Seamos un faro de justicia y paz

Obispo Joseph R. Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
La Palabra de Dios en Adviento se desborda con una visión de justicia y paz, esperanza y reconciliación, solidaridad y comunidad para que este tiempo sea un anticipo de la eternidad. Al comienzo de esta temporada de expectativa y preparación, el primer domingo de Adviento, proclamamos el sueño de Dios para nuestro mundo según el profeta Isaías.
El siguiente pasaje de las Sagradas Escrituras se escuchó en toda la Iglesia Católica poco después que el Papa Francisco habló, con gran emoción, en los memoriales de Nagasaki e Hiroshima, sitios de las pesadillas nucleares que marcaron la culminación de la devastación al final de la Segunda Guerra Mundial:
“Éstas son las profecías que Isaías, hijo de Amós, recibió por revelación acerca de Judá y Jerusalén: En los últimos tiempos quedará afirmado el monte donde se halla el templo del Señor. Será el monte más alto, más alto que cualquier otro monte. Todas las naciones vendrán a él; pueblos numerosos llegarán, diciendo: «Vengan, subamos al monte del Señor, al templo del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos y podamos andar por sus senderos.» Porque de Sión saldrá la enseñanza del Señor, de Jerusalén vendrá su palabra. El Señor juzgará entre las naciones y decidirá los pleitos de pueblos numerosos. Ellos convertirán sus espadas en arados y sus lanzas en hoces. Ningún pueblo volverá a tomar las armas contra otro ni a recibir instrucción para la guerra. ¡Vamos, pueblo de Jacob, caminemos a la luz del Señor!”
En estos monumentos, donde antes se abrieron las puertas del infierno, el Papa Francisco se solidarizó, una vez más, con la larga lista de profetas del Antiguo Testamento y papas de la era moderna y posmoderna, para clamar por justicia y paz con el ser humano.
San Juan XXIII escribió Pacem en Terris en 1963, menos de dos décadas después del final de la Segunda Guerra Mundial, abordando, en parte, el terrible desperdicio de recursos en la enloquecedora carrera armamentista, la bestia voraz del complejo militar-industrial, del cual el presidente Dwight D. Eisenhower advirtió en la década de 1950.
El 4 de octubre de 1965 el Papa Pablo VI, primer papa en comparecer ante las Naciones Unidas, habló de los horrores de la guerra y de la absoluta necesidad de la paz mundial. Él suplicó, con profunda emoción en su voz, “¡No más guerra! ¡Guerra, Nunca jamás!!
Dos años más tarde, escribió Populorum Progressio, el Desarrollo de los Pueblos, en el que abordó el terrible costo que el desarrollo, el despliegue y el uso de armas causaron en la familia humana, drenando los recursos necesarios para el desarrollo y matando el espíritu humano. Esta enseñanza apostólica exigía el pleno desarrollo de cada persona y de toda la persona. (n. 14)
El Papa Juan Pablo II y el Papa Benedicto vivieron directamente el infierno de la Segunda Guerra Mundial en Polonia y Alemania y a menudo hablaron con celo profético por la dignidad de la persona humana, la justicia y la paz. En el 50 aniversario de Populorum Progressio en 2017, el Papa Francisco estableció el Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, aplicando su pasión a la visión de Isaías, citada anteriormente. El Papa Francisco ama el concepto de integración y ve su necesidad urgente en todas las dimensiones de la vida. El desarrollo no puede restringirse al crecimiento material; significa integrar cuerpo y alma que encuentra su fuente en la Encarnación, el Dios-Hombre, Jesucristo. El desarrollo integral le da gloria a Dios y está en una relación con los demás. Desde lo personal a lo global, nuestro llamado es integrar a los pueblos de la tierra en armonía sostenible. La solidaridad y la subsidiariedad están en el corazón de la integración social de la economía, las finanzas, el trabajo, la cultura, la vida familiar y la religión al servicio de la red de la vida.
El Papa Francisco afirmó elocuentemente que “la vida humana es como una orquesta que suena bien si los diferentes instrumentos están acordes y siguen un puntaje compartido por todos: persona significa relación, no individualismo; afirma la inclusión, no la exclusión, la unicidad con una dignidad inviolable, en lugar de la explotación; libertad no coerción. El desarrollo humano integral es el camino del bien que la familia humana está llamada a recorrer.”
Más tarde, en noviembre de 2017, en Roma, en un simposio internacional llamado: “Perspectivas para un mundo libre de armas nucleares y para el desarrollo integral,” el Papa recordó a los participantes que el desarme integral solicitado por el Papa Juan XXIII en Pacem en Terris aún no se ha logrado. El pesimismo sombrío debe dar paso a un realismo saludable. El Papa Francisco declaró y citó la reciente declaración de las Naciones Unidas en 2015 que condena las armas nucleares como un medio ilegal de guerra, uniéndose a las filas de las armas biológicas y químicas prohibidas. Los catastróficos efectos humanitarios y ambientales serían impensables. El Santo Padre insistió en que la implacable carrera armamentista, nuclear y llamada convencional, “desvía recursos de la lucha contra la pobreza, la realización de proyectos educativos, ecológicos y de salud y el desarrollo de los derechos humanos. … No se pueden mantener las relaciones internacionales cautivas de la fuerza militar, la intimidación mutua y el desfile de arsenales. … El progreso que es efectivo e inclusivo puede lograr la utopía de un mundo libre de instrumentos mortales y de agresión, contrario a las críticas de aquellos que consideran idealista cualquier proceso de desmantelamiento.”
En el vuelo de regreso desde Japón, después de visitar Nagasaki e Hiroshima y al hablar sobre el uso de las armas nucleares, el Papa recordó a los periodistas “…Dije nuevamente que el uso de armas nucleares es inmoral; Esto debe ir al Catecismo de la Iglesia Católica. Y no solo el uso, sino también la posesión.”
Estados Unidos es la única superpotencia en este momento de la evolución de la humanidad y tenemos el potencial de ser un faro de mayor justicia y paz que puede guiar a las naciones del mundo en el camino del desarme integral. hacia el desarrollo humano integral, con el anhelo de Isaías, “¡Vamos, pueblo de Jacob, caminemos a la luz del Señor!”

Annunciation school celebrates expansion

By Katie Fenstermacher
COLUMBUS – Supporters of Annunciation school celebrated the institutions expansion on Thursday, Nov. 21 with a ribbon cutting ceremony and reception. Talks of expanding the campus have been ongoing for several years due to increasing enrollment every year. Annunciation Columbus enrollment has almost doubled in the last seven years and the school has seen a 97% increase in that time. After much discussion and research, school administration decided the best plan of action financially would be to build on the current location.


Annunciation began a capital campaign last spring to raise the $3 million needed to move forward with an expansion. The new expansion includes six new classrooms, a computer/STREAM lab, science lab, library and administrative offices. The front of the school also received a revamp. During the ceremony, representatives from each committee that worked on the expansion were present, as well as Bishop Joseph Kopacz and Catherine Cook, Superintendent, to cut the ribbon on this exciting new venture.
Principal, Joni House stated, “The construction of this new building is more than just walls and ceilings, it is the opportunity to continue our mission of higher learning in a Christ-centered environment. It gives us the opportunity to accept additional students each year and offer a more STREAM focused curriculum.”
“What an honor it is to work along so many others who have sacrificed personally and financially to provide an ever-expanding learning environment for our Annunciation Catholic School students and faculty. As we continue our school’s mission of building character, fostering community and creating lifelong learners, we can’t help but remember those sacrifices of so many in our school’s history. They formed the foundation that we have the privilege to be building on. The new opportunities that will be afforded our students and faculty is absolutely amazing, What a challenge and opportunity,“ said Father Jeffrey Waldrep, pastor of Annunciation school and church.
For more information, or to schedule a private school tour, please contact (662) 328-4479 or visit www.AnnunciationCatholicSchool.org.

In ordinary and extraordinary times

In ordinary and extraordinary periods, by God’s grace, we are to persevere in loving all that is holy, good and worthy of praise, to do justice and to walk humbly with our God.

Bishop Joseph R. Kopacz

By Bishop Joseph Kopacz
The Word of God at our Saturday evening and Sunday celebrations in late autumn and early winter challenges us with a spirit of urgency to consider our daily choices and the impact they have on our relationships with God, others and ourselves. The Lord Jesus, in last Sunday’s Gospel addressed the trauma of natural disasters and the inevitable persecutions and martyrdom that will crash in upon many of his faithful disciples. Are these the telltale signs of the end times? Not really, Jesus responds, but be assured that the Holy Spirit, the pledge of eternal life, dwells within you and “by perseverance you will save your lives.” The prophet Malachi boldly pronounces that “for those who fear the name of the Lord, there will arise the sun of justice with its healing rays.” Our sung or spoken response followed, “The Lord comes to rule the earth with justice.” Indeed! Meanwhile, Saint Paul, in harmony with the Lord’s Gospel teaching on perseverance, instructed his beloved brothers and sisters in Thessalonica, living in anticipation of the second coming, that daily life has a righteous pattern right up to the moment when the Lord comes again, or comes to take each one of you. “In fact, when we were with you, we instructed you that if anyone was unwilling to work, neither should that one eat … We hear that some are conducting themselves among you in a disorderly way, by not keeping busy but minding the business of others.” In ordinary and extraordinary periods, by God’s grace, we are to persevere in loving all that is holy, good and worthy of praise, to do justice and to walk humbly with our God.
Returning from the annual Bishops Conference in Baltimore, I mulled over the range of urgent matters that were addressed in the course of four days. My three year term on the Committee for the Protection of Children and Young People is now complete and I am grateful for having had the opportunity to serve with laity, priests and bishops from around the country who are committed to the promise to protect and the pledge to heal all who have experienced the crime and suffer through the trauma of sexual abuse as minors. Likewise, I am proud of the dedication throughout our diocese for all who embrace this just cause and remain vigilant, as our recently completed audit confirmed.
During the Conference, Bishop Robert Barron offered a clear-cut path for evangelization in our post-modern culture, an urgent matter, especially in light of the heavy attrition away from religious faith among the younger generations. What is the urgent response? His research attests that works of justice, the beauty of our liturgies and church architecture, music and art, the depth and height and breath of our intellectual tradition, and the wise and savvy engagement of social media are, individually and collectively, avenues to invite those on the margins of religious faith to encounter the crucified and risen Lord. The ultimate good, beauty and truth, after-all, is a personal relationship with the Lord Jesus, the Way, the Truth and the Life, and a life in service of God’s Kingdom. It is a way of life marked by purpose and promise, but it also invites rejection, hostility and persecution.
Bishop Barron offered this reflection through the lens of last Sunday’s Gospel from Saint Luke. “Friends, in today’s Gospel Jesus describes the world’s violent resistance to the establishment of God’s kingdom. From the earliest days until the present, the community of Jesus Christ has been the focus of the world’s violence. The old principle of “killing the messenger” applies here. The Church will announce until the end of time, that the old order is passing away, that a new world of love, nonviolence and life is emerging. This announcement always infuriates the world of sin — always. The twentieth century proved this by being the bloodiest on record and the century with the most martyrs.”
Therefore, in ordinary time we witness, through service, worship, teaching and by employing the latest in communications. In extraordinary times, we die for the faith, knowing that the blood of the martyrs, more than all other efforts of evangelization combined, will guarantee that the Church, the Body of Christ, will endure to the end of time. In the vast landscape in which the church lives and moves and has its being, both in longevity and in our manifold mission, there is potentially a home for many at the banquet of life. A personal faith that sees the urgency of a life well lived in the Lord can manifest itself in his mandate to make disciples through Word, Worship, Service and Social Justice, from the foundation of life in the womb until eternity dawns through the door of death. Along with Bishop Barron, Bishop Nauman, the Chair of the Committee on Pro-Life spoke eloquently about the commitment to create a culture of life where every unborn child can find a home. Likewise, Bishop Mark Sis and Bishop Shelton Fabre addressed the urgent necessity for just immigration reform and a nation free of the scourge of racism.
There are many forces that work to undermine perseverance in the faith, but there are many paths that lead to life. The greatest assurance for the believer is the promised Holy Spirit whose loving power endures forever. May the crucified and risen Lord grant us a season of refreshment and hope, individually, in our families, and in all of our communities of faith, a spirit of perseverance that will enable us to save our lives.

En tiempos ordinarios y extraordinarios

Obispo Joseph R. Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
La Palabra de Dios en nuestras celebraciones de sábado por la tarde y domingo a fines del otoño y principios del invierno nos retan con un espíritu de urgencia a considerar nuestras elecciones diarias y el impacto que tienen en nuestras relacione con Dios, los demás y nosotros mismos. El Señor Jesús, en el Evangelio del domingo pasado, abordó el trauma de los desastres naturales y las inevitables persecuciones y martirios que golpearían a muchos de sus fieles discípulos.
¿Son estos los signos reveladores de los últimos tiempos? En realidad, no, Jesús responde, pero tenga la seguridad de que el Espíritu Santo, la promesa de la vida eterna, habita dentro de usted y “con perseverancia salvará sus vidas”. El profeta Malaquías pronuncia audazmente que “para aquellos que temen el nombre del Señor,” surgirá el sol de la justicia con sus rayos curativos “. Nuestra respuesta cantada o hablada siguió:” El Señor viene a gobernar la tierra con justicia.“ ¡Por supuesto!
Mientras tanto, San Pablo, en armonía con las enseñanzas del Evangelio del Señor sobre la perseverancia, instruyó a sus amados hermanos y hermanas en Tesalónica, viviendo en previsión de la segunda venida, que la vida diaria tiene un patrón justo hasta el momento en que el Señor vuelva a llevarse a cada uno de ustedes. “De hecho, cuando estuvimos con usted, le indicamos que, si alguien no estaba dispuesto a trabajar, tampoco debería comer … Oímos que algunos se están comportando entre ustedes de manera desordenada, al no mantenerse ocupados sino ocuparse del negocio de otros.” En períodos ordinarios y extraordinarios, por la gracia de Dios, debemos perseverar en amar todo lo que es santo, bueno y digno de alabanza, hacer justicia y caminar humildemente con nuestro Dios.
Al regresar de la Conferencia Anual de los Obispos en Baltimore, reflexioné sobre la variedad de asuntos urgentes que se abordaron en el transcurso de cuatro días. Mi período de tres años en el Comité para la Protección de Niños y Jóvenes ha finalizado y estoy agradecido por haber tenido la oportunidad de servir con laicos, sacerdotes y obispos de todo el país que están comprometidos con la promesa de proteger y la promesa. para sanar a todos los que han experimentado el crimen y sufren el trauma del abuso sexual como menores. Del mismo modo, estoy orgulloso de la dedicación en toda nuestra diócesis para todos los que abrazan esta causa justa y permanecen atentos, como lo confirmó nuestra auditoría recientemente completada.
Durante la Conferencia, el Obispo Robert Barron ofreció un camino claro para la evangelización en nuestra cultura posmoderna, un asunto urgente, especialmente a la luz del fuerte desgaste de la fe religiosa entre las generaciones más jóvenes. ¿Cuál es la respuesta urgente? Su investigación atestigua que las obras de justicia, la belleza de nuestras liturgias, la arquitectura de la iglesia, la música y el arte, la profundidad, altura y aliento de nuestra tradición intelectual, y el compromiso sabio e inteligente de las redes sociales son, individual y colectivamente, caminos para invitar, a aquellos al margen de la fe religiosa para encontrar al Señor crucificado y resucitado. El bien, la belleza y la verdad fundamentales, después de todo, es una relación personal con el Señor Jesús, el Camino, la Verdad y la Vida, y una vida al servicio del Reino de Dios. Es una forma de vida marcada por el propósito y la promesa, pero también invita al rechazo, la hostilidad y la persecución.
El obispo Barron ofreció esta reflexión a través del lente del Evangelio del domingo pasado de San Lucas. “Amigos, en el Evangelio de hoy, Jesús describe la resistencia violenta del mundo al establecimiento del reino de Dios. Desde los primeros días hasta el presente, la comunidad de Jesucristo ha sido el foco de la violencia del mundo. El viejo principio de ‘matar al mensajero’ se aplica aquí. La Iglesia anunciará hasta el fin de los tiempos, que el viejo orden está desapareciendo, que está surgiendo un nuevo mundo de amor, no violencia y vida. Este anuncio siempre enfurece al mundo del pecado, siempre. El siglo XX lo demostró siendo el más sangriento de la historia y el siglo con más mártires.“
Por lo tanto, en el tiempo ordinario somos testigos, a través del servicio, la adoración, la enseñanza y empleando lo último en comunicaciones. En tiempos extraordinarios, morimos por la fe, sabiendo que la sangre de los mártires, más que todos los demás esfuerzos de evangelización combinados, garantizará que la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, perdure hasta el fin de los tiempos. En el vasto paisaje en el que la iglesia vive, se mueve y tiene su ser, tanto en la longevidad como en nuestra misión múltiple, hay potencialmente un hogar para muchos en el banquete de la vida. Una fe personal que ve la urgencia de una vida bien vivida en el Señor puede manifestarse en su mandato de hacer discípulos a través de la Palabra, la Adoración, el Servicio y la Justicia Social, desde la fundación de la vida en el útero hasta que la eternidad amanezca a través de la puerta de muerte.
Junto con el Obispo Barron, el Obispo Nauman, el presidente del Comité de Pro-Vida habló elocuentemente sobre el compromiso de crear una cultura de vida donde cada niño no nacido pueda encontrar un hogar. Asimismo, el obispo Mark Sis y el obispo Shelton Fabre abordaron la urgente necesidad de una reforma migratoria justa y una nación libre del flagelo del racismo.
Hay muchas fuerzas que trabajan para socavar la perseverancia en la fe, pero hay muchos caminos que conducen a la vida. La mayor seguridad para el creyente es el Espíritu Santo prometido, cuyo poder amoroso perdura para siempre. Que el Señor crucificado y resucitado nos conceda una temporada de refrigerio y esperanza, individualmente, en nuestras familias y en todas nuestras comunidades de fe, un espíritu de perseverancia que nos permitirá salvar nuestras vidas.

Guíanos “Amable Luz”

Obispo Joseph R. Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
A medida que profundizamos en el mes de Todos los Santos y Todas las Almas en nuestra fe y tradición católicas, impulsadas por la muerte y resurrección de Jesucristo, podemos apreciar “la Nube de Testigos” que han pasado el umbral hacia la vida eterna. Estos fieles discípulos son de nuestras propias familias y de la familia de la Iglesia. En el caso de este último, no necesitamos ancestry.com para desenterrar la historia; Hay un amplio testimonio en los archivos de casi 2000 años. La canonización más reciente en Roma levantó a John Henry Newman a la comunidad de los de túnica blanca que se encuentran alrededor del trono de la majestad de Dios. A mitad de la vida, “Kindly Light” condujo al cardenal John Henry Newman al redil de la Iglesia Católica, lejos de sus raíces anglicanas. ¡Es una historia notable! Su mente brillante, corazón amoroso y hambre insaciable y sed de verdad ya no podían tolerar una vida vivida en sombras e ilusiones.
“El 9 de octubre de 1845, renunció a su seguridad de por vida como profesor anglicano en Oxford y se convirtió en católico, uniéndose a las filas de los perdedores despreciados en la sociedad británica, perseguido y sujeto a hostigamiento. A pesar de sus propios prejuicios anticatólicos, un estudio honesto de las Escrituras y los primeros escritores cristianos lo convenció de que la fe católica era verdadera. Perdiendo a la mayoría de sus amigos y su seguridad, se embarcó a la edad de 45 años en un futuro incierto. Newman pudo ver mucha corrupción e incompetencia en la Iglesia Católica. De hecho, fue rechazado por muchos en la Iglesia después de su conversión. Pero a pesar de todo esto, nunca se arrepintió de ser católico, una decisión que tomó no porque admiraba a los católicos, sino porque se dio cuenta de que la Iglesia Católica es verdadera. Dependemos de Jesucristo, y de la iglesia que él estableció, en la cual viene a nosotros en palabra y sacramento, y la fe que profesa que nos lleva a casa a la Jerusalén celestial.“ (Extractos de una charla del cardenal Thomas C. Collins, arzobispo de Toronto)
Se necesitaría un esfuerzo considerable y se pensaría sondear las profundidades del legado del cardenal Newman, pero en este mes de Todos los Santos y Fieles Difuntos, es notable reflexionar en sus propias palabras sobre su conversión y el sentido permanente de la eternidad en su vida diaria. Después de recuperarse de una grave enfermedad cerca de Roma, escribió el poema El pilar de la nube, una referencia a Exodus 13: 21-22 a la nube que guiaba a los israelitas en el desierto durante el día y el pilar de fuego que los guiaba ellos en la noche Esta obra maestra es el viaje de su alma.
A medida que la segunda mitad de su vida giraba frente a cambios terrenales tan dramáticos, la relación personal del Cardenal Newman con el Señor crucificado y resucitado continuó creciendo. Su lema como obispo era Cor ad cor loquitur, o Corazón le habla al corazón. De hecho, su oración diaria y su comunión con Dios profundizaron su sentido de inmortalidad, que es el corazón del mes de Todos los Santos y Almas.
“Bajo la bendición de Dios, llegamos a vislumbrar nuestra independencia del significado de las cosas temporales y nuestra inmortalidad. Y si sucede que las desgracias nos sobrevienen como lo hacen a menudo, entonces aún más se nos lleva a comprender la nada de este mundo; entonces aprendemos aún más a desconfiar de él, y estamos destetados del amor por él, hasta que por fin simplemente flota ante nuestros ojos como un velo ocioso, que, a pesar de sus muchos matices, no puede ocultar la visión de lo que hay detrás, y comenzamos gradualmente a percibir que hay dos seres en todo el universo, nuestra propia alma y el Dios que la creó … Estas son las grandes verdades que están envueltas incluso en la mente de un niño, y que la gracia de Dios puede desarrollarse allí a pesar de la influencia del mundo externo.“
El cardenal John Henry Newman nos inspira a ver más claramente que hay un costo para el discipulado en todas las épocas, pero la “Luz amable” revela la esencia de la verdad, el amor y la paz en esta vida, con la visión de la vida eterna detrás del velo.

Lead us “Kindly Light”

The Pillar of the Cloud

The Pillar of the CloudLead, Kindly Light, amid the circling gloom. Lead thou me on!
The night is dark, and I am far from home. Lead thou me on! Keep thou my feet.
I do not ask to see the distant scene, one step enough for me.
I was not ever thus, nor prayed that Thou shouldest lead me on.
I loved to choose and see my own path, but now, Lead thou me on!
I loved the garish day, and spite of fears, pride ruled my will; remember not past years!
So long thy power hath blest me, sure it still will lead me on,
O’er moor and fen, o’er crag and torrent, until the night is gone;
And with the morn those angel faces smile which I have loved long since, and lost awhile.
Bishop Joseph R. Kopacz

By Bishop Joseph Kopacz
As we go deeper into the month of All Saints and All Souls in our Catholic faith and tradition, powered by the death and resurrection of Jesus Christ, we are able to cherish the “Cloud of Witnesses” who have passed over the threshold into eternal life. These faithful disciples are from our own families and from the family of the Church. In the case of the latter we don’t need ancestry.com to unearth the story; there is ample testimony in the archives of nearly 2000 years. The most recent canonization in Rome raised up John Henry Newman to the community of the white robed ones who stand around the throne of God’s majesty. At mid-life the “Kindly Light“ steered Cardinal John Henry Newman into the fold of the Catholic Church, away from his Anglican roots. It is a remarkable story! His brilliant mind, loving heart and insatiable hunger and thirst for Truth could no longer tolerate a life lived in shadows and illusions.
“On October 9, 1845 he gave up his lifelong security as an Anglican professor at Oxford and became a Catholic, joining the ranks of the despised losers in British society, persecuted and subject to harassment. Despite his own anti-Catholic prejudices, he was convinced by honest study of the Scriptures and the early Christian writers that the catholic faith was true. Losing most of his friends and his security he set out at the age of 45 into an uncertain future. Newman could see plenty of corruption and incompetence in the Catholic Church. In fact, he was opposed by many in the Church after his conversion. But despite all this, he never regretted becoming a Catholic, a decision which was made not because he admired Catholics, but because he realized that the Catholic Church is true. We depend upon Jesus Christ, and the church which he established, in which he comes to us in word and sacrament, and the faith which it professes which leads us home to the heavenly Jerusalem.” (Excerpts from a talk by Cardinal Thomas C. Collins, Archbishop of Toronto)
It would take considerable effort and thought to plumb the depths of Cardinal Newman’s legacy, but in this month of All Saints and Souls, it is noteworthy to reflect in his own words upon his conversion and the abiding sense of eternity in his daily life. After recovering from a serious bout of illness near Rome, he penned the poem The Pillar of the Cloud, a reference to Exodus 13: 21-22 to the cloud that guided the Israelites in the desert by day and the pillar of fire that guided them at night. This masterpiece is the journey of his soul.

Melissa Villalobos of Chicago lights a candle during a vigil in advance of the canonization of St. John Henry Newman, at the Basilica of St. Mary Major in Rome Oct. 12, 2019. Villalobos’ healing through the intercession of St. John Henry Newman was accepted as the miracle needed for the British cardinal’s canonization. (CNS photo/Paul Haring)

As the second half of his life swirled around in the face of such dramatic earthly changes, Cardinal Newman’s personal relationship with the crucified and risen Lord continued to grow. His motto as bishop was Cor ad cor loquitur, or Heart speaks to heart. Indeed his daily prayer and communion with God deepened his sense of immortality which is the heart of the month of All Saints and Souls.
“Under God’s blessing we come to have a glimpse of our independence from the meaning of things temporal and our immortality. And if it should so happen that misfortunes come upon us as they often do then still more are we led to understand the nothingness of this world; then still more we learn to distrust it, and we are weaned from the love of it, til at length it merely floats before our eyes as some idle veil, which, notwithstanding, its many tints, cannot hide the view of what is behind it, and we begin by degrees to perceive, that there are two beings in the whole universe, our own soul, and the God who made it … These are the great truths which are wrapped up indeed even in a child’s mind, and which God’s grace can unfold there in spite of the influence of the external world.”
Cardinal John Henry Newman inspires us to see more clearly that there is a cost to discipleship in every age, but the “Kindly Light” reveals the essence of truth, love and peace in this life, with the vision of eternal life behind the veil.

Guíanos “Amable Luz”

El pilar de la nube

“Guíame amable luz, entre las tinieblas que me rodean, ¡guíame! La noche es oscura y estoy lejos de casa, ¡guíame!
Cuida mis pasos; no pido ver la escena distante; un paso es suficiente para mí.
No fui siempre así, ni pedí que me guiaras; amaba elegir y ver mi camino; pero ahora ¡guíame!
Amaba el día brillante, y, a pesar de los miedos, el orgullo regía mi voluntad. ¡No recuerdes los años pasados!
Tu poder me bendijo tanto tiempo, ciertamente seguirá guiándome.
Entre páramos y pantanos, entre precipicios y correntadas, hasta que se vaya la noche, y con el alba sonreirán los rostros de los ángeles, los que yo amé hace mucho tiempo, ¡y perdí hace ya tanto!”
Obispo Joseph Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
A medida que profundizamos en el mes de Todos los Santos y Todas las Almas en nuestra fe y tradición católicas, impulsadas por la muerte y resurrección de Jesucristo, podemos apreciar “la Nube de Testigos” que han pasado el umbral hacia la vida eterna. Estos fieles discípulos son de nuestras propias familias y de la familia de la Iglesia. En el caso de este último, no necesitamos ancestry.com para desenterrar la historia; Hay un amplio testimonio en los archivos de casi 2000 años. La canonización más reciente en Roma levantó a John Henry Newman a la comunidad de los de túnica blanca que se encuentran alrededor del trono de la majestad de Dios. A mitad de la vida, “Kindly Light” condujo al cardenal John Henry Newman al redil de la Iglesia Católica, lejos de sus raíces anglicanas. ¡Es una historia notable! Su mente brillante, corazón amoroso y hambre insaciable y sed de verdad ya no podían tolerar una vida vivida en sombras e ilusiones.
“El 9 de octubre de 1845, renunció a su seguridad de por vida como profesor anglicano en Oxford y se convirtió en católico, uniéndose a las filas de los perdedores despreciados en la sociedad británica, perseguido y sujeto a hostigamiento. A pesar de sus propios prejuicios anticatólicos, un estudio honesto de las Escrituras y los primeros escritores cristianos lo convenció de que la fe católica era verdadera. Perdiendo a la mayoría de sus amigos y su seguridad, se embarcó a la edad de 45 años en un futuro incierto. Newman pudo ver mucha corrupción e incompetencia en la Iglesia Católica. De hecho, fue rechazado por muchos en la Iglesia después de su conversión. Pero a pesar de todo esto, nunca se arrepintió de ser católico, una decisión que tomó no porque admiraba a los católicos, sino porque se dio cuenta de que la Iglesia Católica es verdadera. Dependemos de Jesucristo, y de la iglesia que él estableció, en la cual viene a nosotros en palabra y sacramento, y la fe que profesa que nos lleva a casa a la Jerusalén celestial.“ (Extractos de una charla del cardenal Thomas C. Collins, arzobispo de Toronto)
Se necesitaría un esfuerzo considerable y se pensaría sondear las profundidades del legado del cardenal Newman, pero en este mes de Todos los Santos y Fieles Difuntos, es notable reflexionar en sus propias palabras sobre su conversión y el sentido permanente de la eternidad en su vida diaria. Después de recuperarse de una grave enfermedad cerca de Roma, escribió el poema El pilar de la nube, una referencia a Exodus 13: 21-22 a la nube que guiaba a los israelitas en el desierto durante el día y el pilar de fuego que los guiaba ellos en la noche Esta obra maestra es el viaje de su alma.

CIUDAD DEL VATICANO – Melissa Villalobos de Chicago enciende una vela durante una vigilia antes de la canonización de San Juan Enrique Newman, en la Basílica de Santa María la Mayor en Roma el 12 de octubre de 2019. La curación de Villalobos, a través de la intercesión de San John Henry Newman fue aceptada como el milagro necesario para la canonización del cardenal británico. (Foto del CNS/Paul Haring)

A medida que la segunda mitad de su vida giraba frente a cambios terrenales tan dramáticos, la relación personal del Cardenal Newman con el Señor crucificado y resucitado continuó creciendo. Su lema como obispo era Cor ad cor loquitur, o Corazón le habla al corazón. De hecho, su oración diaria y su comunión con Dios profundizaron su sentido de inmortalidad, que es el corazón del mes de Todos los Santos y Almas.
“Bajo la bendición de Dios, llegamos a vislumbrar nuestra independencia del significado de las cosas temporales y nuestra inmortalidad. Y si sucede que las desgracias nos sobrevienen como lo hacen a menudo, entonces aún más se nos lleva a comprender la nada de este mundo; entonces aprendemos aún más a desconfiar de él, y estamos destetados del amor por él, hasta que por fin simplemente flota ante nuestros ojos como un velo ocioso, que, a pesar de sus muchos matices, no puede ocultar la visión de lo que hay detrás, y comenzamos gradualmente a percibir que hay dos seres en todo el universo, nuestra propia alma y el Dios que la creó … Estas son las grandes verdades que están envueltas incluso en la mente de un niño, y que la gracia de Dios puede desarrollarse allí a pesar de la influencia del mundo externo.“
El cardenal John Henry Newman nos inspira a ver más claramente que hay un costo para el discipulado en todas las épocas, pero la “Luz amable” revela la esencia de la verdad, el amor y la paz en esta vida, con la visión de la vida eterna detrás del velo.

La vida: intrincada obra maestra

Obispo Joseph R. Kopacz

Por Obispo Joseph Kopacz
Las Sagradas Escrituras, proclamadas en todas las Misas del fin de semana pasado, fueron textos inspirados a principios de octubre, dedicados a la visión provida de la Iglesia para nuestro mundo. Un mundo convulsionado por la violencia, la destrucción, el abuso y el abandono. El profeta Habacuc lamenta la devastación de la comunidad humana y la de la Jerusalén del antiguo Israel y pide ayuda a Dios.
“Señor, ¿hasta cuándo gritaré pidiendo ayuda sin que tú me escuches?, ¿hasta cuándo clamaré a causa de violencia sin que vengas a librarnos?”
La respuesta de Dios al profeta no puso fin de inmediato a la violencia, ni a la amenaza inminente de devastación de parte de los Caldeos, sino que invitó a Habacuc a aumentar su fe y ensanchar sus horizontes para entender la visión de Dios para Israel. “Escribe en tablas de barro lo que te voy a mostrar, de modo que pueda leerse de corrido. Aún no ha llegado el momento de que esta visión se cumpla, pero no dejara de cumplirse. Tú espera, aunque parezca tardar, pues llegara en el momento preciso. Escribe que los malvados son orgullosos, pero los justos vivirán por su fidelidad a Dios.”
Del Evangelio de Lucas, del fin de semana pasado, escuchamos la súplica de los discípulos al Señor para aumentar su fe. Similar a la respuesta del Dios de Israel en la primera lectura, Jesús respondió: “si ustedes tuvieran fe, aunque solo fuera del tamaño de una semilla de mostaza” del tamaño de una semilla de mostaza”, podrías hacer mucho más. Podrías cambiar el paisaje de este mundo en nombre del Reino de Dios tan virulentamente como el Kudzu (planta trepadora) lo hace a su paso.
Como escuchamos en la segunda lectura de la carta de San Pablo a Timoteo, intercalada entre Habacuc y Lucas, muchos de los primeros discípulos permitieron que el Espíritu Santo aumentara su fe, don y tesoro que moran adentro a través de la fe y el bautismo. San Pablo se dirigió a ellos y a todos nosotros, cuando escribió: “pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino un espíritu de poder, de amor y de buen juicio.”
El Espíritu Santo, por supuesto, inspira la visión provida de la Iglesia Católica para nuestra nación y para nuestro mundo. El derecho a la vida de los no nacidos es la base de la totalidad de la postura inquebrantable e intrépida de la Iglesia ante el mundo. La oración firme, la fe viva y la solidaridad con los cristianos y todas las personas de buena voluntad son necesarias para fomentar la conversión, un cambio de corazón y de mente frente a una “cultura desechable,” en palabras del Papa Francisco, que incluye a los no nacidos.
Los comportamientos sexuales que tienen poco respeto por el autocontrol y el amor que perdura, y avivado por los contaminantes de la pornografía generalizada, abarata aún más el don de la sexualidad y la preciosidad de la vida en el útero. Recrear un jardín de vida, justicia y paz es desalentador para cada generación de discípulos, pero es la obra del Señor y tenemos el privilegio de fomentar la visión de Dios para este mundo.
¿Nos presiona la tentación a desanimarse y a sucumbir al cinismo y la indiferencia? ¡Por supuesto!
Volvamos a las palabras finales de Habacuc para permitirle al Señor aumentar nuestra fe y a encontrar el estímulo para soportar nuestra parte de las dificultades que conlleva el Evangelio. “Entonces me llenaré de alegría a causa del Señor mi salvador. Le alabaré, aunque no florezcan las higueras ni den fruto los viñedos y los olivares; aunque los campos no den su cosecha; aunque se acaben los rebaños de ovejas y no haya reses en los establos. Porque el Señor me da fuerzas; da a mis piernas la ligereza del ciervo y me lleva a alturas donde estaré a salvo.”
Dios nunca para de restaurar e inspirar los corazones y las mentes de los que tienen hambre de cultivar el jardín de la vida en este mundo. La visión comienza con la vida en el útero y continúa a través de las etapas de la vida de una persona. La dignidad humana perdura hasta el momento del último suspiro cuando el alma única, el aliento del Dios viviente, nace en la vida eterna.
Esta es nuestra esperanza en Jesucristo. Por lo tanto, conscientes de que nuestra ciudadanía está en el cielo y que la vida en este mundo tiene un valor eterno, podemos volver a comprometernos a trabajar en nombre de la dignidad de la persona humana mientras nosotros mismos tenemos el aliento de vida. Entre el comienzo y el final de la vida en este mundo, hay legiones de discípulos dedicados que dan su vida diariamente en nombre de la vida, la justicia y la paz.
Más adelante, en este mes dedicado a provida, podemos arrojar luz sobre los muchos caminos que conducen a la vida y a construir el Reino de Dios en este mundo que están prosperando en nuestra diócesis y más allá. La red de la vida, que abarca la visión provida, es una intrincada obra maestra que debe nutrirse en su totalidad. Paz para ti y para todos los que aprecian las Buenas Nuevas del amor de Dios en Jesucristo en este mundo.

Life: an intricate masterpiece

Bishop Joseph R. Kopacz

By Bishop Joseph Kopacz
The Sacred Scripture proclaimed at all Masses last weekend were inspired texts at the outset of the month of October which is devoted to the Church’s pro-life vision for our world. A world convulsed by violence, destruction, abuse and neglect. The prophet Habakkuk laments the devastation to the human community and to the Jerusalem of ancient Israel and pleas to God for relief. “How long, O Lord? I cry for help, but you do not listen! I cry out to you, violence, but you do not intervene.” God’s response to the prophet did not immediately end the violence, nor the impending threat of devastation from the Chaldeans, but rather invited Habakkuk to increase his faith and expand his horizons in order to understand God’s vision for Israel. “Write down the vision clearly upon the tablets, so that one can read it readily. For the vision still has its time, presses on to fulfillment, and will not disappoint; if it delays wait for it, it will surely come, it will not be late. The rash one has no integrity; but the just one because of his faith, shall live.”
From the Gospel of Luke last weekend we hear the disciples’ plea to the Lord to increase their faith. Similar to the response of Israel’s God in the first reading, Jesus replied, “if you had faith the size of a mustard seed” you could do so much more. You could change the landscape of this world on behalf of the Kingdom of God as virulently as does the Kudzu overtake all in its path. As we heard in the second reading from Saint Paul’s letter to Timothy sandwiched between Habakkuk and Luke, many early disciples did allow the Holy Spirit to enlarge their faith, the gift and treasure dwelling within through faith and baptism. Saint Paul addressed them and all of us, when he wrote, “for God did not give us a spirit of cowardice, but rather of power, and love, and self-control.
The Holy Spirit, of course, inspires the pro-life vision of the Catholic Church for our nation and for our world. The right to life of the unborn is the foundation for the totality of the Church’s unyielding and fearless pro-life posture to the world. Steadfast prayer, a living faith and solidarity with Christians and all people of good will are required to foster conversion, a change of heart and mind in the face of a “throw-a-way culture,” in the words of Pope Francis, that includes the unborn. Sexual behaviors that have little regard for self-control and love that endures, and stoked by the pollutants of pervasive pornography, further cheapens the gift of sexuality and the preciousness of life in the womb. To recreate a garden of life, justice and peace is daunting for every generation of disciples, but it is the Lord’s work and we are privileged to foster God’s vision for this world. Does the temptation to lose heart and succumb to cynicism and indifference press upon us? Of course! Let us return to the final words of Habakkuk to allow the Lord to increase our faith and to find encouragement to bear our share of the hardship that the Gospel entails. “For though the fig tree does not blossom, and no fruit appears on the vine, though the yield of the olive fails and the terraces produce no nourishment, though the flocks disappear from the field and there is no herd in the stalls, yet I will rejoice in the Lord and exult in my saving God. God, my Lord, is my strength; he makes my feet swift as those of deer and enables me to tread upon the heights.”
God never stops restoring and inspiring the hearts and minds of those who hunger to cultivate the garden of life in this world. The vision begins with life in the womb and continues across the stages of a person’s life. Human dignity endures to the moment of the final breath when the unique soul, the breath of the living God, is born into eternal life. This is our hope in Jesus Christ. Therefore, aware that our citizenship is in heaven and that life in this world has eternal value we can recommit ourselves to work on behalf of the dignity of the human person while we ourselves have the breath of life. Between the beginning and the end of life in this world there are legions of dedicated disciples who lay down their lives daily on behalf of life, justice and peace. Later in this month dedicated to pro-life, we can shine the light upon the many pathways that lead to life and build up God’s Kingdom in this world that are thriving in our diocese and beyond. The web of life that embraces the pro-life vision is an intricate masterpiece that must be nurtured in its entirety. Peace to you and to all who cherish the Good News of God’s love in Jesus Christ in this world.

Bishop calendar

Sunday, Sept. 29, 10:30 a.m. – Feast of St. Therese, Kosciusko St. Therese
Saturday, Oct. 5, 5:15 p.m. – EOHS Mass, Feast of Holy Mary Queen of Palestine, Jackson Cathedral of St. Peter
Tuesday, Oct. 8, 12 p.m. Catholic Charities Journey of Hope, Jackson Convention Center
Thursday, Oct. 17, 5 p.m. Catholic Charities Purple Dress Run, Jackson The District at Eastover

Only public events are listed on this schedule and all events are subject to change.
Please check with the local parish for further details