólo por el pueblo de Dios, sino por el mundo entero. Recuerden siempre el ejemplo del Buen Pastor, que no vino para ser servido, sino para servir y para buscar y rescatar a quienes estaban perdidos”.
* Desde el rito de la ordenación
Permítanos acompañar a María e Isabel mientras se encuentran la una a la otra en uno de los momentos más alegres en toda la Escritura. Las generaciones se encuentran cuando una mujer de edad bendice a las más jóvenes.
Decir que están entusiasmadas está muy lejos de la realidad. Son dos mujeres que el Espíritu Santo ha abrazado, y están en fuego por Dios. Han aceptado el plan de Dios en sus vidas y están liberadas. María está con todos aquellos que son llamados cuando están muy joven y Elizabeth con los llamados después que han pasado su juventud. Cantan hoy por todas los grandes mujeres olvidadas que han convertido a la eternidad a tiempo.
En este drama divino de salvación, pasamos a los diáconos Aaron y Nick que han aceptado la invitación del Señor Jesús a ser discípulos, amigos y sacerdotes de Jesucristo, sacerdotes de la Nueva Alianza para la Diócesis de Jackson en nuestros días. Como María, su “sí” a la llamada del Señor fue moldeada en sus familias a lo largo de muchos años, de muchas maneras ordinarias. Le agradecemos a sus familias por construir fuertes cimientos sobre los que construir. Como María e Isabel, han adaptado sus vidas con el plan de Dios para ellos, y poniendo un poco de nerviosismo aparte, proclaman la grandeza de Dios, y se regocijan en Dios su Salvador. Llamados por su nombre hemos afirmado su rotundo sí a estar aquí. Están deseoso de servir en la Iglesia para la salvación de todos. Su deseo de entrar en acción es como el caballo, Justificar, que ganó el Derby de Kentucky y el Preakness y pronto va a salir fuera de la puerta en el Belmont. El entusiasmo, la energía y el celo son los signos de una auténtica vocación, haciendo de la vida algo hermoso por Dios, como la madre Teresa solía decir.
Pero como sabemos, no siempre es 75 grados y humedad baja. A veces el índice de calor es más de 100, y sentimos el peso de nuestras responsabilidades. Nuestra primera lectura es una de las muchas que hay en las Escrituras que narra la historia del Antiguo Testamento sin ilusión. Moisés estaba al borde con los Israelitas deambulando en el insoportable calor del desierto sintiendo la enorme carga de sus responsabilidades. “¿Concebí a estas personas que me diste, o las parí? Son demasiado pesadas para mí para cargarlas”.
Una sincera oración que resuena en el corazón de cualquiera de nuestras vidas, a veces. De una manera profunda, Moisés anticipa la cruz y el poder de Dios trabajando. Las intenciones de Dios a través de la cruz y la resurrección de su Hijo es que las bendiciones son para sobrepasar las cargas, y que las cargas pueden incluso ser un trampolín para una vida mejor, que tomemos nuestras dificultades y alegrías y oremos por ellas y para nosotros, obispos y sacerdotes, que vivamos el prototipo de Moisés y los setenta ancianos en colaboración y comunión el uno con el otro y con Dios, compartiendo mutuamente los gozos y las cargas.
Para que Dios se propone, a través de la cruz y de la resurrección de su Hijo, que las bendiciones son para sobrepasar las cargas, y que las cargas pueden incluso ser un trampolín para una mayor vida útil, que nos tomamos nuestras dificultades y las alegrías de la oración, y para nosotros, Obispos y sacerdotes, que vivimos el prototipo de Moisés y los setenta ancianos en colaboración y comunión el uno con el otro y con Dios, compartiendo mutuamente los gozos y las cargas.
La segunda lectura, tomada de la carta de san Pablo a los Romanos, retrata los ritmos del Evangelio para un discípulo, incluyendo a los ministros ordenados, infundido con la gracia de Dios: un sincero amor-odio del mal-sosteniendo la buena disposición para servir con celo, no haraganes, fervientes-gozosos perseverantes con generosa hospitalidad, -bendiciéndose el uno al otro como el ejemplo de María y Elisabeth– acompañando a la gente en la alegría y en el dolor, humildes y sabios con sabiduría evangélica. Estas virtudes permiten al ordenado atender a las cosas de Cristo, tener su mente y corazón. Su cultivo nos fortalecerá en nuestras vocaciones para servir al Señor con alegría, incluso en el calor del día.
Sabemos que cada uno de los misterios del rosario: gozosos, dolorosos, gloriosos y luminosos desbordan con vida divina. En el encuentro de la Visitación con Elizabeth, María de Nazaret, Nuestra Señora de la prontitud, simboliza la Iglesia que está pronta a ir donde sea necesario, a servir y a acompañar al pueblo de Dios en nuestras familias, y con el prójimo y el extraño por igual.
María e Elizabeth bailando juntas por el nacimiento de sus hijos, ejemplifican la Iglesia la cual da reverencia a la vida y a la dignidad de la persona humana en todas sus etapas, evidente en las obras de misericordia espirituales y corporales, y en nuestro compromiso con la justicia social.
Proclamando la grandeza del Señor y regocijándose en Dios su Salvador representa la Iglesia que celebra con alegría los sagrados misterios, especialmente en la Eucaristía, la fuente de vida y resurrección del Señor, esta sagrada comida sacrificial en la que celebramos la misericordia de Dios y recibimos la fuerza para el camino en la Palabra y en el sacramento.
Con corazones llenos del amor de Dios acompañamos con alegría al diácono Aarón y al diácono Nick al ofrecer sus vidas en el Rito de la ordenación a abrazar el sacerdocio de Jesucristo.